Un nuevo espacio de negociación política, en condiciones distintas, se inicia este sábado primero de agosto en una mesa donde se señala que todos los que están son, pero faltan
José Gregorio Yépez
La negociación que se inicia hoy viene marcada por la fuerza que posee en el escenario político nacional los Estados Unidos, después de los sucesos del 03 de enero de 2026.
La realidad política venezolana sufrió un quiebre a principios de año y eso marca las nuevas relaciones entre los actores políticos, económicos y sociales del país, que ahora deben pasar por el tamiz de quien resolvió en Venezuela, lo que Antonio Gramsci definió como “empate catastrófico”.
La imposibilidad de que los adversarios políticos venezolanos lograran un espacio de acuerdo para resolver la crisis política, que complicó la situación económica y social de la población, genero la respuesta de un “gendarme externo”, que termina imponiendo la negociación.
Así, se inicia hoy en Venezuela, una negociación que no es entre dos sectores y un mediador, sino una mesa de diálogo entre dos factores escogidos por el director y dueño del debate, que deja por fuera a muchos factores políticos importantes y a las organizaciones de la sociedad civil.
Hasta donde llegan nuestras consultas, los partidos políticos de oposición que hacen vida en la Asamblea Nacional que asumió sus curules en 2026 no fueron convocados a este encuentro.
María Corina Machado marcó distancia de este encuentro y organizaciones de la sociedad civil con incidencia demostrada en el tejido social local, tampoco fueron tomadas en cuenta para este encuentro.
Hay diversas lecturas: hay quienes desmeritan el diálogo de entrada, sin embargo, hay otros que señalan que cualquier espacio de encuentro es una oportunidad para avanzar, aunque sea por el camino más largo.
Intereses económicos
Para Mercedes Malavé, analista y dirigente política, no se trata de un diálogo que se produce con un mediador, “es un mandato de Estados Unidos que desde el 3 de enero asumió el control político y económico del país”.
Agrega que estos encuentros son parte de un menú de trámites que la Casa Blanca “como director de este proceso político y económico necesita”.
Malavé ha señalado en sus declaraciones que Estados Unidos necesita liberar activos, requiere dar garantías jurídicas a inversionistas, y “generar un Estado de derecho más acorde” a lo que debe ser el escenario en venezolano.
Se preocupa porque no hay menciones en la agenda que se ha manejado en la opinión pública a lo que denomina “urgencia económica y social” y sostiene que antes de pensar en procesos electorales se requiere “racionalizar el Estado”, lo que permitiría afrontar debates como el tema salarial.
La incompetencia que nos trajo aquí
“El origen real de esta mesa es la incompetencia que hemos demostrado la clase política venezolana para ponernos de acuerdo”.
Esta sentencia lapidaria pertenece al politólogo Ángel Medina quien señala que ciertamente se han dado varios procesos de negociación que no han llevado a nada por la imposibilidad de lograr espacios de acuerdo.
“Esta mesa existe porque se dio el 3 de enero y porque a partir de ese día hay una fuerza superior que determina muchísimas de las cosas que están sucediendo en el país”, afirma.
Medina, quien es dirigente del partido Unión y Cambio, insiste en que se ha impuesto una “irresoluble convicción de que es imposible llegar a un acuerdo con el otro”.
Con este telón de fondo se formaliza una nueva jornada de diálogo político en condiciones diametralmente distintas a cualquier otra del pasado.
