El triángulo de Ormuz

Opinión

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Rafael Gallegos.- La guerra en el Medio Oriente se complica. Trump, al igual que Putin en Ucrania, erró en sus cálculos. Pensó que acabar con el poder nuclear de Irán era cuestión de unos pocos bombardeos. Pero lo nuclear derivó en el flujo petrolero por Ormuz y, además, ese estrecho ha resultado —más que un punto en el mar— un complicado sistema de defensa integrado por proxies iraníes en toda la región. Ahora Estados Unidos lucha por abrir ese estrecho que —paradoja de paradojas— estaba abierto antes de la invasión a Irán.  

Increíble: las poderosas armas norteamericanas son insuficientes para lograr los objetivos: el desmantelamiento del poderío nuclear iraní (tal vez el único logro parcial), la finalización del régimen del ayatolá, la seguridad de Israel y el control del flujo petrolero. No han logrado convertir su inmensa superioridad tecnológica en un triunfo.

Irán ha resultado mucho más complicado que Libia, Irak, otros países árabes, y ni hablar de Venezuela (embajador iraní dixit). Sorprendió con sus recursos militares y su capacidad para la guerra asimétrica. 

Redimensionamiento

Irán lleva décadas formando grupos armados en los países vecinos para combatir indirectamente a sus enemigos. Estos grupos se han llamado proxies y son fundamentales en la guerra asimétrica que se sostiene contra EE.UU. e Israel.

Proxies importantes son, entre otros:

Hezbolá: Integrado por fracciones chiitas de Líbano y alimentado por Irán. Tiene gran influencia en las comunidades y ha ocupado cargos en el gobierno libanés. Desde el Líbano atacan a Israel y a otros países árabes y, de ser necesario, están capacitados para interrumpir el tráfico petrolero en el Mediterráneo.

Hutíes: Operan en Yemen. Integrados por chiitas de la zona y financiados por Irán. Han recibido fuertes agresiones sauditas. Hoy atacan tanqueros en el Mar Rojo y en el Estrecho de Bab el– Mandeb. Por allí salen los barcos petroleros desde el puerto del Mar Rojo de Yambú, terminal del oleoducto Petroline (ruta alterna a Ormuz para Arabia Saudita).  Luego de pasar Bab el- Mandeb, los crudos árabes se dirigen hacia los países asiáticos. Hoy, Arabia y Yemen se agreden mutuamente. Los tanqueros con crudo árabe, para evitar ataques, se dirigen hacia el Canal de Suez, para luego cruzar Gibraltar, bordear África, y llegar a los mercados de Oriente. Más tiempo y más costos.

Ormuz se ha convertido en un triángulo cuyos vértices son: el Estrecho, Los Hutíes en Yemen y Hezbolá en el Líbano.

Además, los proxies iraquíes han atacado a los sauditas, lo que ha provocado reacciones serias que hacen temer una escalada del conflicto.

Los países de la Asociación Internacional de Energía han gastado alrededor del 40% de sus reservas estratégicas. De continuar la guerra durante varios meses, les resultará muy difícil compensar la disminución de la oferta provocada por el conflicto en el Estrecho de Ormuz.

Triángulo de las Bermudas de la economía

El Triángulo de Ormuz, aunado a la disminución de las reservas estratégicas, puede convertirse en un Triángulo de las Bermudas para la economía mundial. De continuar la guerra por tiempo indefinido, además de dispararse los precios de los fletes, del petróleo, del gas y de los derivados de hidrocarburos, esto se reflejará en la inflación del transporte, de la electricidad y de los fertilizantes. A la larga puede significar, como en los setenta, estanflación.

Seguramente, los países en conflicto tenderán a llegar a acuerdos temporales. Estados Unidos ha gastado demasiado dinero, e Irán está muy minimizado.

¿Al borde de un abismo nuclear?

Debido a estos conflictos, el de Irán, el de Ucrania, y el potencial de Taiwán por parte de los chinos, los habitantes del mundo vivimos casi al límite de un estallido atómico. Ojalá se acerque la hora —como siempre han hecho los imperios— de un nuevo reparto del mundo. Aunque sin cambios de paradigma, de ética ni de moralidad por parte de los dirigentes, la paz será de gelatina. 


Cada día es más fácil producir armas nucleares. No es exagerado afirmar que, dentro de unas décadas, se podrán comprar bombas atómicas en las ferreterías.  ¿Entonces?  Es urgente remodelar el futuro… desde hoy.

P.D.: ¿Y Venezuela?

Es un lugar común afirmar que los venezolanos deberían aprovechar esta circunstancia para obtener más beneficios del petróleo y que, con esta industria petrolera dilapidada, no podemos hacerlo.

Pero hay más: el crecimiento de países petroleros en América Latina —Guyana, Surinam, Argentina, Brasil—, más los gigantes dormidos Venezuela y México, puede sumar, en el mediano plazo, cerca de 20 millones de barriles por día, convirtiendo al subcontinente en un nuevo Golfo Pérsico.  Es la gran oportunidad de integrar a América Latina mediante la energía. 

Ya es hora, sin dilación, de que Venezuela se monte en ese tren.  ¿Hasta cuándo?