El mercado como motor salarial: Hacia una superación de la falacia monetarista en Venezuela

_ Economía Especiales

Dr. Andrés Giussepe

The Daily Journal – La discusión sobre la recuperación del poder adquisitivo en Venezuela suele verse atrapada en un dogma recurrente: la premisa de que todo incremento salarial conduce inevitablemente a una espiral inflacionaria o al colapso del aparato productivo.

Desde la ortodoxia neoclásica se argumenta que el Estado o el sector privado no «tienen dinero» para pagar salarios dignos. Sin embargo, un análisis riguroso desprovisto de anteojeras ideológicas demuestra lo contrario: a nivel macroeconómico, el mercado es quien paga el aumento salarial.

​Para comprender esta dinámica, es necesario superar la visión microeconómica individual —donde el salario es percibido únicamente como un costo de producción— y adoptar un enfoque estructuralista y postkeynesiano. En la escala macroeconómica, la remuneración de los trabajadores no es un pozo sin fondo, sino el componente fundamental de la demanda efectiva.

​El circuito de la demanda efectiva

​Los trabajadores asalariados poseen una Propensión Marginal a Consumir (PMC) cercana a la unidad. Es decir, la totalidad de los ingresos recibidos por la clase trabajadora se vuelca de manera inmediata al mercado interno para la adquisición de bienes y servicios esenciales. Cuando se eleva el salario real de la población, se inyecta liquidez directamente a la base de la pirámide económica.

​¿Quién financia entonces este incremento? Las propias empresas, a través de la aceleración de sus ventas. El flujo monetario que sale de las nóminas regresa a las cajas registradoras del comercio y la industria. El mercado «paga» el salario porque la expansión del consumo de las mayorías convalide la escala de producción del sector privado.

​Capacidad ociosa y crecimiento guiado por los salarios (Wage-Led Growth)

​El argumento de que el aumento monetario genera inflación automática asume falsamente que la economía opera al 100 % de su capacidad instalada. En un contexto de profunda contracción o estancamiento, la economía venezolana registra un elevado porcentaje de capacidad ociosa.

​Al incrementarse la demanda agregada (C + I + G + XN), las empresas no necesitan subir los precios para mantener sus márgenes de ganancia; responden aumentando el uso de su infraestructura existente y produciendo más unidades. Este fenómeno activa economías de escala que diluyen los costos fijos unitarios, permitiendo absorber el impacto del incremento salarial sin trasladarlo a los precios finales.

​Asimismo, bajo el principio del acelerador de la inversión, el empresariado no invierte por la sola presencia de liquidez o tasas de interés bajas, sino cuando observa que sus inventarios se vacían. La reactivación de la demanda interna estimula la inversión productiva (I), generando un círculo virtuoso de acumulación endógena.

​Hacia una justa distribución del ingreso

​Un modelo económico sostenible requiere transitar hacia el esquema de los países con alta distribución de ingresos a favor de los trabajadores (PADI).

Históricamente, la contención salarial se utilizó como un ancla nominal fallida para frenar la inflación, lo que alteró drásticamente la distribución funcional del ingreso en favor del excedente de explotación y en detrimento del trabajo.

​Restablecer el salario no es una medida populista ni un acto de caridad estatal; es una necesidad de arquitectura macroeconómica. Es la vía para sustituir el subsidio a esquemas especulativos por un impulso real a la producción nacional.

Cuando la renta y el ingreso se distribuyen con justicia, el mercado interno se convierte en el verdadero motor del desarrollo, garantizando la viabilidad de las empresas y el bienestar multidimensional de la sociedad.