Cine Qua Non | TURBA

Cultura

Óscar Reyes Matute

—Lo recogí de una pila de libros que alguien lanzó a la acera, esperando que el camión de la basura los desapareciera. Me fascinó el nombre de la obra, Humus, y me intrigó el de la autora, Fabienne Kanor. Después comencé a soñarlo con seis mujeres, seis esclavas, y así fue como terminó montado por el Teatro Ceres. Gracias por venir, muchachos.

Estábamos en la sala Rajatabla, acompañando a Jericó Montilla en una función de Turba: Luis, Andrés Rodríguez y yo.

Nos impactó la fuerza dramática de aquellas manumisas recibiendo azotes, luchando contra los elementos, inmolándose para ser libres.

Recuerdo que el morocho Luis arqueó la ceja y dijo: «Chico, esta obra está bien buena como para hacer una película, mezcla de documental y ficción…».

Cruzamos miradas. Todos sabíamos lo que eso significaba.

En muy poco tiempo ya se estaba armando el proyecto para la modalidad Aprender Haciendo del CNAC. Recuerdo que mi productora, Yomaira Molina Landaeta, los ayudó a ensamblar la carpeta para el CNAC. La modalidad Aprender Haciendo exige que alumnos de las universidades y escuelas de cine, audiovisuales y teatro participen en el rodaje como asistentes.

Los técnicos y demás miembros de la crew primero deben dar talleres en su especialidad a estos alumnos. Algunos incluso hacen cortos empleando esas herramientas, los cuales presentan como trabajo final del taller. A mí me tocó dar el taller de guion. Los chamos, luego de ese entrenamiento, cuando van al set de rodaje, viven la experiencia de su vida.

No pude ir al rodaje en Choroní; el presupuesto era exiguo. Tengo esa deuda: una película con los Rodríguez.

La vi cuando probaron el DCP, y decidimos invitarla para el Día Nacional del Cine en el Teatro de la Ópera de Maracay, el pasado 28 de enero. Éxito atronador, standing ovation.

Esta semana fui a ver nuevamente La Odisea en el Trasnocho, y antes incluyeron el tráiler de Turba. Repasé la sucesión de pequeños giros dramáticos que se desataron desde el momento en que Jericó se detuvo a hurgar en la basura hasta el instante en que estaba viendo el tráiler en una de las salas de ese centro cultural tan querido por los caraqueños. Sonreí. En secreto, murmuré una oración de agradecimiento. La vida fue bella en ese momento.

¿Qué le espera al espectador cuando se apaguen las luces y comience la función de Turba?

Verá diversas capas narrativas, fundidas por delgadas líneas en las que se ensamblan el proceso de un grupo de actrices que montan la obra de teatro. Por conjuro visual, aparecerán las esclavas caribeñas del siglo XVIII, batallando por la supervivencia entre agua, sogas y gritos.

Esas mujeres retornarán al Edén, ilusoriamente, tal vez en una realidad paralela, y podrán caminar nuevamente por sus aguas bautismales africanas; o en Choroní, que es la misma vaina.

Las mujeres «reales», que son actrices de oficio y mitológicamente diosas afrodescendientes, también tienen una vida rutinaria feroz entre motos, camionetas, precariedad, humo, temor, pero también amor.

Conocemos la poética de los Rodríguez. Desfilan por ahí destellos de la dramaturgia visual de un Tarkovsky, de un Terrence Malick y la fotografía de un Eduard Tissé o un Gabriel Figueroa.

La intensidad de las actuaciones no da concesiones ni treguas.

Lo que van a ver es fuego, agua, fango, sangre, formaciones elementales.

El ciclo de estreno comienza la tercera semana de agosto. Allí estaremos, qué le vamos a hacer.

La próxima película de los Rodríguez, Frente al Mar, va a ser la invitada para el Día Nacional del Cine en el Teatro de la Ópera de Maracay, el 28 de enero de 2027.

¿Otra vez los Rodríguez? ¡Hasta cuándo, chico, eso es el sindicato del prestigio!

No.

El detallito insignificante es que ellos SÍ terminan las películas con los presupuestos que les otorguen (siempre precarios), y las entregan en el lapso prometido. Y, además, unas joyas visuales.

Frente al Mar ya está terminada, y se hizo bajo la modalidad de Aprender Haciendo.

¿Vieron que sí se puede?

Pero claro, la envidia es libre. Supérenlo…