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María Alejandra Cabeza Rodríguez. – El campo de juego está listo. Venezuela acaba de alinear a un equipo de estrellas mundiales en el norte de Paria. BP, XRG (Emiratos Árabes) y UCC (Qatar) firmaron la Fase II de Loran (4 TCF). Shell ya tenía la Fase I de Loran y el campo Dragón (4,2 TCF). Dragón y Loran entran al juego. Pero no hay jonrón energético sin bases.
La ventaja estratégica es clave: los campos venezolanos están a escasa distancia de Point Fortin, en Trinidad, donde se ubica Atlantic LNG, la mayor planta de exportación de GNL de América Latina. Es la ruta más rápida para enviar gas venezolano a Europa. La primera producción de Manatee se espera para 2027, y la de Dragón para el cuarto trimestre de 2027.
Primera base: los contratos. El primer hit ya llegó. Pero estos acuerdos no surgieron de una licitación pública y competitiva. Cuando el poder de decidir «quién entra y quién queda fuera» recae en manos de funcionarios, se abre la puerta al favoritismo. Sin reglas claras, no hay jonrón energético; hay foul.
Segunda base: la infraestructura. Atlantic LNG es la puerta de salida. Pero el gasoducto Dragón-CIGMA y las plantas en tierra requieren inversión. Sin segunda base, el corredor no avanza.
Tercera base: la industrialización. El gas no es solo para exportar. Es para generar electricidad, reactivar la petroquímica y construir industria. Venezuela necesita que el gas llegue a tierra, no solo que se vaya en barcos.
Jonrón energético: la visión de país. Si Venezuela llena las bases —contratos transparentes, infraestructura lista, industria activa—, podrá dar el jonrón que la lleve a la Serie Mundial del desarrollo energético.
Venezuela está en el juego. Dragón y Loran están en el plato. La pregunta es: ¿lograremos llenar las bases para dar el jonrón energético, o nos quedaremos con el juego a medio terminar?
