Román Ibarra.- En el contexto de las negociaciones entre el gobierno interino tutelado y la oposición vinculada a la AN-2015, por decisión de la administración Trump, esta semana concluyó la primera ronda de discusiones, con acuerdos importantes, aunque no todos satisfactorios, a nuestro criterio.
La liberación de todos los presos políticos debe tener la misma importancia que la atención a las víctimas del terremoto. Aunque no todos fueron liberados, algunos sí lo han sido para la tranquilidad familiar. Reiteramos el llamado a que todos sean liberados, sin excepción.
Sobre las víctimas del terremoto, resulta inadecuado que las partes solo hayan acordado dirigirse al Reino Unido para recuperar el oro retenido, sin ocuparse también de recuperar los miles de millones desaparecidos en Pdvsa, donde Tarek El Aissami y su grupo, según las denuncias, dilapidaron 23.000 millones de dólares de los venezolanos, cuyo destino se desconoce. Es uno de los muchos casos de corrupción por investigar.
También se acordó fortalecer la democracia, la justicia y el sistema electoral. Reformar la Ley Orgánica del TSJ es fundamental y debe tener como premisa incorporar magistrados probos, altamente calificados profesional y moralmente, para garantizar la idoneidad del Alto Tribunal, sin el poder abusivo de la era Chávez-Maduro.
En materia electoral, aún no se conocen detalles sobre la designación de sus nuevos integrantes. Será necesaria una selección profesional, independiente y desvinculada de los partidos, además de depurar el Registro Electoral y fijar un cronograma. Ojalá sea para 2027, ante la urgencia de legitimar el gobierno.
Falta mucho por avanzar, pero esta mesa, a diferencia de las anteriores, ha mostrado mayor efectividad. Suponemos que la supervisión del gobierno de Trump tiene que ver con ello.
Sigue siendo preocupante el desconocimiento del destino de los más de 13.000 millones de dólares obtenidos de la venta de petróleo tras la salida de Maduro del poder. Es un contrasentido generar esa riqueza mientras el país enfrenta una grave situación social y económica.
No es verdad que la gente esté feliz y bailando en las calles. Al contrario, existe desesperación ante la destrucción de los servicios esenciales y la pérdida del poder adquisitivo de trabajadores, pensionados y jubilados, sin que se ofrezca una solución, total o siquiera parcial.
También persiste una profunda preocupación por la falta de seguridad policial y la presencia de colectivos paramilitares en los sectores populares. Resulta paradójica la simultaneidad de ambos fenómenos. Muchos se preguntan si existe alguna inteligencia o algún acuerdo. Tarea pendiente.
Seguimos auspiciando que en la mesa haya representación de la líder más importante de la oposición, María Corina Machado, ya sea personalmente o a través de personas designadas por ella. La negociación no está completa sin ellos. Hacemos un llamado a la mesa para que extienda la invitación.
Todo proceso transicional es difícil y exige reciprocidad y concesiones en aras de la reconciliación, aunque hoy el término resulte desagradable. Sin ello, será cuesta arriba alcanzar una democracia plena.
Chile, con Aylwin; Sudáfrica, con Mandela; Polonia, con Walesa, y Nicaragua, con Chamorro, lo hicieron en medio de dictaduras feroces, segregación y desencuentros terribles. En todos prevaleció la voluntad de entenderse en busca de un fin mayor: construir el bien común mediante la democracia.
Dos cosas más que lamentar. Por una parte, la torpeza de Delcy Rodríguez al celebrar el centenario del nacimiento de una figura tan lamentable y perniciosa como el eterno dictador cubano, en medio de su papel como encargada del gobierno interino, lo que provocó un regaño inmediato del Secretario de Estado norteamericano.
Por otra parte, las declaraciones misóginas de un personaje políticamente fracasado que, para hacerse el gracioso, tergiversó deliberadamente el resultado de una encuesta, mintió descaradamente e intentó humillar a la líder opositora, María Corina Machado, con infundios. Él y el minicombo que lo acompañaba están detrás del “rescate” del chavismo originario, pero de la peor manera posible. Por fortuna, la periodista Milagros Socorro lo demolió en su artículo de esta semana.
La política debe regresar a la sana disputa. Debe volver a la discusión de ideas y no a la difusión del insulto y la procacidad en boca de inmorales.
