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Víctor Julio Flores Rojas.- El mercado bursátil global se define, por excelencia, a través de dos grandes pilares de activos financieros: las acciones (renta variable) y los bonos (renta fija). Estos instrumentos constituyen la base del financiamiento y la inversión a nivel mundial, acompañados de vehículos de gestión colectiva —como los fondos cotizados en bolsa (ETF) y los fondos de inversión— y de derivados financieros.
Estos mercados operan con una base tanto de inversionistas minoristas (personas naturales) como de inversionistas institucionales (cajas de ahorro, fideicomisos, fondos de pensión, entre otros). El peso de los minoristas varía significativamente en América Latina según la madurez del mercado, los niveles de bancarización y la cultura financiera de cada país.
El peso del inversionista minoritario
La Securities Industry and Financial Markets Association (SIFMA) ubica entre un 18% y un 20% la participación de los minoristas (en renta variable) en el volumen diario negociado en la Bolsa de Nueva York y en Nasdaq. En el caso de la Bolsa de Valores de Caracas (BVC), la participación del segmento minorista durante el período 2024-2026 se situó entre el 16% y el 17%, una proporción bastante cercana a la registrada en las plazas estadounidenses.
Los pequeños inversionistas desempeñan un rol fundamental en la formación de precios mediante la interacción constante entre sus órdenes de compra y de venta. Aunque en Venezuela y en el resto de Latinoamérica su peso en la fijación general de precios suele ser más limitado, desempeñan una función crítica en la liquidez de empresas de pequeña y mediana capitalización, inyectando dinamismo a su cotización y convirtiéndose en el principal formador de precios de este nicho.
Ser accionista: Más que un gráfico, una relación societaria
Comprar acciones es una estrategia clave para construir patrimonio a largo plazo. Al adquirir una acción, el inversionista no está simplemente comprando un gráfico en una pantalla o un número en un reporte de negociación: se convierte en copropietario y socio de un negocio real. Esta condición le otorga facultades amparadas por la ley y los estatutos sociales, clasificadas principalmente en derechos económicos y políticos, bajo la máxima autoridad de la empresa: la Asamblea de Accionistas, encargada de elegir a los administradores de la compañía.
Por tanto, en Venezuela, al comprar acciones de empresas como Banco Nacional de Crédito, Banco Provincial, Mercantil Servicios Financieros, Cerámica Carabobo, Banco Caribe, Arca Inmuebles y Valores, Pivca, Fondo Petrolia, Montesco, Rendivalores F.M.I., Multiplicas Promotora de Inversiones y Valores, CANTV, C.A. Ron Santa Teresa, Invaca y Banco de Venezuela —por nombrar algunas de ellas—, el inversionista pasa a tener una relación societaria directa con la organización.
Asimismo, la propia Bolsa de Valores de Caracas forma parte de un grupo reducido de bolsas de la región que cotizan públicamente sus acciones. En nuestro país, la entrada en vigencia de la Ley de Mercado de Valores en 2015 permitió realizar la oferta pública de las acciones de la institución a inicios de 2017, bajo el símbolo BVCC. Nueve años después, la BVC cuenta con más de 12.000 accionistas. Todos ellos gozan de iguales derechos proporcionales y de participación en:
• Dividendos y en el haber social.
• Suscripción preferente en aumentos de capital.
• Derecho a voz y voto en las asambleas.
• Derecho a designar a los miembros de la Junta Directiva y fijar su remuneración.
• Acceso a la información financiera, a la memoria anual y a las decisiones relevantes de la alta dirección.
Particularmente para mí, todos son elementos que he buscado siempre que el inversionista ejerza y defienda la esencia de la responsabilidad y la transparencia.
Convertirse en socio también implica asumir responsabilidades concretas, sobre todo consigo mismo. Como indiqué anteriormente, el primer interesado en mantenerse informado es el propio inversionista.
Asimismo, debe quedar claro que existe la posibilidad de incurrir en pérdidas si el desempeño de la empresa resulta desfavorable. Toda ganancia generada por la venta de títulos o por el cobro de dividendos debe declararse y tributarse conforme a la normativa fiscal vigente. Finalmente, y de forma tajante, se debe evitar el uso de información privilegiada para obtener ventajas en el mercado.
En conclusión, el acceso democratizado a la bolsa representa una valiosa oportunidad para la planificación financiera personal. No obstante, la clave radica en conocer a fondo qué se compra, asumir los deberes normativos y entender que ser dueño de una fracción de una empresa implica tanto beneficios como responsabilidades y riesgos.
Víctor Julio Flores Rojas, Expresidente de la Bolsa de Valores de Caracas, Corredor Público de Valores, Asesor de Inversiones.