Los sismos le arrebataron 33 integrantes de su comunidad. Según el recuento de la organización, 73 de sus centros educativos presentan daños en la infraestructura. Lejos de echarse a llorar por lo perdido, Fe y Alegría sigue buscando la manera de continuar
Vanessa Davies
Cuando la profesora Gioconda Laurens corrió a la ferretería más cercana a la Escuela Técnica de Fe y Alegría La Rinconada para buscar ayuda, lo hizo animada por la idea de que no podía dejar que el colegio que dirige se viniera abajo tras los terremotos del 24 de junio. El ferretero le entregó los puntales “fiados”, y esos 22 elementos han sostenido la edificación mientras Laurens busca soluciones para volver a clases presenciales en septiembre.
Fe y Alegría ha sufrido la furia de los sismos, como la han experimentado los estados más golpeados. En su lista de hechos que lamentar se cuentan 33 miembros de su comunidad fallecidos: 30 estudiantes de la Unidad Educativa Simón Bolívar de Caraballeda; un estudiante del centro Hermana Elvira Fuentes, un estudiante del Instituto Universitario Jesús Obrero y un docente. También hay que sumar 73 centros educativos con daños en la infraestructura; 31 centros priorizados que necesitan intervención inmediata además de sus casi 19.000 estudiantes, y poco más de mil estudiantes y trabajadores con viviendas afectadas.
Padrinos para seguir
Pese al dolor de haber perdido 30 alumnas y alumnos, el director del plantel de Caraballeda, Leonardo Suárez, trata de seguir adelante. La escuela participa en el proyecto Escuelas Abiertas que desarrolla Fe y Alegría en esta temporada vacacional (cinco semanas de acompañamiento) y Suárez busca apoyo para las obras que debe acometer.
«Tenemos dos paredes que colapsaron y hay que terminar de demolerlas: la de la cancha y la de la perimetral del cementerio de Caraballeda. También tenemos tres paredes que quedaron sentidas y que deben ser demolidas porque generan un riesgo: la de la entrada principal, la del antiguo preescolar y la del salón de telemática», enumeró el docente.
Para más de 100 estudiantes el profesor busca madrinas y padrinos que los sostengan. La inversión por niña o niño, cada año escolar, no llegaría a 500 dólares.
Antímano: en una escuela hermana
Uno de los 31 centros priorizados es la Unidad Educativa Prisco Villasmil de Fe y Alegría en Antímano, que alberga a más de 600 estudiantes. Dos de sus módulos fueron evaluados con etiqueta roja, y los otros dos módulos, con etiqueta amarilla. La directora, la profesora Betty García, espera que el ingeniero patólogo les dé un dictamen. Mientras tanto, García se organiza para que las actividades docentes se desarrollen en un plantel hermano en Antímano.
«La educación de los pobres no debe ser una pobre educación», aseguró el padre José María Vélaz, creador de Fe y Alegría. Los terremotos, lejos de borrar esta frase, parece que la subrayaron para quienes siguen los ideales que Vélaz multiplicó.
