Otmaro Figueroa.- Venezuela y Canadá compiten en el mercado del crudo pesado que demanda EE.UU.: Canadá, ya consolidado con su logística por tuberías, y Venezuela, retomando espacio mediante mezclas inteligentes, almacenamiento y modernización de la infraestructura.
Estados Unidos importa cerca de 8 millones de barriles diarios de crudo y de productos derivados del crudo. La mitad llega desde Canadá, impulsada por una logística estable y oleoductos como Keystone XL (tubería desde Canadá a EE.UU.), que permiten mover crudo de forma continua hacia las refinerías del Golfo.
Canadá no solo transporta, sino que también mezcla. Su bitumen se convierte en dilbit, una combinación de crudo extrapesado con un diluyente que fluye por tuberías sin depender de procesos de alto CAPEX (inversión en activos). Venezuela, por su parte, busca recuperar la producción y volver al mercado del crudo pesado.
Pero el enfoque moderno ya no gira en torno a los mejoradores tradicionales. Estas plantas, además de requerir un alto CAPEX y un mantenimiento complejo, han perdido protagonismo frente a soluciones más flexibles y económicas. La tendencia global es clara: mezclas inteligentes. Cuando un crudo pesado, viscoso y difícil de mover se mezcla con uno liviano, la mezcla se vuelve más fluida. Es como combinar un fluido espeso con algo ligero: fluye con menor resistencia al transporte y se adapta a la mayoría de las refinerías del Golfo de México.
Las refinerías en Venezuela pueden, «si se optimizan», producir cortes livianos que permitan crear mezclas para los pesados y hacerlos más competitivos. Además, existe la opción de negociar con Guyana, cuyo crudo liviano puede complementar el crudo pesado venezolano para generar blends más atractivos para la exportación. Pero para que las mezclas funcionen, se necesita algo fundamental: almacenamiento e infraestructura operativa. Tanques, patios de almacenamiento e infraestructura portuaria permiten estabilizar, mezclar y drenar parte del agua del fondo, así como despachar crudos y productos. La mayoría de estos tanques se diseñan según las normas americanas API 650, lo que garantiza la seguridad y la capacidad para manejar grandes volúmenes.
Depender de operaciones ship-to-ship (carga de barco a barco) aumenta los costos y los riesgos. Son maniobras útiles, pero no sustituyen la eficiencia de terminales modernas con tanques confiables y muelles operativos; la espera de barcos fondeados para cargar no conviene a nadie: cada día de demora puede costar entre USD 25.000 y USD 60.000 en cargos por estadía del buque, según su tamaño.
En Venezuela, actualizar el almacenamiento y la infraestructura no es solo mantenimiento. Es una estrategia energética. Porque un país que puede almacenar, mezclar y despachar con eficiencia puede competir. Y un país que puede ser competitivo evoluciona.
