25 años del 11-S: Miradas sobre un día que aún no termina

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The Daily Journal.- 25 años después de los atentados que derribaron las Torres Gemelas, golpearon el Pentágono y dejaron 2.977 muertos, el 11 de septiembre de 2001 ya no es solamente un acontecimiento histórico. También es una disputa sobre la memoria, la política, la seguridad, las guerras, las libertades civiles y las consecuencias humanas que continúan apareciendo.

La cobertura internacional del 25.º aniversario muestra precisamente esa transformación. Los medios no cuentan una única historia sobre el 11-S. Algunos lo presentan como el punto de quiebre que modificó para siempre los viajes, la seguridad, las guerras y las relaciones internacionales. Otros cuestionan la idea de un legado político lineal y destacan, en cambio, la división y el desgaste producido por las guerras posteriores.

Y hay una tercera lectura que atraviesa buena parte de la cobertura: el 11-S no terminó aquel día. Continúa en las enfermedades de quienes estuvieron expuestos al polvo de las Torres Gemelas, en los prejuicios contra los musulmanes y en una generación que nació después de los atentados y conoce aquel día no por experiencia propia, sino por la memoria transmitida por sus padres, maestros y medios de comunicación.

El día que cambió el mundo

Una de las interpretaciones más directas aparece en el tabloide finlandés Ilta-Sanomat. Su titular resume la tesis sin ambigüedades: Estas seis cosas cambiaron en el mundo cuando los aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas hace 25 años.

El medio organiza su retrospectiva alrededor de seis transformaciones: los viajes aéreos, la guerra contra el terrorismo, el papel de la OTAN, la vigilancia ciudadana, la política migratoria y la relación con las comunidades musulmanas.

El primer cambio comienza en los aeropuertos. Antes del 11-S, recuerda Ilta-Sanomat, algunos objetos que posteriormente fueron prohibidos podían subir a los aviones y las puertas de las cabinas de mando no estaban diseñadas para resistir una intrusión violenta. Después de los ataques, las cabinas fueron reforzadas y aumentó la recopilación de información sobre los pasajeros.

Pero para el periódico finlandés, la transformación más profunda fue geopolítica. Nueve días después de los atentados, George W. Bush anunció ante el Congreso lo que se convertiría en la llamada “guerra contra el terrorismo”.

Ilta-Sanomat recupera una de las frases que mejor condensaron aquella doctrina: “Nuestra guerra contra el terrorismo comienza con Al Qaeda, pero no termina allí”, dijo Bush el 20 de septiembre de 2001.

Días después llegaría otra definición que marcaría la política exterior estadounidense durante años: “O están con nosotros, o están con los terroristas”.

La retrospectiva finlandesa interpreta ambas frases como el punto de partida de una estrategia que desbordó la persecución de Al Qaeda y terminó llevando a Estados Unidos a Afganistán, además de ampliar sus operaciones militares y de inteligencia en distintas regiones.

La transformación alcanzó también a la OTAN. Ilta-Sanomat recuerda que el artículo 5 de la alianza —según el cual un ataque contra uno de sus miembros es considerado un ataque contra todos— fue activado por primera y única vez después del 11-S. El terrorismo dejó así de ser presentado exclusivamente como una amenaza policial para convertirse en una cuestión de seguridad colectiva.

El mismo proceso se produjo en el ámbito de la vigilancia. La aprobación de la Patriot Act amplió las capacidades de las autoridades estadounidenses para obtener información, mientras que años después las revelaciones de Edward Snowden expusieron la dimensión de los sistemas de vigilancia desarrollados tras los atentados.

Para Ilta-Sanomat, incluso países que no sufrieron directamente los ataques modificaron sus legislaciones. Finlandia amplió sus instrumentos de investigación antiterrorista y posteriormente desarrolló nuevas capacidades de inteligencia.

El sexto cambio señalado por el periódico es quizá uno de los más controvertidos: el aumento del recelo hacia las comunidades musulmanas.

El medio recuerda que los ataques fueron cometidos por integrantes de Al Qaeda, pero también documenta cómo esa asociación terminó proyectándose sobre comunidades mucho más amplias. Según las cifras del FBI citadas por el periódico, los delitos de odio contra musulmanes pasaron de 28 casos reportados en 2000 a 481 en 2001.

¿legado político?

La segunda perspectiva de la cobertura introduce una duda: que el mundo haya cambiado después del 11-S no significa necesariamente que todas esas transformaciones puedan atribuirse de forma directa y lineal a los atentados, ni que el resultado político haya sido el esperado.

Bloomberg lo resume desde su propio titular: El legado político del 11 de septiembre es la extralimitación y la división.

El artículo del analista Ronald Brownstein comienza con una imagen que permanece profundamente arraigada en la memoria estadounidense: “las imágenes del colapso entre llamas y polvo de las Torres Gemelas de Nueva York frente a un cielo azul despejado”.

Pero inmediatamente introduce un contraste: “Sin embargo, 25 años después, el legado político de los atentados de Al Qaeda resulta mucho más difuso.”

Ese “sin embargo” modifica la pregunta. Ya no se trata de enumerar aquello que cambió, sino de determinar qué consecuencias permanecieron y cómo fueron interpretadas con el paso del tiempo.

La guerra contra el terrorismo aparece entonces bajo una luz diferente. Las invasiones de Afganistán e Irak, que se prolongaron durante años, terminaron generando un profundo rechazo en sectores de la sociedad estadounidense. La promesa de evitar nuevas guerras exteriores se convirtió posteriormente en parte de la narrativa política que impulsó a Donald Trump.

De la unidad nacional a la división

La cobertura de Le Monde introduce otro elemento: la propia ceremonia destinada a recordar a las víctimas se ha convertido en un escenario donde pueden observarse las fracturas de la sociedad estadounidense.

El titular de la publicación francesa es explícito: “25 años del 11 de Septiembre: en Nueva York, conmemoraciones marcadas por las profundas divisiones de la sociedad estadounidense”.

El artículo contrapone dos imágenes de Nueva York. Por un lado, la ciudad reconstruida: “El polvo se ha disipado, Wall Street se ha recuperado”. Por otro, una sociedad que, según el periódico, “luce más dividida que nunca en este triste aniversario”.

El alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani, escucha la lectura de los nombres de las víctimas durante la ceremonia conmemorativa del 25.º aniversario de los ataques terroristas del 11 de septiembre contra el World Trade Center, en el Museo y Memorial Nacional del 11 de Septiembre, el 11 de septiembre de 2026 en Nueva York. (Foto de Adam Gray – Pool/Getty Images)

La disputa alrededor de la participación del alcalde Zohran Mamdani en la ceremonia del aniversario sirve como ejemplo.

Le Monde recuerda que el exalcalde Rudy Giuliani, quien fue presentado después de los atentados como el “alcalde de América” por su papel durante la crisis, cuestionó públicamente la presencia de Mamdani en la ceremonia.

El artículo relata además que una petición impulsada por familiares de víctimas para pedir que Mamdani se mantuviera al margen de los actos reunió más de 100.000 firmas.

El contraste también permite observar cómo una cuestión que estuvo presente desde los primeros días —la relación entre terrorismo, islam y seguridad— continúa formando parte del debate estadounidense.

Las víctimas que murieron después

La transformación más significativa de la cobertura del 25.º aniversario consiste en ampliar la definición de quiénes fueron las víctimas del 11-S.

Un hombre sostiene un casco del Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY) con el nombre de una víctima de los ataques del 11 de septiembre de 2001 durante una ceremonia solemne para conmemorar el 25.º aniversario de los atentados terroristas del 11 de septiembre contra el World Trade Center (Foto de David Dee Delgado – Pool/Getty Images)

USA Today centra su atención precisamente en ese fenómeno. Su reportaje sobre la ceremonia conmemorativa explica que el Memorial Nacional del 11 de Septiembre incorporó este año un séptimo minuto de silencio.

Los seis momentos tradicionales recuerdan acontecimientos ocurridos aquel 11 de septiembre: los impactos contra las Torres Gemelas y el Pentágono, la caída del vuelo 93 y los derrumbes de las torres.

El séptimo recuerda algo que ocurrió después: está dedicado a los rescatistas, trabajadores de recuperación, sobrevivientes y residentes del Bajo Manhattan expuestos al polvo y los escombros tóxicos durante los días y meses posteriores a los ataques.

Según el artículo, más de 8.000 personas inscritas en el Programa de Salud del World Trade Center habían fallecido desde entonces y decenas de miles continúan enfrentando enfermedades relacionadas con el 11-S.

Reuters llega a la misma conclusión desde otra perspectiva. “Las víctimas no se limitaron a quienes perecieron el 11 de septiembre”, señala la agencia.

El medio recuerda que cientos de trabajadores de rescate, residentes y otras personas enfermaron como consecuencia de la exposición a las toxinas presentes en el aire después del derrumbe.

El caso de los bomberos resulta especialmente ilustrativo. El Departamento de Bomberos de Nueva York perdió 343 efectivos el día de los ataques, pero, según las cifras citadas por Reuters, más de 600 bomberos adicionales han muerto posteriormente por enfermedades relacionadas con el 11-S.

Un acontecimiento que ya pertenece a la historia

Un niño permanece de pie junto a los estanques conmemorativos durante la ceremonia solemne para conmemorar el 25.º aniversario de los ataques terroristas del 11 de septiembre contra el World Trade Center, en el Museo y Memorial Nacional del 11 de Septiembre, (Foto de David Dee Delgado – Pool/Getty Images)

Hay otro cambio fundamental: cada vez más estadounidenses no tienen ningún recuerdo personal del 11-S.

Reuters dedica una de sus coberturas precisamente a quienes nacieron después de los ataques. La agencia señala que “una generación ha llegado a la edad adulta sin memoria personal de ese día”, pero con una comprensión heredada a través de la escuela, los medios, sus familias y las consecuencias políticas y sociales de los atentados.

La frase de Elizabeth Hillman, presidenta del Memorial del 11 de Septiembre, citada por Le Monde, lleva esa idea todavía más lejos:

“Muchas personas de mi generación recuerdan con exactitud dónde se encontraban en aquel día espantoso, pero 100 millones de estadounidenses aún no habían nacido o son demasiado jóvenes para guardar memoria de esa jornada”.

El acontecimiento que definió buena parte de la vida política y social de Estados Unidos durante lo que va de siglo XXI comienza a salir del terreno de la memoria personal y a entrar en el de la historia.

Los niños que vieron las imágenes por primera vez en los salones de clase ya son adultos. Los controles de seguridad de los aeropuertos que parecían extraordinarios en 2001 forman parte de la normalidad. Las guerras que comenzaron después del ataque pertenecen a un pasado que algunos jóvenes conocen solamente por los libros. Y el debate sobre las enfermedades provocadas por la exposición tóxica continúa mientras aparecen nuevas víctimas.

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