The Daily Journal.- Mientras el Ministerio para el Ecosocialismo (Minec) promociona bajo un estricto hermetismo un convenio oficial para «modernizar» los parques zoológicos de Venezuela, las hojas de ruta aduaneras revelan una realidad mucho más alarmante. Detrás de la fachada de la cooperación técnica y el rescate de infraestructura, se esconde una masiva fuga de biodiversidad venezolana.
Miles de animales silvestres —muchos de ellos catalogados en peligro crítico de extinción— han sido extraídos de su hábitat natural para terminar recluidos en las jaulas de Vantara, el megazoológico privado de la multimillonaria familia Ambani de la India, dueña de la corporación Reliance Industries, la cual mantiene una estrecha relación comercial y petrolera con Pdvsa.
Investigaciones periodísticas basadas en registros de comercio exterior y facturas de exportación exponen que Venezuela se ha convertido en uno de los principales proveedores biológicos de este polémico centro asiático.
El botín biológico: Especies en la línea roja de extinción
Los cargamentos documentados por las aduanas no solo sorprenden por su volumen —que escala a miles de ejemplares— sino por el altísimo valor ecológico de las especies sacrificadas en el canje. Entre los traslados más alarmantes detectados en las listas aduaneras se encuentran:
La nutria gigante (Pteronura brasiliensis): considerada una de las especies de mamíferos acuáticos más amenazadas de Sudamérica. Los registros detallan el envío de más de 100 ejemplares de este depredador endémico de los ríos llaneros y amazónicos, catalogado como «En Peligro» en la Lista Roja de la UICN debido a la pérdida de su hábitat.
El oso hormiguero gigante (Myrmecophaga tridactyla): Los manifiestos de carga evidencian la salida de 142 de estos icónicos mamíferos venezolanos, una especie altamente vulnerable cuya reproducción en cautiverio es extremadamente compleja y delicada.
Aves y reptiles protegidos por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES): Los manifiestos de exportación también incluyen un flujo masivo de más de 1.800 ejemplares que abarcan guacamayas macao, loros amazónicos y diversas especies de reptiles protegidos internacionalmente.
Estos traslados requieren estrictos permisos de la CITES, los cuales fueron otorgados de forma exprés.

La opacidad de un convenio bajo sospecha
El punto de mayor indignación para las organizaciones ambientalistas locales e internacionales es la total falta de transparencia del acuerdo bilateral. La reciente alianza para intervenir los zoológicos venezolanos fue suscrita entre altos voceros de la administración nacional y representantes de Vantara sin que hasta el momento se haya hecho público el texto del contrato.
Ninguna de las instituciones involucradas ha aclarado cuál es la contraprestación económica o técnica real. Tampoco existen registros públicos sobre el presupuesto asignado por Vantara a los zoológicos públicos de Venezuela a cambio de la entrega de su fauna silvestre.
¿Quién vigila los criterios de captura?
Las operaciones han quedado en manos de zoocriaderos privados venezolanos que operan con total discrecionalidad, actuando como intermediarios comerciales autorizados por el Estado.
La Ley de Protección a la Fauna Silvestre prohíbe explícitamente la comercialización de especies vulnerables, una normativa que parece haber sido ignorada bajo el amparo de las alianzas geopolíticas y comerciales que el holding indio Reliance Industries (propietario de Vantara) mantiene en el sector petrolero venezolano.
Defensores del medio ambiente advierten que el canje de animales nativos por «asesoría de infraestructura» sienta un precedente devastador para el patrimonio natural del país. Mientras las jaulas en el estado de Gujarat se llenan de exotismo tropical, los ecosistemas venezolanos sufren un vaciamiento silencioso y legalizado desde las propias oficinas ministeriales.
