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María Alejandra Cabeza Rodríguez. – Venezuela posee 195 billones de pies cúbicos de reservas probadas de gas natural, equivalentes al 73% del total suramericano. Es el noveno país con las mayores reservas del mundo. A los niveles actuales de producción, ese gas alcanzaría para abastecer al país durante más de 356 años.
Pero la realidad es más cruel que los números. En el estado Monagas, las llamas arden día y noche. Unos 20 millones de pies cúbicos diarios de gas se queman sin aprovecharse. Según el economista Richard Obuchi, del IESA, esa práctica le cuesta a Venezuela entre 1.500 y 1.900 millones de dólares al año en pérdidas directas.
Obuchi estima que las pérdidas anuales por quema de gas ascienden a 1.100 millones de dólares y que los ingresos dejados de percibir por productos derivados podrían situarse entre 11.000 y 15.000 millones de dólares anuales.
Más alarmante aún: según un análisis satelital publicado en Nature Communications, cerca de una cuarta parte de la producción de gas de Venezuela se filtra o se ventea directamente a la atmósfera, una proporción casi 10 veces superior al promedio mundial y la más alta del planeta. Ese metano, un gas de efecto invernadero 80 veces más potente que el CO₂ a corto plazo, representa un problema ambiental de primer orden.
Un estudio de Harvard encontró que las emisiones del sector de petróleo y gas de Venezuela son 4,8 veces más altas de lo que reporta oficialmente el país, y que hasta un 29% del gas producido puede estar escapando, frente al 2,1% de Estados Unidos o al 0,1% de Qatar.
La paradoja eléctrica
Venezuela consume más de 1.800 millones de pies cúbicos diarios de gas de producción nacional. De ese total, 711 millones (39%) se destinan a la generación eléctrica. Es decir, casi cuatro de cada diez kilovatios-hora que consume el país dependen del gas.
Sin embargo, ese mismo gas que sostiene el sistema eléctrico se pierde por la falta de infraestructura. Pdvsa no cuenta con suficientes ductos, plantas de almacenamiento ni terminales de exportación. El resultado es un círculo vicioso: el gas se quema, la electricidad es precaria y la industria no despega.
La única línea de vida
El campo Perla, en el golfo de Venezuela, es uno de los mayores descubrimientos de gas de América Latina, con reservas estimadas en 17 billones de pies cúbicos. Produce 585 millones de pies cúbicos diarios, destinados íntegramente al mercado interno.
Sus operadores, Repsol y Eni, acordaron elevar la producción hasta 645 millones de pies cúbicos diarios. El CEO de Repsol, Josu Jon Imaz, reveló: «Repsol ha estado comprometido durante 30 años con la producción del gas que cubre el 60% de la electricidad del país». Hacia 2028, con dos nuevas plataformas, Perla podría alcanzar los 1.200 millones de pies cúbicos diarios, lo que habilitaría la exportación de GNL hacia 2031.
Dragón: el intento de romper el aislamiento
En la frontera con Trinidad y Tobago, el proyecto Dragón entró en fase de ejecución. Según la propuesta de Shell, el gas se transportará a través de un gasoducto transfronterizo hasta la plataforma Hibiscus. El reinicio de operaciones está previsto para diciembre de 2026.
El CEO de Shell, Wael Sawan, confirmó que evalúa inversiones en gas venezolano: «Inicialmente, apuntamos al gas que puede ser monetizado a través del GNL… Podríamos tomar decisiones finales de inversión antes de que termine este año si contamos con los marcos fiscales y regulatorios adecuados.”
La barrera de los 10.000 millones
El economista Obuchi plantea que se necesitan unos 10.000 millones de dólares en inversión para la compresión, los gasoductos, las plantas de tratamiento y las terminales de licuefacción. El retorno potencial incluye quintuplicar el peso del sector petroquímico en el PIB, crear más de 100.000 empleos directos e indirectos y alcanzar 2.000 millones de dólares anuales en exportaciones.
Pero el obstáculo no es técnico. Obuchi lo señala: el factor decisivo es la confianza institucional.
Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la oferta global de GNL podría caer en 2026 por primera vez desde 2012 y el mercado estará más ajustado entre 2026 y 2027.
Venezuela tiene el recurso, la ubicación y la escala. Le falta infraestructura, capital y certeza institucional. Cada día, 20 millones de pies cúbicos de gas se convierten en humo. Cada día, 1,9 millones de dólares se evaporan en las llamas. Venezuela no necesita descubrir una nueva riqueza. Necesita dejar de desperdiciar la que ya tiene.
