El gas natural: El motor invisible de la economía moderna

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Julio A. López.- Cuando se habla de energía, la atención suele centrarse en el petróleo. Sin embargo, existe otro recurso cuya importancia económica es igual o incluso superior en numerosos sectores estratégicos: el gas natural.

El gas natural no sirve únicamente para cocinar ni para generar electricidad. En realidad, constituye una de las materias primas más importantes de la economía global y es el punto de partida de una extensa cadena industrial.

El gas natural es mucho más que una fuente de energía. Es una plataforma industrial completa.

De una corriente de gas procesado se obtienen numerosos productos esenciales que sostienen sectores enteros de la economía moderna.

Uno de los primeros derivados es el gas natural licuado (GNL), obtenido mediante el enfriamiento del gas hasta temperaturas cercanas a -162 °C. Este producto permite transportar energía por vía marítima a cualquier parte del mundo y se ha convertido en una pieza fundamental para la seguridad energética de Europa y Asia.

Pero quizás el derivado más importante desde el punto de vista social sea el amoníaco.

La producción mundial de fertilizantes depende en gran medida del amoníaco fabricado a partir del gas natural. Sin gas natural no existirían suficientes fertilizantes nitrogenados para sostener la agricultura moderna.

En términos simples, buena parte de los alimentos que consumimos diariamente depende indirectamente del gas natural.

El maíz, el trigo, el arroz, la soya y la mayoría de los cultivos comerciales requieren fertilizantes producidos con amoníaco. Por ello, cuando el precio del gas aumenta o el suministro se interrumpe, los costos agrícolas también aumentan y, con el tiempo, terminan afectando el precio de los alimentos.

El metanol representa otro derivado estratégico.

Este compuesto químico sirve como materia prima para la fabricación de pinturas, adhesivos, resinas, solventes, materiales de construcción y numerosos productos industriales que se utilizan diariamente por millones de personas.

Otro producto que está adquiriendo una relevancia creciente es el hidrógeno.

Gran parte del hidrógeno mundial se produce a partir de gas natural; su importancia abarca desde la refinación de combustibles hasta la fabricación de acero, la producción química avanzada y los nuevos proyectos vinculados a la transición energética.

El etano constituye la columna vertebral de la petroquímica moderna.

A partir de este hidrocarburo se producen etileno y, posteriormente, plásticos, envases, tuberías, cables, componentes médicos, equipos electrónicos y miles de artículos que forman parte de la vida cotidiana.

El propano y el butano, componentes del gas licuado de petróleo (GLP), se utilizan para cocinar, calefacción, procesos industriales y aplicaciones comerciales. Millones de familias en todo el mundo dependen a diario de estos combustibles para cocinar o calentar sus hogares.

Incluso el azufre recuperado durante el procesamiento del gas tiene aplicaciones críticas.

Se utiliza en fertilizantes agrícolas, productos químicos industriales, neumáticos, materiales de construcción y diversas actividades manufactureras.

La importancia del gas natural se vuelve aún más evidente al analizar las industrias que dependen directamente de él.

La agricultura necesita fertilizantes derivados del gas.

La industria petroquímica necesita etano y metanol.

La manufactura requiere calor industrial generado a partir de gas.

La producción de electricidad depende cada vez más de centrales de ciclo combinado alimentadas con gas natural.

Las industrias del vidrio, cemento, acero, cerámica, papel, alimentos y bebidas utilizan el gas natural como fuente de energía primaria para sus procesos productivos.

Incluso sectores tan diversos como el transporte, la medicina, la electrónica y la construcción dependen de productos cuya materia prima proviene del gas.

Cuando una planta de procesamiento de gas se detiene o se produce una interrupción importante en el suministro, las consecuencias trascienden  el mercado energético.

Lo que realmente se ve afectado es toda una red de industrias interconectadas.

Menos gas significa menos fertilizantes.

Menos fertilizantes significan una menor producción agrícola.

Una menor producción agrícola implica mayores costos alimentarios.

La realidad es simple: el gas natural no solo genera energía.

Produce alimentos, fertilizantes, plásticos,  productos químicos, desarrollo económico. En el siglo XXI, la seguridad energética ya no depende únicamente del petróleo. También depende de la capacidad para producir, procesar y distribuir gas natural de manera confiable.

Porque detrás de cada fertilizante, cada envase de plástico, cada medicamento, cada fábrica y cada alimento que llega a una mesa, existe una alta probabilidad de que el gas natural haya participado en alguna etapa fundamental de su producción.

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