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Julio A. López, editor jefe.– Drones ucranianos atacaron una docena de petroleros de la llamada «flota fantasma» rusa en apenas dos días en el Mar de Azov, agravando la crisis de combustible que ya atraviesa Crimea, la península anexada por Rusia en 2014 y ocupada militarmente desde entonces.
El ataque, día a día
La ofensiva se desarrolló en oleadas sucesivas. Pilotos de la unidad «Kairos», perteneciente a la 414ª Brigada Separada «Pájaros de Madyar», alcanzaron ocho petroleros de la flota fantasma en una sola noche, además de un buque de carga seca y un ferry. Horas después, ese mismo día, dos tanqueros más fueron alcanzados, llevando el total a diez embarcaciones en 24 horas. Al día siguiente, el comandante de las Fuerzas de Sistemas No Tripulados de Ucrania, Robert «Madyar» Brovdi, reportó nueve petroleros adicionales alcanzados durante la noche. Según cifras del Ministerio de Defensa ucraniano, en cuatro días de campaña se atacaron 36 embarcaciones en el Mar de Azov y el Mar Negro, de las cuales 32 eran petroleros de la flota fantasma y dos buques de carga seca. En total, Brovdi elevó el recuento a 35 buques atacados en un plazo de 96 horas.
Los tanqueros identificados —entre ellos el Venera-3, Sanar-1, Sanar-17, Klimena, Teti, Alexei Savrasov y Penelopa— tienen un desplazamiento de carga de unas 7.000 toneladas, miden alrededor de 140 metros de eslora y fueron construidos entre 2006 y 2012, según detalló Brovdi. «La batalla por el combustible para Crimea en el Mar de Azov continúa», escribió el comandante en Telegram, y agregó una advertencia dirigida a Moscú: «Moscú caerá».
Una crisis que se agrava
La península ya había declarado el 26 de junio un estado de emergencia por escasez de combustible, tras semanas de ataques ucranianos contra la infraestructura energética y logística. La campaña sobre el Mar de Azov —ruta clave de abastecimiento para las fuerzas rusas en Crimea y en el sur de Ucrania ocupado— profundiza ese colapso: las autoridades de ocupación suspendieron la venta de gasolina a civiles y se han reportado largas filas en las estaciones de servicio tanto en la península como en ciudades de la Rusia continental, incluida Moscú.
El propio presidente Vladimir Putin reconoció recientemente, por primera vez, el impacto de los ataques con drones en la producción de combustible en Rusia. Analistas económicos, como Holger Schmieding, del banco alemán Berenberg, señalan que «los costos de la guerra están aumentando» para el Kremlin, en momentos en que el crecimiento del PIB ruso se estancó en el primer trimestre del año.
Un objetivo declarado: aislar a Crimea
Brovdi había prometido en una entrevista con Reuters el mes pasado cortar efectivamente a Crimea de Rusia mediante una campaña sistemática de ataques. Kiev defiende que los petroleros de la flota fantasma —una red de entre 1.000 y 1.500 buques que opera bajo estructuras de propiedad opacas y con banderas de conveniencia para eludir las sanciones occidentales— constituyen objetivos militares legítimos, ya que financian directamente el esfuerzo bélico ruso. El viceprimer ministro Oleksii Kuleba defendió esa postura en una carta a la Organización Marítima Internacional, tras afirmar que Rusia incitó a Kiev a perpetrar ataques «terroristas» contra buques comerciales.
Las cifras bajo escrutinio
No todas las afirmaciones ucranianas han podido verificarse de forma independiente. Reuters no pudo confirmar por sí misma la información difundida por las fuerzas de drones, y una revisión interna de la agencia determinó que solo dos de los siete buques inicialmente identificados como atacados estaban efectivamente sujetos a sanciones internacionales confirmadas. Las autoridades rusas, por su parte, apenas han reconocido parcialmente los daños: el gobernador de la región de Rostov, Yuri Slyusar, confirmó que dos petroleros resultaron dañados en la bahía de Taganrog, con incendios a bordo que fueron controlados y sin heridos entre las tripulaciones, que fueron evacuadas.
El Instituto de Estudios Estratégicos RUSI, con sede en Londres, enmarca la campaña como parte de un esfuerzo más amplio de Kiev para intensificar «la presión sobre navieras y aseguradoras que evaden las sanciones», en momentos en que las exportaciones petroleras rusas ya atraviesan dificultades. Para los mercados energéticos globales, el hostigamiento sistemático a la flota fantasma añade un nuevo foco de incertidumbre sobre las rutas marítimas que sostienen buena parte del comercio de crudo ruso pese al régimen de sanciones occidentales.
