Solo tres regiones producen gas natural licuado a escala global, y el conflicto entre EE.UU., Israel e Irán está reescribiendo el mapa mundial de precios
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Julio A. López, editor jefe. – El gas natural licuado (GNL) —gas de gasoducto enfriado a -162 °C para poder transportarse en buques metaneros— se ha convertido en el termómetro más sensible de la crisis energética global. Solo tres regiones lo producen a escala industrial: Estados Unidos, Catar y Australia, una concentración que explica por qué cualquier disrupción en Oriente Medio golpea de inmediato a todo el mercado.
Una demanda que se duplicó en seis años
La demanda global de GNL se duplicó en solo seis años, impulsada por la pérdida del gas ruso por gasoducto en Europa tras la invasión de Ucrania y la industrialización acelerada de Asia. En ese contexto de mercado ya ajustado, la llamada “Batalla de Ormuz” —la escalada bélica entre Estados Unidos, Israel e Irán que derivó en el cierre parcial del estrecho y en ataques con misiles contra infraestructura iraní— impulsó el Brent por encima de los 85 dólares por barril y disparó los precios del gas en todo el planeta.
Según datos recogidos por analistas del sector, los precios del gas asiático llegaron a duplicarse en la semana posterior a los primeros ataques, mientras que los precios europeos se mantienen entre el 48% y el 62% por encima de los niveles de febrero. Morgan Stanley proyecta que el GNL asiático podría alcanzar los 25 dólares por millón de BTU en el tercer y cuarto trimestre de 2026, niveles no vistos en tres años, mientras que UBS estima que el marcador JKM promediará alrededor de 17,5 dólares por millón de BTU durante el resto del año antes de moderarse hacia 2027.
El daño estructural: Qatar, el epicentro
Más allá del efecto inmediato en los precios, el conflicto dejó daños en infraestructura clave, incluida la planta de Ras Laffan en Catar —el mayor sitio de licuefacción del mundo—, lo que retrasará la expansión de la capacidad catarí más allá de 2026. Según estimaciones citadas por Infobae, revertir esa pérdida de capacidad podría dejar al mundo con un déficit acumulado de hasta 40 millones de toneladas de GNL catarí hacia fin de año, equivalente al 10% del suministro global de GNL en 2025. Las reservas de gas europeas, además, se encuentran en sus niveles más bajos de los últimos 15 años para esta época, mientras Europa y Asia compiten por cada cargamento disponible.
Ganadores en Wall Street: Venture Global y Cheniere
Esa escasez ha convertido a las terminales exportadoras estadounidenses en el salvavidas más caro —y rentable— del mercado europeo. Venture Global elevó sus tarifas hasta un 69% aprovechando la crisis, repitiendo la estrategia que ya utilizó durante la crisis energética de 2022, cuando vendió cargamentos spot mientras su planta seguía oficialmente en construcción. Los analistas también señalan a Cheniere Energy como una de las grandes beneficiadas por la inestabilidad en el estrecho de Ormuz.
La pregunta que definirá el trimestre
El tránsito de buques metaneros por Ormuz sigue muy por debajo de los niveles previos a la guerra y persiste una fuerte incertidumbre sobre los flujos comerciales futuros. La Agencia Internacional de la Energía anticipa que la demanda global de gas caerá 0,5% este año —la tercera contracción interanual en siete años—, precisamente por el encarecimiento derivado de esta oferta más ajustada.
Con los resultados del segundo trimestre, el mercado deberá decidir qué eslabones de la cadena de valor del GNL merecen confianza y cuáles no: productores upstream, terminales de licuefacción, navieras de transporte criogénico o regasificadoras en destino. La respuesta llegará pozo por pozo, balance por balance, en los próximos días.
