EDITORIAL | Venezuela, rumbo a los 2 millones de barriles diarios de producción

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¿Es posible el milagro petrolero venezolano?

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Julio A. López, editor jefe. — Comenzamos el mes de junio con un mercado energético global sometido a tensiones crecientes. Las reservas estratégicas de petróleo de las principales economías occidentales siguen disminuyendo, el conflicto en Medio Oriente continúa generando incertidumbre sobre el suministro mundial y los mercados observan con nerviosismo cualquier interrupción que pueda afectar el flujo de crudo. En medio de ese panorama, existe un país que podría convertirse en uno de los principales factores de estabilización del mercado: Venezuela.

Diversas fuentes internacionales ubican la producción venezolana por encima del millón doscientos mil barriles diarios, un incremento que se produjo sin la participación masiva de las grandes petroleras internacionales y en medio de limitaciones operativas que siguen afectando al país, entre ellas problemas eléctricos, deficiencias logísticas y una infraestructura que todavía requiere con urgencia una modernización profunda.

Durante años se ha repetido que Venezuela necesitará cientos de miles de millones de dólares para recuperar plenamente su industria petrolera. Probablemente esa afirmación sea correcta si el objetivo es regresar a los niveles históricos de tres o más millones de barriles diarios, reconstruir refinerías, ampliar mejoradores, desarrollar nuevos proyectos costa afuera y modernizar toda la infraestructura nacional. Diversos análisis internacionales coinciden en que una recuperación integral exigirá inversiones extraordinarias y muchos años de trabajo.

Venezuela posee decenas de miles de pozos perforados a lo largo de más de un siglo de actividad petrolera. Muchos de esos pozos permanecen cerrados por negligencia criminal de un Estado dedicado a saquear sus propias fuentes de ingresos, o por una producción muy por debajo de su potencial. Además, miles de instalaciones operan con equipos envejecidos, con restricciones mecánicas o limitaciones de presión que reducen su productividad.

Los incrementos de producción más rápidos suelen provenir de la optimización de activos existentes y no necesariamente de la perforación de nuevos campos. La recuperación reciente observada en la Faja Petrolífera del Orinoco, donde la flexibilización de las restricciones permitió recuperar más de 100.000 barriles diarios en pocas semanas, constituye una demostración práctica de la capacidad ociosa que aún existe en el sistema petrolero venezolano.

En Venezuela, la producción puede aumentar mediante una combinación de diversas herramientas técnicas ampliamente conocidas en la industria. Lo más importante es que estas soluciones pueden implementarse en semanas o meses y no en años.

Por esa razón, el verdadero debate no debería centrarse únicamente en cuánto dinero se necesita para llevar a Venezuela nuevamente a tres o cuatro millones de barriles diarios. La pregunta inmediata debería ser otra: ¿cuánto petróleo adicional puede producirse con la infraestructura existente?

Si miles de pozos actualmente cerrados fueran sometidos a programas de rehabilitación y si una parte de los pozos activos fuera optimizada mediante tecnologías convencionales, no resulta descabellado pensar que un incremento de varios cientos de miles de barriles diarios, o incluso la duplicación de la producción actual, se lograría en un período relativamente corto, incluso en los próximos 12 meses.

Algunos analistas sostienen que alcanzar nuevamente los dos millones de barriles diarios requeriría años. Otros consideran que el objetivo podría lograrse mucho antes si se concentra el esfuerzo en la recuperación de los activos existentes. Lo cierto es que la diferencia entre la producción actual y la meta de dos millones de barriles diarios es mucho menor que la distancia que separa a Venezuela de los niveles históricos de tres millones o más de barriles diarios.

Por ello, el primer gran salto petrolero venezolano podría no provenir de gigantescos megaproyectos ni de inversiones multimillonarias. Podría surgir de algo mucho más sencillo: reparar lo que ya existe, recuperar lo que hoy permanece detenido y optimizar lo que actualmente opera por debajo de su capacidad.

Venezuela es uno de los pocos países con capacidad real para aportar una oferta significativa nueva a un mercado energético que cada vez dispone de menos margen de maniobra.

La recuperación de pozos ya en funcionamiento y la incorporación a producción de mil pozos adicionales llevarían la producción petrolera venezolana a 2 millones de barriles diarios con una inversión de pocos billones de dólares. Aunque ello no resolvería por sí solo los problemas actuales del mercado energético mundial, sí representaría una señal clara de dónde podría surgir una solución de largo plazo y de lo que muchos denominan “el Milagro petrolero venezolano”.

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