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Julio A. López. — Durante más de un siglo, Venezuela construyó su identidad energética en torno al petróleo. Sin embargo, mientras Europa busca desesperadamente nuevas fuentes de suministro energético y las grandes compañías internacionales aceleran sus planes de expansión gasífera, una nueva realidad comienza a emerger en el país: ha llegado la hora del «Gas Business» en Venezuela.
Las gigantescas reservas de gas natural venezolanas permanecieron subdesarrolladas mientras la atención nacional se concentraba casi exclusivamente en el petróleo. Hoy, el panorama es diferente. Algunas de las mayores empresas energéticas del mundo están tomando posiciones estratégicas en el país con la mirada puesta en un recurso que podría redefinir el futuro energético venezolano.
La española Repsol y la italiana Eni incrementarán la participación en proyectos gasíferos venezolanos, especialmente en el campo Cardón IV, donde opera el gigantesco yacimiento Perla, considerado uno de los mayores descubrimientos de gas natural realizados en América Latina en las últimas décadas.
Pero el movimiento más significativo proviene ahora de dos gigantes británicos: Shell y BP.
Shell ha pasado de ser un observador interesado a convertirse en uno de los actores más agresivos en la carrera por el gas venezolano. La compañía ya cuenta con una licencia de 30 años para desarrollar el campo Dragón, ubicado en aguas venezolanas, cerca de Trinidad y Tobago, con reservas estimadas entre 4,5 y 5 billones de pies cúbicos de gas. El proyecto contempla transportar el gas venezolano hasta la infraestructura de procesamiento y exportación de Trinidad, aprovechando las instalaciones de LNG (Liquefied Natural Gas) ya existentes en la isla.
Las ambiciones de Shell van mucho más allá del campo Dragón; la empresa mantiene conversaciones avanzadas para acceder a otras áreas del proyecto Mariscal Sucre, que, en conjunto, contienen aproximadamente 12 billones de pies cúbicos de gas natural, además de participar en el desarrollo del gigantesco campo transfronterizo Loran-Manatee, cuyas reservas combinadas podrían superar los 20 billones de pies cúbicos.
BP tampoco quiere quedarse atrás. La empresa británica firmó recientemente acuerdos para desarrollar el campo Cocuina-Manakin, ubicado en la frontera marítima entre Venezuela y Trinidad y Tobago, y estudia participar, junto con otros socios, en proyectos relacionados con Loran. La compañía considera estos desarrollos fundamentales para alimentar las plantas de gas natural licuado de Trinidad y Tobago, en las que BP es uno de sus principales accionistas.
La reducción del suministro ruso obligó a los países europeos a buscar proveedores alternativos de gas natural y de LNG en distintas regiones del mundo. La seguridad energética se convirtió en una prioridad estratégica para los gobiernos y las empresas. En consecuencia, cualquier país con grandes reservas de gas cerca de los mercados atlánticos adquiere una importancia creciente.
Venezuela posee precisamente esa combinación: enormes reservas, una ubicación privilegiada y un acceso relativamente cercano a los mercados europeos y norteamericanos.
Para Trinidad y Tobago, cuya producción doméstica de gas ha disminuido en los últimos años, el desarrollo de los yacimientos venezolanos representa una oportunidad vital para mantener operativas sus plantas de LNG, amoníaco y metanol. Para Shell y BP, significa asegurar nuevas fuentes de suministro para una industria global cada vez más dependiente del gas. Para Europa, representa una fuente adicional de energía potencial fuera de la órbita rusa.
Las cifras son impresionantes. Entre Dragón, Loran-Manatee, Cocuina-Manakin, Cardón IV y otras áreas costa afuera, Venezuela podría incorporar decenas de billones de pies cúbicos de reservas comercialmente desarrollables en los próximos años.
El impacto económico potencial trasciende ampliamente el sector energético. El desarrollo del gas implica nuevas plataformas marinas, infraestructura submarina, plantas de procesamiento, puertos, petroquímica, generación eléctrica y miles de empleos altamente especializados. Cada proyecto genera cadenas de suministro capaces de movilizar miles de millones de dólares en inversión.
Por primera vez en mucho tiempo, el interés internacional ya no se concentra exclusivamente en el petróleo venezolano. Los grandes jugadores del mercado energético global están mirando hacia el gas.
Repsol, Eni, Shell y BP parecen haber llegado a la misma conclusión: Venezuela posee uno de los mayores potenciales gasíferos aún sin desarrollar del hemisferio occidental.
Quizás el verdadero cambio histórico que estamos comenzando a presenciar no sea el regreso de la industria petrolera tradicional, sino el nacimiento de una nueva etapa energética para el país.
Porque si el siglo XX perteneció al petróleo venezolano, el siglo XXI podría pertenecer al Gas Business venezolano.

