Los mercados observan la deuda; los venezolanos, no

Opinión

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Carlos Santaella.- Gran parte del debate sobre Venezuela en la actualidad se centra en la reestructuración de la deuda. Se están designando asesores financieros. Se están contratando firmas legales. El Fondo Monetario Internacional (FMI) está comenzando su trabajo de diagnóstico.

Todo esto es necesario. Pero nada de esto es suficiente.

Un análisis creíble de sostenibilidad de la deuda tomará tiempo. La estabilización económica tomará tiempo. Las negociaciones con los acreedores tomarán tiempo. La implementación tomará tiempo.

El desafío es que millones de venezolanos siguen viviendo en el presente, no en el futuro.

Mientras los ingenieros financieros elaboran propuestas de reestructuración en Nueva York, Londres y Washington, los hogares venezolanos están haciendo cálculos muy distintos: si el salario de la semana alcanza para comprar los alimentos de la semana. Si se consigue el medicamento que necesita un hijo.

Este no es un argumento en contra de la reestructuración de la deuda. Es un argumento sobre las prioridades y la secuencia en que deben abordarse los problemas.

Antes de que la deuda pueda reestructurarse, las instituciones reconstruirse y la inversión regresar, el país debe alcanzar primero un nivel mínimo de estabilización social y humanitaria. La historia ofrece lecciones claras: Irak, Afganistán, Libia y Bosnia son ejemplos en los que la comunidad internacional reconoció que la reconstrucción financiera y la estabilización humanitaria no son tareas secuenciales. Deben avanzar en paralelo.

Las circunstancias particulares de Venezuela hacen que esta necesidad sea aún más urgente. Durante años, activos soberanos venezolanos han permanecido bajo jurisdicción estadounidense: congelados, protegidos y, en gran medida, sin utilizar. No se trata de fondos provenientes de los contribuyentes estadounidenses. Son recursos venezolanos que esperan un marco adecuado que les permita cumplir una función productiva.

La asistencia controlada y de uso restringido —limitada a alimentos, medicinas y bienes esenciales, completamente rastreable y sin intermediación gubernamental— no constituye una idea novedosa. Ya se ha implementado anteriormente, en entornos incluso más complejos, con resultados medibles. La estructura necesaria para hacerlo en Venezuela ya existe. Lo que falta es la decisión de ponerla en marcha.

Cada mes que pasa sin un alivio visible para los hogares venezolanos deteriora las condiciones sociales de las que dependerá cualquier proceso de recuperación. Los mercados están concentrados en la deuda. Alguien necesita mantenerse concentrado en los bolsillos de la gente.

Acerca del autor

Carlos Santaella es presidente de la junta directiva de Holyher Investments, Inc., una firma de asesoría e inversión con sede en Boston especializada en análisis macroeconómico, transacciones transfronterizas y riesgo institucional. Escribe sobre economía política, gobernanza y desarrollo institucional en América Latina.

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