Pedro Mosqueda.- René, del Grupo Menudo, se hizo famoso en el año 1981 con la canción Súbete a mi moto. Eso se bailaba de la siguiente manera: Uno con las manos hacía como que estaba manejando una moto, levantaba la patica, y la giraba como si le estuviera dando al pedal para que el caballito arrancarca. En el momento en que el coro decía “Súbete a mi moto” uno arrancaba (la moto arrancaba) y era el momento de dar vueltas por la sala, porque nos convertíamos en una moto. De hecho, la pareja, la jeva, se nos pegaba por detrás, se abrazaba de nuestra espalda, se convertía en parrillera, y corría con nosotros. La sala se llenaba de motos humanas que corrían, que gritaban y, por supuesto, chocaban. Era el furor de la época.
En estos días he recordado ese clásico que catapultó a Menudo. ¿La razón? Veo y leo que los odiados motorizados de Caracas y alrededores, imitando la letra de la canción, pasan días y noches corriendo y dando mil vueltas por el país.
Se convirtieron por obra y gracia de sus voluntades solidarias en brigadistas humanitarios incansables.
Son un voluntariado valiente, resteados y con capacidad infinita para facilitar tareas donde los demás no pueden o se les hace difícil. Son alzados, son jodidos.
Hay un video viral de un grupo de motorizados tratando de entrar al túnel de La Planicie, mientras un grupo de guardias nacionales trata de impedirlo. Los motorizados los miran a la cara, los retan, les recuerdan a su madre, y al final se arrecharon y tumbaron los conos, y entraron el túnel.
“Voy a La Guaira a salvar vidas. ¿Qué? ¿Me vas a disparar? Te estamos grabando. Vas a salir en todas las redes sociales». Y los guardias se hicieron los toches y no los detuvieron. ¿Qué iban a hacer? El pueblo se está rebelando y los motorizados están allí.
En honor a ellos, parafraseo el himno de Violeta Parra, Me gustan los estudiantes:
Me gustan los motorizados
Que marchan sobre las ruinas
Con las banderas en alto
Arrechos y sin sordina.
Para ayudar a su pueblo
En medio de esta sangría
Caramba y zamba, mi pana
Que vives con hidalguía
Me gustan los motorizados
Que ruedan con valentía
Cuando quieren detenerlos
Los guardias y policías
Y no le asustan las balas
Ni el ladrar de la jauría…
Caramba y zamba la cosa
Qué viva la autonomía
Me gustan los motorizados
Que corren por la autopista
Cuando los llama su pueblo
Siempre tienen buena vista
Porque ellos siempre responden
Frente a la maldad imprevista
Caramba y zamba la cosa
Qué vivan los brigadistas…
¡Aplausos para ellos!
Súbanse a sus motos.
