Está dedicada a reforzar el centro de acopio que funciona en la UCV. “Creo que no hemos caído en cuenta de la magnitud de lo que pasó”, afirma la economista y dirigente política.
Vanessa Davies
Fue dirigente estudiantil. Militante de Acción Democrática. Candidata a la gobernación del estado Falcón por Un Nuevo Tiempo. Hoy, se afana en el centro de acopio de la Universidad Central de Venezuela (UCV), su Alma Mater, para ayudar a los damnificados que dejaron los terremotos del 24 de junio, y para apuntalar a las y los rescatistas.
“El terremoto viene ahora, porque cuando pasan los procesos de crisis, entras en otras etapas; empiezas a caer en cuenta de que ya no tienes casa, y la vida comercial se reactiva aumentando la brecha de desigualdad porque tienes una cantidad importante de venezolanos que se quedó atrás porque les cambió la vida”, afirma esta economista.
Con su chaleco amarillo y un dije en el cuello que dice “VZLA” en los colores de la Bandera Nacional, Franco remarca que hay un grupo de voluntarios “que se agota física y emocionalmente”. No puede contener las lágrimas al decirlo.
“Hay que sentarse a reflexionar profundamente en el país en el que nos encontramos. Creo que hay que avanzar por encima de las diferencias; parece un cliché, pero no es un cliché; en el accionar lo vivimos”, agrega.
Vivió la experiencia de pedirles a voluntarias y voluntarios que se colocaran una gorra para protegerse del sol de plomo que cae estos días sobre la Ciudad Universitaria, “y te encontrabas con que decían Coca-Cola, Pepsi, Harina Pan, Cuatro F, Hay un Camino… Todas las gorras distintas, armando bolsas y trabajando. Es una imagen que pudiera reflejar lo que estamos viviendo. Creo que no hemos caído en cuenta de la magnitud de lo que pasó”.

“No hemos tenido tiempo ni de llorar”
Lustay habla del 24 de junio como si solo hubiesen pasado tres días, aunque ya transcurrió una semana. “Se pierde la noción del tiempo. No hemos tenido tiempo ni de llorar, ni de enterarnos de cuánta gente ha muerto”.
Ha apoyado la recepción de ropa en la Plaza del Rectorado de la UCV: “Hemos logrado clasificar por talla, por peso, género. Ayer llegaron los muchachos con dos urnas pequeñas y eso me desestabilizó, porque mientras veía los juguetes para mandar a los refugios, también vi las urnas”. Es verdad, afirma, que el país continúa, pero “hay una herida que queda y hay que hacer esfuerzos titánicos para sanarla”.
Rechaza cualquier opinión o comentario que no sea útil para el momento. Y explica las razones: “Si tu mensaje no tiene nada que ver con motivar, con reactivar, con dar soluciones, con darle apoyo moral al que está levantando escombros tenga o no uniforme, coño, no sirve que hables de nada”.
Ha preferido no usar sus redes sociales para comunicarse. “Estoy doblando ropita, que es nuestra manera de recoger escombros, con la intención de que llegue a alguien que la utilice”. Pide a las comunicadoras y comunicadores que prevalezca la ética, que se deje el morbo. “La gente discierne ese contenido, y sale a rechazarlo”, asegura.
El cansancio físico y emocional, admite, “es algo clave, y el voluntariado lo tiene”. En estas situaciones no puede olvidarse el “por favor”, el “¿podrías?”. Venezuela está herida, sostiene: “Estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance. Tengan por seguro que aquí se organizó mucha gente desprendida de todo. Esta es una herida al país. El año 2026 ha tenido muchas heridas y debemos hacer esfuerzos para que retomemos realmente el hilo de la nación”.
