Editorial: La guerra nunca terminó y el petróleo lo confirma

Opinión

 Julio A. López, editor jefe. — Una advertencia de hace 113 años realizada por Winston Churchill el 17 de julio de 1913, cuando como Primer Lord del Almirantazgo británico defendía ante la Cámara de los Comunes la diversificación de las fuentes de combustible naval: “de ninguna calidad, de ningún proceso, de ningún país, de ninguna ruta y de ningún yacimiento debemos depender. La seguridad y la certeza en el petróleo residen en la variedad, y solo en la variedad”. Esa frase resume exactamente lo que el mercado volvió a olvidar en junio de este año, cuando el Brent retrocedió con fuerza y los operadores dieron por superada la crisis.

Lo que el mercado petrolero interpretó en junio como el cierre de un capítulo bélico resultó ser apenas una pausa. El Brent, que había caído hasta 73,74 dólares por barril el 23 de junio —su nivel más bajo desde el 27 de febrero, pegado a la zona de 72-73 dólares previa a la guerra—, llevó a los operadores a dar por finalizada la crisis, convencidos de que la reapertura del estrecho de Ormuz marcaba el fin de la prima de riesgo bélico. No fue así.

El “todo despejado” que nunca existió

Entre el 16 y el 18 de julio, el Brent completó un viaje de ida y vuelta que puede resumirse como “toda la psicología del mercado en una sola línea”: el crudo saltó de nuevo hasta rondar los 90 dólares, con un alza de aproximadamente 2,4% durante el fin de semana, y tocó picos intradía cercanos a 92 dólares, mientras Bloomberg reportaba que Teherán consideraba el alto el fuego “efectivamente abandonado”. El referente estadounidense West Texas Intermediate se ubicó en torno a 84,52 dólares, un avance de 2,5%, lo que representa un movimiento de más de 20% desde el mínimo de junio en menos de un mes, algo que los analistas no describen como una simple deriva, sino como una depreciación abrupta del riesgo geopolítico.

La curva de futuros confirma la magnitud del cambio: el diferencial de Brent a seis meses movía el mercado. “El mercado despreció la guerra” y luego tuvo que recalcular en 72 horas.

Ormuz: de 140 tránsitos diarios a solo cuatro

El estrecho que mueve normalmente cerca de 20.3 millones de barriles diarios —aproximadamente 30% del crudo transportado por mar y una quinta parte del GNL mundial— operó este fin de semana prácticamente como “un margen de error de redondeo”: apenas 4 tránsitos el domingo y 8 el sábado, tras 3 el jueves y 6 el 13 de julio, frente a un ritmo previo a la guerra de entre 125 y 140 buques diarios.

El transporte de GNL prácticamente se detuvo, con solo un cargamento que salió del Golfo durante toda la semana. Un incidente sin confirmar —un buque en llamas reportado por UKMTO el 19 de julio a ocho millas náuticas de Kumzar, Omán— fue suficiente para mantener a los navieros anclados en lugar de arriesgarse a transitar. El estrecho no necesitó cerrarse formalmente. No fue necesario un anuncio oficial; se cerró solo con el seguro y el miedo.

La amenaza sobre el mar Rojo: “todo el petróleo saudita será blanco”

El segundo frente crítico se activó cuando los hutíes de Yemen lanzaron misiles contra Arabia Saudita el 13 de julio. Tres días después, su líder trazó una línea clara: “Todo el petróleo saudita y las demás instalaciones vitales serán objetivos”. Ese mismo 16 de julio trascendió que Irán había pedido a los hutíes que se prepararan para cerrar el mar Rojo si Estados Unidos atacaba la infraestructura eléctrica iraní. Por Bab el-Mandeb transitan normalmente entre 4,2 y 4,9 millones de barriles diarios, lo que representa cerca del 9% del crudo marítimo mundial y del 8% del GNL que cruza hacia Suez y el oleoducto SUMED.

La gravedad de esta amenaza radica en que golpea directamente la ruta de escape que Arabia Saudita construyó para esquivar el paso por el estrecho de Ormuz: el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, transporta hoy cerca del 75% de las exportaciones del reino. “Si el arma en el Mar Rojo dispara, el bypass principal queda cortado en el mismo movimiento”.

A diferencia de Ormuz, este frente sigue siendo, por ahora, una amenaza y no un cierre confirmado: todavía no hay una caída verificada en julio del tránsito por Bab el-Mandeb ni por Yanbu. El riesgo, sin embargo, ya se refleja en el flete y en la retórica antes de aparecer en las cifras de flujo: “exactamente la misma dinámica que engañó a todos en junio”.

Tres corredores, un mismo patrón

El mapa de riesgo se completa con un tercer frente inesperado: un terminal petrolero del mar Negro suspendió sus operaciones tras el impacto de proyectiles contra dos buques la semana pasada. La coincidencia de tensiones simultáneas en tres estrechos distintos —y no un episodio aislado— es precisamente lo que convierte esta crisis en algo estructural: cada vez que el mercado trata una reapertura como definitiva, se expone a otro salto de precios como el que se registró este fin de semana.