Luis Vilchez.- Las redes sociales oficiales del basquetbolista LeBron James son @KingJames. El oriundo de Akron, Ohio, tiene el trato de un rey en la NBA. Tras culminar su contrato en Los Angeles Lakers, todo parecía indicar que era el momento de retirarse de los tabloncillos con sus últimas actuaciones en la tierra del Showtime. Sin embargo, el alero consideraba que podía extender su reinado. ¿Culminaría el círculo donde empezó en Cleveland Cavaliers? ¿Pondría el punto final en Miami en su reencuentro con el icónico Pat Riley y la flamante incorporación del dos veces MVP, Giannis Antetokounmpo? Sonaba todo muy fácil. Con 41 años, tras ganar su propia batalla de Troya y construir un legado intachable, LeBron escogió el destino más similar a una odisea: los Philadelphia 76ers. El riesgo de fracaso y de que este cierre de carrera sea como el de Michael Jordan con los Washington Wizards es alto. Dirían los toreros: puerta grande o enfermería. Capaz vio la película de Christopher Nolan y se motivó a elegir la ruta de las dificultades.
“No estaba listo para anunciarlo, y sabía que necesitaba tiempo para decidirme, pero estaba bastante seguro de que había jugado mi último partido. Fui sincero en esa última rueda de prensa cuando dije que necesitaba reflexionar y decidir si todavía amaba este juego. Todavía amo este juego de verdad, y tengo mucho más que ofrecer”, explicó en redes sociales el máximo anotador de toda la historia de la NBA. En ese comunicado James agregó: “Las últimas semanas han sido realmente especiales. Nunca antes había tenido la oportunidad de no saber qué hacer y tomarme un tiempo para reflexionar. He pasado unos meses increíbles con toda la gente que quiero, tratando de resolverlo todo. Esta es mi última decisión. No voy por dinero. No voy por mi familia. ¿Qué es lo que realmente me importa a estas alturas? Todavía quiero sacrificarme. Todavía quiero trabajar. Todavía quiero esforzarme. Todavía quiero competir, ganar y tener la oportunidad de sentir que gano otro campeonato”. Su vínculo contractual es por el irrisorio monto de 8 millones de dólares por dos años, cuando la temporada pasada se embolsó 53 millones de dólares con los Lakers.
El rey esperó hasta el 24 de julio para anunciar dónde jugaría su campaña 24 en el mejor baloncesto del mundo, cuando la marea de la Copa del Mundo ya había bajado. La decisión de dónde tendría su nuevo trono ha acaparado todas las portadas. Según el medio británico The Athletic, hasta ese viernes por la mañana pocos sabían su destino. Incluso el Miami Heat pecó de ansioso al programar una transmisión en vivo de la conferencia de prensa de su regreso a Florida. Esa filtración corrió por las redes sociales, aunque fue eliminada pronto. La ambición de ser el primero en ganar anillos con cuatro equipos diferentes pudo más. Los cofres del reino están llenos de riquezas. Según Forbes, es el cuarto atleta más rico del planeta con una fortuna de 1.400 millones de dólares, de los cuales 580 millones han sido con el baloncesto. El resto ha sido con sus inversiones y contratos publicitarios. Recientemente participó en una ronda de financiación de Whoop, empresa de dispositivos portátiles. También tiene acciones en Hennessy, Richard Mille y DraftKings.
¿Hasta qué punto era importante su decisión? A tal nivel que tenía frenado el calendario de la siguiente campaña de la NBA. «El lugar donde juegue afectará al calendario. Como se imaginarán, los equipos nos están llamando, las cadenas de televisión nos están llamando y todos quieren cerrar el calendario. Influirá en cómo lo organizamos, cómo fijamos la semana inaugural, el día de Navidad, etc. (…) Me gustaría que hiciera su anuncio cuanto antes para que podamos terminar de elaborar el calendario. Necesito que tome una decisión», recriminó Adam Silver, comisionado de la liga, en un evento en Nueva York.
Un reinado de leyenda
¿Es exagerado el trato a LeBron James? En el deporte las hipérboles y la idolatría a los atletas están a la orden del día. Sin embargo, el alero se ha ganado el derecho a competir por ser el G.O.A.T. (Greatest of All Time). En su momento fue portada de la prestigiosa revista Sports Illustrated. En su recorrido acumula 22 selecciones en el All-Star. Hasta cuatro veces ha sido el Jugador Más Valioso de la temporada y la misma cantidad de veces en las finales de la NBA, aparte de otros tres MVP en el Juego de las Estrellas. Con la selección de Estados Unidos tiene tres medallas de oro olímpicas: Pekín 2008, Londres 2012 y París 2024.
Su camino comenzó en Cleveland en 2003, cuando la canción más popular era In Da Club del rapero 50 Cent y la película ganadora del Óscar fue El pianista. Disputó su primera final en 2007, donde cayó contra los Spurs de San Antonio. En 2010 hizo un programa especial con ESPN que se llamó The Decision y fue donde pronunció una frase histórica para el baloncesto: “I’m going to take my talents to South Beach”. En Florida armó un monstruo de tres cabezas junto a Dwyane Wade y Chris Bosh. Llegó a cuatro finales y ganó dos. Luego, como agente libre, regresó a los Cavaliers y saldó su deuda con un título en 2016, con una remontada memorable contra Golden State Warriors tras ir abajo en la serie 3-1, para ser una de las mejores finales de la historia de la NBA.
Su penúltimo paso fue en 2018, otra vez como agente libre, para ir a los Lakers, huérfanos de una figura tras la retirada de Kobe Bryant. Con el cuadro de oro y púrpura alzó el campeonato de 2020, en un torneo disputado en una burbuja en Orlando por las restricciones de la COVID-19. En su última campaña en el cuadro lagunero promedió 20,9 puntos, 6,1 rebotes y 7,2 asistencias por partido. Vigencia. Si ampliamos el escenario en una carrera de más de 1.600 partidos, ha promediado: 26,8 puntos, 7,5 rebotes y 7,4 asistencias. Por todo este legado, la ciudad de Filadelfia se ilusiona.
LeBron, que entiende más que nadie el concepto del filósofo Guy Debord de La sociedad del espectáculo, explicó en redes sociales su arribo a la ciudad de Rocky Balboa con la canción Dreams and Nightmares del rapero filadelfiano Meek Mill, un himno deportivo en esa ciudad. Desde la llegada de Bryce Harper a los Philadelphia Phillies en marzo de 2019, no había un arribo que generara tanta expectativa. El gobernador demócrata de Pensilvania, Josh Shapiro, proclamó ese viernes como el “Día de LeBron James” en el estado. Algunos afirman que es la firma más importante que se da en la región desde que unos tales Thomas Jefferson, Benjamin Franklin, entre otros, dejaran su rúbrica en un papel allá en 1776 llamado Declaración de Independencia. Muchos ya fantasean con un desfile por Broad Street, donde se celebran las grandes gestas deportivas.
Escribir epopeyas en el Xfinity Mobile Arena
Los ocho millones de dólares por dos temporadas no parecen un argumento sólido. Tampoco la familia, porque la James Gang —el apodo que le ha dado a su familia— se queda a 3.860 kilómetros de su nuevo hogar. Bronny James, su hijo, tiene contrato con los Lakers; mientras que su esposa, Savannah, e hija, Zhuri, prefieren vivir cerca de Hollywood. Luego de ganar en Cleveland, Miami y Los Ángeles, ahora tendrá que lidiar con una de las aficiones más exigentes de Estados Unidos. Una ciudad que siempre tiene grandes expectativas, pero que usualmente protagoniza frustraciones continuas. Solo han ganado en 1967 y 1983, y la última vez que estuvieron cerca fue en 2001 de la mano de un genial Allen Iverson, que ganó el MVP ese curso.
La principal razón es que siente que puede ganar su quinto anillo en los Sixers, en especial con la llegada de Jaylen Brown de los Celtics de Boston, quien fuera MVP de las Finales de 2024 y cinco veces parte del All-Star. Ya estaban Tyrese Maxey y Joel Embiid, este último habitualmente castigado por las lesiones. Sin embargo, en la Conferencia Este tienen que medirse con los New York Knicks, vigentes campeones, y Miami Heat. En el lado Oeste mantienen sus etiquetas de favoritos San Antonio Spurs y Oklahoma City Thunder. Al igual que Penélope, el trofeo Larry O’Brien tiene muchos pretendientes.
A nivel de pizarra, los Sixers necesitaban con urgencia un ala-pívot y James encarnaba mejor que nadie esa opción. Al rey, que es el máximo anotador, no lo necesitan tanto para que castigue el aro, sino para que dirija el juego: un creador de acciones más que un finalizador. Pero también tendrá que luchar con la sombra de ese título de 1983, donde fueron liderados por uno de los basquetbolistas más brillantes de todos los tiempos: Julius Erving. Dr. J estuvo acompañado por Moses Malone, Bobby Jones, Maurice Cheeks y Andrew Toney. Tuvieron un escalofriante récord en temporada regular de 65 victorias y solo 17 tropiezos. Solo perdieron un juego en playoffs.
Solo Robert Horry, Danny Green y John Salley han ganado con tres equipos diferentes. Hacerlo en Filadelfia sería aún más épico. La llegada de James sacude a la ciudad como fue el arribo de Harper a los Phillies o de Terrell Owens a los Philadelphia Eagles (NFL) en 2004. Pero esas expectativas van de la mano de una base de aficionados avezados en la NBA y de paladar negro. Medios de comunicación a los que no les tiembla el pulso para dar opiniones con vinagre. Un Xfinity Mobile Arena que es una trituradora de talento. El rey tiene que conquistar el corazón de los habitantes de una ciudad marcada por su clase obrera e historial industrial. Ganar en Illadelph, como se le conoce en la jerga urbana, no es para cualquiera.
Desde 2001, los Sixers no tenían una oportunidad tan clara de llegar a la cima. Pero para eso James tendrá que cegar a su propio Polifemo, doblegar a los Lestrigones, liberar a sus soldados de Circe, hacer su descenso al Hades, no caer en la tentación de las sirenas, superar a Escila y Caribdis y desprenderse de Calipso. Muchos fanáticos sentirán que abrió la bolsa de los vientos por una decisión tan arriesgada. Pero como escribió la poeta peruana Blanca Varela: “Considero que lo más importante, el mayor regalo que se le puede hacer a alguien que uno ama, es darle la capacidad de elegir lo que quiera, darle libertad”.
LeBron James, al igual que Ulises (para los romanos), es un monarca y un héroe imperfecto. Inteligente y resiliente, pero también su hibris (arrogancia extrema en la Antigua Grecia) y curiosidad imprudente pueden poner una mancha en su carrera. En la Odisea de Nolan indican que lo que cantan las sirenas es: «Lo que más quieres es lo que menos puedes tener y lo que menos puedes tener es lo que ya tenías y perdiste». En Filadelfia se formó la primera liga profesional de baloncesto en 1898 y ahí pondrá fin a su carrera The Chosen One. Solo el tiempo determinará si todo culmina en lamento o estará a la altura de tipos como Wilt Chamberlain. Lo que es seguro es que será un viaje apasionante.
