Natalia Jaua
Este sábado 1 de agosto comenzarán formalmente las conversaciones entre representantes de la oposición venezolana y el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), en un proceso tutelado por Estados Unidos que busca establecer ─según sus promotores─ una “hoja de ruta” para la transición política del país.
La mesa reunirá a representantes de la Asamblea Nacional electa en 2015, presidida por la opositora Dinorah Figuera, y a una comisión gubernamental encabezada por Jorge Rodríguez, presidente del actual parlamento y hermano de la encargada de la Presidencia, Delcy Rodríguez.
El proceso llega marcado por una particularidad: Washington ha tenido un papel central en su diseño y ha confirmado que participará activamente en la transición política venezolana.

Una hoja de ruta hacia la reinstitucionalización
Dinorah Figuera ha insistido en que el mecanismo no constituye una negociación paralela destinada a fragmentar a la oposición, sino un espacio institucional orientado a construir una hoja de ruta para la reinstitucionalización del país.
La dirigente ha explicado que Estados Unidos planteó una hoja de ruta estructurada a partir de las fases concebidas por el presidente Donald Trump y el secretario de Estado Marco Rubio para avanzar hacia la recuperación democrática.
Figuera también ha insistido en que su participación no responde a una representación partidista. En una entrevista radial, afirmó: “En este momento quiero desvestirme de la militancia política para contribuir al país desde una perspectiva institucional”.
Sobre el papel de Washington, la presidenta de la Asamblea de 2015 ha tratado de diferenciar entre acompañamiento e intervención. “Estoy agradecida por participar en este proceso y recibir asesoría, acompañamiento no intervención ni lineamientos coercitivos”, afirmó.
Figuera ha asegurado además que “todos los sectores democráticos” serán invitados a participar y que el objetivo final debe ser la recuperación de condiciones que permitan celebrar elecciones en las que los votos sean respetados.
Machado da un paso al lado
Mientras Figuera se prepara para encabezar la delegación de la Asamblea de 2015, María Corina Machado confirmó que no participará en el proceso.
En un comunicado conjunto con Edmundo González Urrutia, Machado explicó que el mecanismo fue construido sin su participación.
“Miembros de la Asamblea Nacional de 2015 y representantes del régimen han anunciado la creación de un mecanismo entre ambos en cuyo diseño, construcción y funcionamiento, no participamos; por lo tanto, no nos corresponde explicar sus alcances y sus decisiones”, señaló.

La dirigente, sin embargo, dejó abierta la posibilidad de respaldar resultados concretos.
Machado y González afirmaron que “no serán obstáculo a ninguna iniciativa que produzca avances reales” hacia una transición política, pero advirtieron que evaluarán el proceso a partir de resultados verificables.
Entre esos resultados mencionaron la recuperación de las instituciones democráticas, la liberación de los presos políticos, garantías para todos los actores sin exclusiones, un cronograma electoral presidencial oportuno y el respeto a la soberanía popular.
La decisión deja a Machado fuera de la mesa formal, aunque no necesariamente fuera de la disputa por definir el rumbo de la transición.
Qué dice el chavismo
Diosdado Cabello, secretario general del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y ministro de Interior, ha insistido en que el único punto que llevarán a la mesa será el levantamiento de las sanciones internacionales.
El chavismo, además, ha buscado mostrar una posición unificada frente a las conversaciones, al tiempo que cuestiona la fragmentación de la oposición.

No obstante, no todo el chavismo respalda el proceso, ya que sectores radicales han censurado el nuevo ciclo de negociaciones.
El diputado Francisco Arias Cárdenas planteó públicamente sus dudas sobre el alcance del mecanismo: “¿Todo lo decidirá el Departamento de Estado? ¿La oposición designada y el gobierno designado por Estados Unidos harán un acuerdo a espaldas del pueblo? ¿No habrá una discusión pública de la que esté al menos enterada la gente?”
La diputada chavista Iris Varela también rechazó el proceso. “No lo veo como positivo, no apoyo eso, me parece que eso es una falsedad”, afirmó durante una manifestación en Caracas.
El “por ahora” de Ameliach
En medio de esas críticas, Francisco Ameliach, fundador del PSUV y actual secretario de Seguridad y Defensa de la organización, publicó un artículo cuyo título alude directamente al célebre “por ahora” pronunciado por Hugo Chávez después del fallido golpe de Estado de 1992.
Ameliach sostiene que los acontecimientos del 3 de enero obligan al chavismo a recuperar una doctrina de supervivencia nacional y compara la coyuntura actual con decisiones pragmáticas adoptadas por Simón Bolívar y Hugo Chávez en momentos de crisis.
Made in América
El Gobierno estadounidense ha respaldado inequívocamente el proceso de negociación y ha jugado un rol determinante en su puesta en marcha.
Marco Rubio confirmó señaló que el entendimiento alcanzado entre representantes de la Asamblea de 2015 y el Gobierno permitirá establecer un foro de reconciliación y comenzar el proceso de transición política.

Washington también ha dejado claro que seguirá de cerca las conversaciones y que tendrá una participación activa en la transición.
La Casa Blanca ha insistido en que la única instancia que goza de su reconocimiento es la Asamblea de 2015, a la que Donald Trump respaldó en 2019 cuando desafió la legitimidad de Nicolás Maduro.
Ese esquema coloca a la Asamblea presidida por Figuera en una posición institucional particular dentro de la transición.
¿Una válvula de escape?
Las conversaciones del 1 de agosto constituyen un nuevo intento de acercamiento entre el chavismo y sectores de la oposición, pero se producen en condiciones muy diferentes a las de anteriores negociaciones.
En procesos anteriores, como las conversaciones facilitadas por Noruega, las partes tenían un margen mayor para definir sus propios interlocutores, mediadores y agendas. En esta ocasión, Estados Unidos aparece como el actor externo con mayor capacidad para establecer el marco del proceso.
El diálogo se produce siete meses después de la caída de Nicolás Maduro y de la instalación del Gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez, en un país que atraviesa una profunda crisis económica y social.

Para el analista político Juan Barreto, la decisión de Washington de reconocer a la Asamblea de 2015 como interlocutora tiene una dimensión que va más allá de lo político.
“Al no reconocer a la AN de 2025, Estados Unidos requiere de la instancia de 2015 para respaldar institucionalmente las reformas marco —como la Ley de Hidrocarburos y la Ley de Minería— y legitimarla como única representación legal con potestad para reclamar activos venezolanos en el exterior”, sostiene Barreto.
El analista considera que el mecanismo también busca ordenar la relación entre las distintas fuerzas opositoras.
“Al otorgar el protagonismo institucional a la AN de 2015 presidida por Dinorah Figuera, Washington busca contener momentáneamente a María Corina Machado, encauzándola en una posición secundaria dentro del tablero sin desacreditarla por completo, pero supeditando su actuar al marco fijado por la mediación estadounidense”, afirma.
Para Barreto, la mesa puede funcionar además como una instancia para canalizar el malestar social.
Describe el diálogo “como un mecanismo institucional para absorber y regular la presión de la opinión pública”.
“Permite recibir reclamos ciudadanos, sociales y de la calle —en un contexto de baja convocatoria opositora reciente— sin que la desatención directa de los problemas derive en situaciones incontrolables”, agrega.
El resultado de la mesa, sin embargo, está todavía por verse y una incógnita atraviesa todo el proceso: ¿quién terminará definiendo los términos de la transición política venezolana?
