Óscar Reyes Matute
Es como aquella hermosa película protagonizada por Bill Murray y Andie McDowell que no nos cansamos de ver repetida en los viejos canales por cable: El Día de la Marmota. Murray queda atrapado en un loop temporal, y el día se repite igual, una y otra vez, desde que amanece hasta el anochecer, siempre la misma historia.
Donald Trump es un hombre del espectáculo, y por supuesto que conoce la película. Su política comunicacional no duda en recurrir a estos recursos, para confundir, para desmarcarse del enemigo, y sobre todo para que el precio del petróleo (y la gasolina en casa durante un año electoral) no se disparen.
El patrón operativo de Trump sigue una métrica precisa: lanza un ultimátum maximalista amenazando con bombardeos destructivos a la infraestructura iraní, luego suspende las acciones militares asegurando que Teherán «ha pedido negociar» o que el acuerdo para reabrir el estrecho de Ormuz está «prácticamente listo», e inmediatamente la diplomacia iraní sale a desmentir categóricamente cualquier capitulación.
Esta maniobra recurrente enfría momentáneamente la volatilidad del crudo y da un respiro a los mercados de Europa y China —altamente dependientes del petróleo que cruza Ormuz—, pero no resuelve el fondo de la crisis energética ni militar, al menos en Asia.
Un bucle en cuatro actos
Balance cuantitativo y de mercado
¿Cuántas veces ha ocurrido? Hemos contabilizado al menos cuatro ciclos principales en los que la Casa Blanca anuncia treguas imprevistas tras amenazar con bombardeos destructivos.
¿Cuántos desmentidos? En las cuatro ocasiones, la vocería de la cancillería iraní ha salido públicamente en menos de 24 horas a negar que hayan pedido la paz o aceptado las exigencias de Washington.
Este bucle actúa como una válvula de alivio para los precios del barril, evitando picos hiperinflacionarios a corto plazo, pero deja en el aire la incógnita de hasta cuándo la diplomacia del micrófono sostendrá el equilibrio en la arteria petrolera del planeta.
El negocia funciona perfecto; EE.UU. ha vendido petróleo y gas licuado como nunca, mientras Europa tiembla en plenos incendios estivales pensando en el frío del próximo invierno, sin gas licuado, sin petróleo de Ormuz ni energía nuclear.
¿La ventaja de Trump? Lo ha dicho claramente: EE.UU. y Venezuela poseen el 60% de las reservas petroleras del mundo. No necesita Ormuz, tiene la Faja del Orinoco y Alaska. Había que invadirnos, para asegurar este tanque petrolero americano, porque el asiático es demasiado volátil.
