La paz está en los titulares, la guerra está en los mercados

Especiales Global

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Julio A. López, editor jefe.- Desde Washington o desde Truth Social, llega la misma promesa: el Estrecho de Ormuz «se reabrirá pronto», el acuerdo está «a horas de firmarse», es «un gran día para la paz mundial». Llevamos así desde abril, cuando Donald Trump anunció el primer alto el fuego con Irán, que calificó de un hito histórico. Desde entonces hemos visto ceses del fuego que se extienden, colapsan y se vuelven a anunciar, una y otra vez, como si la guerra fuera un problema de comunicación y no de misiles.

Mientras los políticos hablan de paz, los números hablan de guerra.

Un VLCC —uno de los petroleros más grandes que existen— acaba de conseguir, no sin esfuerzo, entrar al Golfo para cargar dos millones de barriles de crudo iraquí. El flete: entre 23 y 25 millones de dólares. Antes de la guerra, esa misma operación costaba unos 2 millones. Es decir, los armadores están cobrando doce veces más por atravesar un estrecho que, según el discurso oficial, está a punto de normalizarse. Nadie pone ese precio por una ruta seria si de verdad cree que el riesgo desaparecerá la semana que viene.

El tráfico lo confirma. Solo 33 buques cruzaron Ormuz entre el lunes y el jueves, frente a los 50 de la semana anterior. Apenas seis petroleros cargados de crudo lograron salir, cuando antes de la guerra 130 buques pasaban a diario por esa ruta marítima. Y ADNOC, la petrolera estatal de Emiratos —no un grupo armado reivindicando un ataque, sino la propia empresa— confirmó que 15 de sus barcos han sido alcanzados por misiles o drones desde que empezó la guerra, tres de ellos en la última semana, con un tripulante muerto y veinte heridos. Esto no es percepción de riesgo: es riesgo materializado, contado por quien pone el barco y la tripulación.

El mercado de seguros ya lo había descontado antes que nadie. Lloyd’s mantiene cláusulas que pueden cancelar la cobertura de cualquier buque que pague los peajes que Irán intenta cobrar por su ruta alternativa, mientras las sanciones estadounidenses vuelven prácticamente inviable ese esquema. Es la prueba más fría de todas: cuando una aseguradora no quiere cubrir un riesgo, no es porque desconfíe del titular, sino porque ha hecho el cálculo.

Y el petróleo, que no lee comunicados ni cree en los gestos diplomáticos, sube. Brent por encima de 83 dólares, el West Texas Intermediate cerca de 78 dólares, ambos en alza el mismo día en que, otra vez, se hablaba de un acuerdo «inminente» sobre Ormuz.

Aquí está la contradicción que debería incomodarnos: los mismos días en que se anuncia que la reapertura del estrecho es cuestión de horas, los fletes marcan récords, los seguros se retiran, los ataques se acumulan y el crudo sube. La paz, cuando existe, se mide en el tráfico de barcos, en el precio del riesgo y en las primas de seguro —no en publicaciones ni en ruedas de prensa. Y por esa métrica, la única que no miente porque nadie la controla, seguimos en guerra.

Los mercados no negocian con épica. Cotizan hechos. Y ahora mismo, lo que están cotizando es que nadie —ni armadores, ni aseguradoras, ni la propia Irak, que ofrece descuentos de hasta 30 dólares por barril para compensar el sobrecosto del flete— cree en la paz que anuncian los políticos.