Óscar Reyes Matute
The Daily Journal – Una simple carta puede marcar el rumbo de la política exterior de una nación. La reciente entrega de una misiva por parte del Rabino Isaac Cohen a la encargada de la Presidencia, Delcy Rodríguez, en la que solicita formalmente la reanudación de las relaciones diplomáticas entre Venezuela e Israel, formaliza un paso esperado.
Lejos de la retórica del pasado, la propuesta encuentra terreno fértil en una dinámica de respeto mutuo y cálculo estratégico.
Las batallas ideológicas, políticas y militares no se ganan únicamente con cañones. Existe lo que se llama el soft-power, e Israel es un experto en esta modalidad del trato diplomático. El soft-power incluye ayuda humanitaria luego de los terremotos, asistencia técnica, educación, y hasta soporte y modernización de las FFAA.
Israel lo ha practicado largo tiempo en África con países mayoritariamente cristianos, que han recibido apoyo vital en materia de tratamiento de agua, agricultura, educación y salud. Nada que no puedan hacer en Venezuela.
I. Afinidad, Pésaj y la diplomacia de los gestos
El acercamiento no surge de la nada. La encarga de la Presidencia ha manifestado en diversas oportunidades su simpatía por el Rabino Cohen. Durante la última Semana Santa y la festividad de Pésaj, cuando ambas coincidieron, Rodríguez envió calurosos mensajes a la comunidad judía venezolana, haciendo votos por el restablecimiento de los nexos bilatelares bajo los principios de soberanía y entendimiento.
Ese clima favorable se consolidó tras la llegada de la delegación de apoyo israelí luego de los recientes sismos que afectaron al país. La recepción oficial al personal de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF), representadas entre otros por su vocero en español, Roni Kaplan, transformó la intención en hechos. Kaplan quedó enamorado de Venezuela, y uno sabe por qué, le ocurre a tantos…
La ayuda técnica desplegada en La Guaira construyó puentes de solidaridad basados en la cooperación directa.
Los habitantes de La Guaira recibieron cálidamente a la delegación israelí. ¿Por qué no iban a hacerlo? Aparte de que llevaban ayuda, ellos saben que si Jesús era judío, no tienen por qué apostar por el exterminio del Estado de Israel, una geopolítica muy peligrosa a la que se adhirió el proceso anterior durante 26 años tratando de sacarnos de Occidente para meternos vaya usted a saber dónde.
Hasta en la UCV, bastión de la izquierda irredenta desde los años ’60, recibieron a la delegación cantando «El Pueblo de Israel Vive». Los tiempos cambian.
II. Agua y tierra: El know-how tecnológico que necesita el país
Más allá de los gestos, la decisión responde a intereses concretos. Venezuela enfrenta retos severos en infraestructura y producción de alimentos. Israel es líder global en tecnología de desalinización y gestión hídrica, un recurso vital para resolver la crisis del agua en el litoral central.
En el sector agropecuario, la experiencia israelí en aridez y riego de precisión (hidroponía) representa una oportunidad para reactivar zonas agrícolas golpeadas por años de expropiaciones en Guárico, Barinas, Portuguesa y Cojedes. La integración de esta tecnología con los productores locales y los campesinos desempleados puede convertir tierras subutilizadas en polos de producción alimentaria a corto plazo. Es el mejor freno para la penetración de los grupos irregulares: que las tierras produzcan en abundancia, que garanticemos nuestra seguridad alimentaria, y hasta nos convirtamos en una potencia exportadora de alimentos. Alguna vez lo fuimos: ¿quién dice que no se puede otra vez?
III. Los Acuerdos de Abraham y la reinserción geopolítica
En el plano internacional, la normalización de relaciones se alinea con la dinámica de los Acuerdos de Abraham, orientados a la integración económica y el reconocimiento mutuo en Medio Oriente. Aceptar la realidad de la existencia del Estado de Israel, establecida en 1948, permite a Venezuela insertarse en un bloque comercial en expansión.
Esta orientación no implica un aislamiento del mundo islámico. La estrategia podría plantear fortalecer vínculos con naciones musulmanas de corriente sunita, como Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, enfocadas en la inversión y el desarrollo. Este enfoque distancia al país de alianzas pasadas con actores como Irán o grupos extremistas y terroristas, redefiniendo la política exterior en función del crecimiento económico y el pragmatismo.
IV. Un dilema diplomático final
Si la reanudación de relaciones se concreta, la diplomacia venezolana enfrentará una decisión clave sobre la ubicación de su sede gubernamental: la tradicional plaza de Tel Aviv o el reconocimiento de Jerusalén como capital.
Mientras la incertidumbre política continúa su curso, la propuesta del Rabino Cohen abre un debate necesario sobre el papel de Venezuela en el nuevo mapa geopolítico global.
