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Julio A. López, editor jefe.- Ayer publicamos información bajo el titular «Acuerdo secreto: SLB tendrá acceso a toda la data de Petróleos de Venezuela”. La noticia generó numerosos comentarios, preguntas y mensajes de lectores y profesionales de la industria, pero no todo secreto es malo; la opacidad sí puede serlo.
En cualquier negociación empresarial existen elementos que legítimamente deben permanecer confidenciales. Una compañía protege sus fórmulas, tecnología, estrategias comerciales, estructuras de costos, modelos geológicos, ofertas económicas y posiciones durante una negociación. En la industria petrolera, además, los acuerdos de confidencialidad son una práctica habitual cuando las empresas intercambian información técnica, estudian un yacimiento o realizan un proceso de due diligence. Esa confidencialidad protege intereses comerciales legítimos y, a menudo, resulta indispensable para alcanzar un acuerdo.
Nuestro cuestionamiento no apunta a esa confidencialidad.
Cuando el Gobierno venezolano anunció públicamente la firma del acuerdo entre Pdvsa y SLB —antes Schlumberger—, debió explicar con mayor precisión su alcance. Si el convenio contempla que SLB participe en la organización, modernización, digitalización y análisis de la información técnica de los yacimientos venezolanos, ese elemento constituye una parte relevante del acuerdo y el mercado debió conocerlo desde el anuncio.
En su momento, el anuncio oficial se limitó a describir el acuerdo como un «marco de estudios integrados de yacimientos», sin mencionar que también incluía la organización, modernización y digitalización de toda la base de datos técnica de los campos petroleros venezolanos. Esa omisión, más que el contenido del acuerdo en sí, fue lo que motivó a nuestro titular.
Pocas compañías no necesitan una presentación en la industria petrolera mundial. SLB es una empresa de trayectoria intachable, con 97 años de presencia en Venezuela y reconocida en toda la industria petrolera mundial por su rigor técnico. Que sea esta compañía la que asuma la reorganización de la información geológica y operativa de Pdvsa es, en nuestra opinión, una noticia positiva. El país necesita exactamente ese tipo de capacidad técnica para superar más de una década sin publicar estadísticas confiables sobre sus reservas y su producción.
La información geológica, sísmica, petrofísica, de pozos, de producción y de yacimientos constituye uno de los activos más importantes de cualquier nación petrolera. Convertir archivos dispersos o desactualizados en información confiable, digitalizada y útil para la toma de decisiones puede acelerar las inversiones y reducir la incertidumbre técnica.
El problema, por tanto, no es el SLB. El verdadero debate es cuánto conoce el país sobre el proceso de apertura petrolera en curso.
Mientras más información reciba el público, los inversionistas y el mercado sobre los acuerdos que celebra el Estado venezolano, más sólido será el proceso. La transparencia no implica publicar secretos industriales ni revelar cada cláusula comercial confidencial. Significa establecer reglas conocidas, criterios verificables y suficiente información para comprender quién recibe un área, bajo qué modalidad contractual, mediante qué procedimiento y cuáles son las obligaciones fundamentales asumidas.
Y allí todavía existe una enorme deuda informativa.
Hoy continúa sin conocerse públicamente información básica sobre numerosos acuerdos en negociación, los campos petroleros involucrados, los proyectos de gas, las empresas participantes, los criterios de selección y las condiciones generales bajo las cuales se adjudican las oportunidades. Eso sí debe preocuparnos.
The Daily Journal ha recibido en las últimas semanas abundante información sobre algunos de estos procesos. No publicaremos rumores ni documentos cuya autenticidad no podamos verificar. Nuestra política seguirá siendo la misma: investigar, contrastar y corroborar. Publicaremos esa información a medida que podamos verificarla de manera responsable.
Queremos que esta apertura tenga éxito; debemos advertir desde ahora algo: el proceso debe ser transparente, competitivo y verificable.
Les damos la bienvenida a todas las empresas interesadas en participar en la reactivación de los hidrocarburos venezolanos. El país necesita ese capital y ese conocimiento técnico. Este proceso de apertura debe estar sujeto al escrutinio público. La opacidad de hoy es el litigio de mañana. Contratos firmados en la oscuridad son vulnerables a ser cuestionados por una futura administración, por el público o por otras empresas que sientan haber sido excluidas de un proceso en el que debieron competir en igualdad de condiciones. La mejor forma de proteger estos acuerdos —y de proteger la credibilidad de quienes los firman— es exponerlos hoy a la luz, no esperar a que alguien más lo haga después.
