Ataques hutíes amenazan con regionalizar la guerra en el Golfo

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Julio A. López, editor jefe. — La historia demuestra que las grandes guerras no siempre comienzan como tales. En ocasiones, un enfrentamiento localizado activa alianzas y compromisos de defensa que terminan por involucrar a países que originalmente no formaban parte del conflicto.

Europa vivió ese proceso en 1914. Hoy, más de un siglo después, los ataques de los hutíes contra Arabia Saudita plantean una inquietante interrogante: ¿podría Oriente Medio encontrarse ante una dinámica semejante?

El paralelismo no significa que ambos escenarios sean iguales, pero sí existe un elemento común: una red de compromisos militares capaz de transformar un conflicto localizado en uno mucho mayor.

El 28 de julio de 1914, Austria-Hungría declaró la guerra a Serbia. Rusia se movilizó en respaldo de Serbia; Alemania, aliada de Austria-Hungría, declaró la guerra a Rusia y, posteriormente, a Francia. La invasión alemana de Bélgica contribuyó a la entrada del Reino Unido en la guerra.

En pocos días, una crisis en los Balcanes se convirtió en la Primera Guerra Mundial. Las alianzas militares no fueron la única causa, pero sí actuaron como un poderoso mecanismo para extender el conflicto.

Oriente Medio enfrenta hoy circunstancias diferentes, aunque con algunas similitudes preocupantes.

Los hutíes han atacado territorio saudita con misiles y drones, alcanzando ciudades e infraestructura estratégica. Arabia Saudita respondió militarmente contra objetivos en Yemen, mientras Pakistán inició gestiones diplomáticas ante Irán para contener la escalada.

Islamabad transmitió a Teherán un mensaje de Arabia Saudita: Irán debe utilizar su influencia sobre los hutíes para detener los ataques antes de que la crisis alcance proporciones mayores.

La preocupación pakistaní tiene una explicación adicional. El 7 de agosto, Arabia Saudita, Pakistán y Turquía firmaron en La Meca un acuerdo de defensa conjunta que establece que un ataque armado contra cualquiera de los tres será considerado un ataque contra los demás.

El ministro de Defensa pakistaní advirtió que una agresión contra el territorio saudita podría activar ese mecanismo de seguridad colectiva. Turquía, por su parte, llegó a comparar técnicamente el principio de defensa mutua del acuerdo con el Artículo 5 de la OTAN.

Eso cambia considerablemente la dimensión estratégica de los ataques hutíes.

Pakistán intenta evitar que la situación llegue a ese punto. Islamabad sostiene que una eventual participación de sus fuerzas estaría orientada a defender el territorio saudita y no necesariamente a llevar a cabo operaciones ofensivas en Yemen.

Pero la historia de 1914 ofrece una advertencia: cuando existen compromisos militares entre varios Estados, cada nuevo ataque puede obligar a otros gobiernos a tomar decisiones que inicialmente pretendían evitar.

Existe, además, un elemento que multiplica las consecuencias de cualquier escalada. Pakistán es una potencia nuclear; Arabia Saudita es uno de los mayores productores y exportadores de petróleo del mundo; y Turquía pertenece a la OTAN y constituye un puente geográfico entre Oriente Medio y Europa.

La participación militar de Turquía no implicaría automáticamente la entrada de la OTAN en la guerra. Las obligaciones de la Alianza Atlántica tienen sus propias condiciones. Sin embargo, involucrar directamente en el conflicto a un miembro de la OTAN extendería inevitablemente las consecuencias estratégicas del conflicto hasta Europa.

Todo ocurre mientras la guerra ya afecta el tránsito por el estrecho de Ormuz, los hutíes amenazan las rutas del mar Rojo y de Bab el-Mandeb, instalaciones sauditas han sido atacadas y el Brent volvió a cerrar por encima de US$100 por barril.

El peligro está precisamente en la conexión entre esos frentes. Un ataque hutí de mayor magnitud podría llevar a Riad a solicitar asistencia a sus aliados. Pakistán y Turquía tendrían entonces que decidir hasta dónde llegan sus compromisos de defensa, mientras Irán enfrenta simultáneamente su propia confrontación con Estados Unidos.

En 1914, una guerra entre Austria-Hungría y Serbia desencadenó una cadena de acontecimientos que terminó por involucrar a las grandes potencias.

Oriente Medio no está condenado a repetir esa historia. Precisamente por eso la mediación de Pakistán ante Irán resulta tan importante: Islamabad intenta impedir que el próximo misil o dron active una cadena de compromisos militares capaz de convertir varios frentes conectados en una sola guerra regional.

La historia demuestra lo difícil que puede resultar detener esa cadena una vez que comienza.

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