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Julio A. López, editor jefe.— La guerra entre Estados Unidos e Irán acaba de trasladar una parte decisiva del conflicto desde el estrecho de Ormuz hasta el corazón de la política monetaria estadounidense. El Brent cerró este miércoles en US$101,21 por barril, después de alcanzar US$101,55, y su regreso sostenido por encima de US$100 amenaza con alimentar nuevamente la inflación justo una semana antes de que la Reserva Federal decida qué hacer con las tasas de interés.
El impacto ya se nota en los mercados financieros. El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años alcanzó 4,8528%, su nivel más alto desde noviembre de 2023. El movimiento ocurrió incluso después de que el Departamento del Tesoro anunciara que este jueves recomprará hasta US$6.000 millones en bonos de entre 10 y 20 años, tres veces el tamaño de su última operación de recompra de deuda de largo plazo.
La reacción resulta especialmente significativa porque el mercado esperaba que una mayor intervención del Tesoro ayudara a aliviar la presión sobre los rendimientos. Sin embargo, algunos inversionistas consideraron insuficiente el monto anunciado y los bonos continuaron vendiéndose. El resultado es una combinación incómoda para la economía: petróleo más caro, mayores expectativas inflacionarias y costos de financiamiento crecientes.
El siguiente capítulo llegará en cuestión de horas. El Bureau of Labor Statistics publicará este jueves 10 de septiembre el Índice de Precios al Productor (PPI) de agosto y el viernes 11 divulgará el Índice de Precios al Consumidor (CPI). Ambos informes aparecerán apenas unos días antes de la reunión de la Reserva Federal del 15 y 16 de septiembre.
La inflación ya partía de una posición incómoda antes del último salto petrolero. En julio, el CPI aumentó un 3,4% interanual, todavía muy por encima del objetivo de inflación del 2% de la Reserva Federal. El índice subyacente, que excluye alimentos y energía, avanzó un 2,5% en doce meses.
Ahora, el petróleo introduce una nueva variable. El conflicto ha reducido los suministros mundiales y deteriorado el margen de seguridad disponible en los inventarios estratégicos. Reuters señala que el Brent acumula un aumento cercano al 25% en el último mes, mientras que la interrupción provocada por la guerra habría retirado alrededor de 10 millones de barriles diarios del mercado.
El mercado comienza a apostar por otra subida
Los inversionistas ya están modificando sus expectativas. Los futuros vinculados a las tasas de la Fed asignaban este miércoles entre el 60% y el 62% de probabilidad a un aumento de 25 puntos base en septiembre. Una encuesta de Reuters entre economistas ofrece una lectura más prudente: la mayoría todavía espera que la Fed mantenga las tasas en el rango de 3,50%-3,75%, aunque aumentó el número de analistas que anticipan al menos una subida antes de que termine 2026.
Por eso los datos de inflación de jueves y viernes adquieren una importancia excepcional. Las estimaciones recopiladas por MarketWatch apuntan a un aumento mensual del CPI de alrededor de 0,4%, impulsado en buena medida por la energía, mientras el mercado observará especialmente la inflación subyacente para determinar cuánto de la presión petrolera comienza a propagarse al resto de la economía.
El efecto tampoco termina en los bonos. Wall Street cerró a la baja este miércoles: el S&P 500 perdió 0,5%, el Dow Jones 0,8% y el Nasdaq 0,6%. El encarecimiento del petróleo está elevando nuevamente los costos de transporte, producción y logística, mientras la gasolina estadounidense promedia US$4,22 por galón y el diésel se acerca a US$6 por galón.
El dólar, sin embargo, presenta una paradoja. Normalmente, mayores rendimientos y expectativas de tasas más altas deberían fortalecerlo. Esta vez no ocurre de manera uniforme: el WSJ Dollar Index retrocedió ligeramente este miércoles, mientras que el yen y el euro ganaron terreno ante las expectativas de un endurecimiento monetario en Japón y Europa.
La ecuación que enfrenta la Reserva Federal se vuelve cada vez más compleja. Si los datos de agosto muestran que las presiones inflacionarias continúan creciendo, el petróleo por encima de US$100 podría reforzar los argumentos para volver a subir las tasas de interés. Pero hacerlo significaría encarecer aún más hipotecas, créditos empresariales y financiamiento público, precisamente cuando los rendimientos de los bonos ya se encuentran en máximos de casi tres años.
La guerra comenzó con misiles, buques y petróleo. Ahora amenaza con abrir otro frente: la inflación estadounidense y la política monetaria de la Reserva Federal.
