Los tres edificios fueron azotados por los sismos, y sus habitantes tuvieron que dejar todo atrás. Más de 400 familias esperan retomar sus vidas en La Guaira con créditos o asignaciones directas
Vanessa Davies
La muerte de los tres bloques de la Páez, en Catia La Mar, comenzó el 24 de junio a las 6:04 pm y todavía no ha terminado. Las autoridades ya anunciaron que estas edificaciones serán demolidas porque no hay vuelta atrás para ellas, y mientras tanto, las familias que ocupaban sus apartamentos se reparten entre refugios, carpas y casa de familiares.
Los edificios, inaugurados en la década de 1950 durante el régimen de Marcos Pérez Jiménez, lucen hoy como si los hubiesen bombardeado. Las letras A y B del bloque 3 colapsaron por completo, y se llevaron por delante a personas y animales.
Cuatro posibilidades
Rodolfo Liendo, uno de los voceros del bloque 2, explica que las autoridades han ofrecido cuatro posibilidades. El Estado se compromete a pagar el alquiler de una vivienda por el tiempo que sea necesario, siempre y cuando no pase de los 500 dólares. Otro camino es la compra de un inmueble -presumiblemente, fuera de La Guaira- mediante un crédito hipotecario. Una tercera posibilidad es la asignación directa de 30 mil dólares, pero en bolívares, para adquirir un inmueble. La cuarta propuesta consiste en demoler, hacer un estudio de suelos y determinar si son competentes para albergar una nueva edificación.
Para Liendo, la mejor opción sería la asignación directa, pero en divisas, porque si se entrega en bolívares difícilmente permitirá conseguir un inmueble. “Para comprar una vivienda en 30 mil dólares tengo que montarme en un cerro. ¿Por qué debo hacerlo, si yo me montaba en mi ascensor y tenía todo cerca?”, se pregunta.

Empezar de nuevo
José Pernalete residía en el bloque 1 y era propietario de dos inmuebles. “Logramos salir. Fue un momento terrible: mi madre, mi hermano, los nietos. En la casa materna estábamos cinco personas, porque era un día feriado. Eso se movió increíblemente”, rememora. “Nos tocó bajar por las escaleras mientras las paredes estaban cayéndose”. Su nuevo hogar temporal es el estadio César Nieves, aunque logró acomodar a su mamá en una casa en construcción con la autorización de su dueño.
La muerte definitiva de los bloques de la Páez todavía no tiene fecha, pero en las veredas cercanas temen que los explosivos se lleven por delante otras estructuras y solicitan claridad en cuanto a los procedimientos y sus consecuencias.
Para Germán Machado la demolición del sitio donde transcurrieron tantos momentos felices no tiene vuelta atrás. “Desde el día uno nadie se quedó aquí. Son 150 apartamentos por bloque, y puede haber más de dos familias por apartamento”, describe.
Machado no solo perdió su casa; también quedó sin trabajo: “Es una situación complicada para todos. Estamos esperando que nos den las viviendas y que se cumplan todos los requisitos para ver si retomamos nuestra vida”.
