Audio: https://clyp.it/adki5bdl
Julio A. López. — Mucho antes de que el mundo comenzara a hablar de seguridad energética o de transición energética, el emirato de Qatar ya contemplaba una estrategia a largo plazo para convertirse en la potencia dominante del mercado mundial de gas natural.
La historia comienza a principios de la década de 2000, cuando el entonces emir Hamad bin Khalifa Al Thani impulsó una política exterior y energética extraordinariamente agresiva para un país de apenas tres millones de habitantes. Qatar poseía una ventaja estratégica única: comparte con Irán el gigantesco yacimiento North Field–South Pars, considerado la mayor reserva de gas natural del planeta, una riqueza que transformó al pequeño emirato en uno de los mayores exportadores de gas natural licuado (GNL) del mundo.
En 2004 el emir Hamad bin Khalifa Al Thani sostuvo una reunión secreta con el entonces presidente venezolano Hugo Chávez. El encuentro, realizado en Doha y fuera del alcance de la prensa, habría servido para discutir una visión estratégica a largo plazo del mercado mundial del gas. Aunque los detalles de aquella conversación nunca fueron divulgados oficialmente, Qatar intensificó sus contactos políticos, asumió el control de los yacimientos africanos de gas más importantes y aumentó su influencia en los países por donde pasaban gasoductos rusos hacia Europa.
Dentro de esa lógica geopolítica, Bolivia adquiría una importancia extraordinaria. El país sudamericano poseía entonces una de las mayores reservas de gas natural de América Latina y se había convertido en un proveedor fundamental para Brasil y Argentina.
La llegada de Evo Morales a la presidencia boliviana en 2006 modificó radicalmente el mapa energético regional. Apenas cien días después de asumir el cargo, Morales decretó la nacionalización de los hidrocarburos y ordenó la toma estatal de instalaciones operadas por compañías extranjeras, entre ellas activos de Petrobras, la empresa estatal brasileña. La medida provocó fuertes tensiones con Brasil y generó preocupación en los mercados energéticos internacionales.
La nacionalización tomó por sorpresa al gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva. Aunque Brasil defendía públicamente el derecho soberano de Bolivia a administrar sus recursos naturales, Petrobras era el principal operador extranjero en el sector gasífero boliviano y dependía en gran medida de ese suministro para abastecer el mercado brasileño. La decisión derivó en una de las mayores crisis energéticas regionales de la década. El gobierno boliviano le entregó el control de su gas a PDVSA, la empresa estatal venezolana.
Para muchos observadores, la alianza política entre Caracas y La Paz se debía a una afinidad ideológica. Sin embargo, algunas interpretaciones sostienen que detrás de ese acercamiento subyacía una dimensión estratégica mucho más amplia, vinculada al control de los recursos energéticos y a la creciente importancia del gas natural como combustible del siglo XXI.
Dos décadas después, el escenario internacional ha cambiado profundamente. Hugo Chávez falleció en 2013, Evo Morales ya no ocupa la presidencia boliviana y la geopolítica energética mundial gira cada vez más en torno al gas natural licuado. Al mismo tiempo, Qatar se ha consolidado como uno de los actores más influyentes del mercado energético mundial gracias a la expansión de QatarEnergy y a los proyectos de ampliación de North Field, que incrementarán significativamente su capacidad exportadora en los próximos años.
Hoy, algunos sectores observan con atención el creciente interés de Doha por Venezuela, país que posee grandes reservas de gas natural y enormes recursos costa afuera aún sin desarrollar. Venezuela alberga importantes yacimientos gasíferos, entre ellos Perla, Dragón y otros bloques del Golfo de Paria, considerados estratégicos para futuros proyectos de exportación hacia Europa y Asia.
La participación de Qatar en diversos procesos diplomáticos internacionales también ha reforzado su imagen como intermediario confiable entre gobiernos enfrentados. A lo largo de los últimos años, Doha ha desempeñado funciones de mediación en conflictos regionales y en negociaciones internacionales, consolidando una influencia política que trasciende ampliamente su tamaño geográfico.
Mientras el Foro de Países Exportadores de Gas (GECF) continúa ganando relevancia y reúne a algunos de los mayores productores mundiales, resurgen las preguntas sobre si el mundo se aproxima lentamente a una verdadera “OPEP del Gas”.
El viejo sueño qatarí de coordinación y control del mercado gasífero mundial sigue vivo, y la importancia geopolítica del gas continúa creciendo. Y en ese tablero, Venezuela vuelve a aparecer como una pieza que muchos actores internacionales consideran demasiado importante para permanecer al margen de la próxima gran reorganización energética mundial.

