Acuerdos de gelatina entre Irán y Estados Unidos

Opinión

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Rafael Gallegos. — «Ya vengo, voy un momentico a Irán», pareció decirles el presidente Donald Trump a sus compatriotas. Pero el viaje resultó mucho más largo. Mr. Trump jamás pensó en lo respondones que le iban a resultar los iraníes. El viaje, acompañado de los israelitas, tenía como objetivo acabar con el potencial nuclear de Irán, incrementar la seguridad de Israel en la región y poner fin al régimen de los ayatolás. Y claro, todo rociado por un gran componente petrolero que se manifestó en el bloqueo de Ormuz.

Sorpresa


Ha sido una guerra de sorpresas. La primera se la llevaron los norteamericanos ante la férrea resistencia de los iraníes. Trump dijo: “Ya vengo”; se quedó varios meses y no se ha llevado casi nada de las manos. 


Pero los iraníes también experimentaron dos sorpresas. La primera: la destrucción de sus ciudades subterráneas a cientos de metros bajo tierra por parte de la aviación norteamericana. La Operación Martillo de medianoche logró, con bombas de 13.600 kilos, penetrar decenas de metros de roca y afectar seriamente a las Ciudades de Misiles. Jamás los iraníes esperaron un ataque de ese tamaño. 


Otra sorpresa que se llevaron los iraníes fue la menor magnitud del impacto que habían estimado ante el cierre del Estrecho de Ormuz. Las vías alternas, el camuflaje y las reservas estratégicas sacaron del mercado apenas el 30% del volumen estimado y no lograron provocar el colapso del mercado petrolero.


Aspectos del Acuerdo (a pesar de los bombardeos y las declaraciones de Mr. Trump)


A favor de Irán:
Soberanía… la verdad, los norteamericanos no han podido acabar con el régimen de los ayatolás.
Desbloqueo de activos… ni lo soñaban los iraníes antes de la invasión.
Trescientos mil millones de dólares para la reconstrucción… realmente Irán quedó destruido. Agregamos que el Tratado debería contemplar también erogaciones destinadas a los países árabes que Irán atacó y asoló.
Pero Irán se ganó enemigos al bombardear a sus aliados naturales —Arabia Saudita, Qatar, Emiratos y Kuwait—, lo que lo aísla en la región y fortalece el Pacto de Abraham.


A favor de Estados Unidos:     
Compromiso de Irán de no desarrollar armas nucleares…  En honor a la verdad, el punto a favor de Estados Unidos fue la destrucción de las ciudades misiles, que averió seriamente la capacidad nuclear iraní.
Venden como “a favor” la apertura de Ormuz, pero antes de la invasión ya estaba abierta.  Y luego del Acuerdo, siguen los ataques…
Por otra parte, las divergencias entre Trump y Netanyahu, quien no apoya el Acuerdo, pueden crear, por primera vez, serias fisuras entre sus respectivos países. 


Los obstáculos al Acuerdo (que lo hacen gelatinoso)

Continúan bombardeos…
Israel y Líbano siguen en conflicto. Líbano, apoyado por Hezbolá, un proxy de Irán, al igual que los hutíes en Yemen, el Hamas en Palestina y otros en Irak y Siria.
Igualmente, la necesidad de destrucción mutua que sienten tanto en Irán como en Israel constituye un obstáculo.
Aunque el verdadero obstáculo es la causa original: Israel, enclavado en el mundo árabe, tan rociado de petróleo y en conflicto desde 1948. 


¿Quién va ganando?

Seguramente EE.UU. ha logrado parcialmente su principal objetivo: retrasar el programa nuclear iraní. Eso sí, a un costo de más de 50.000 millones de dólares, el descontento norteamericano (70%), el alza de la gasolina y el incremento de la probabilidad de perder en las elecciones de noviembre. Victoria tal vez pírrica, pero no hay que desestimar este logro: lo fundamental del ataque. La gran pregunta es: ¿Ya no lo había logrado Obama (y otros mandatarios) en el 2015 con el Pacto Integral de Acción Conjunta? Pregunta para la discusión. 


Por su parte, Irán ha logrado algunos puntos a su favor, pero queda destruido.


En el fondo ambos pierden. Solo ganan, como siempre, los vendedores de armas (los  que sacaron a Nixon cuando puso fin a la guerra de Vietnam) y los vendedores de petróleo.


La paradoja nuclear


En 1951, el presidente Truman destituyó a MacArthur cuando este propuso como solución a la Guerra de Corea el uso de bombas atómicas. USA salió corriendo de Vietnam, con bombas atómicas en la mano que hubieran volteado la guerra a su favor. Igual en Afganistán, tanto los rusos como los norteamericanos. Y hoy los rusos no pueden salir con éxito de Ucrania, a menos que lancen un ataque nuclear.

¿Qué sucede? Que las potencias tienen armas para arrasar y pierden, porque la bomba nuclear implica un suicidio para quien la lance. He ahí la paradoja. 


La lección

Los armamentos convencionales, por más poderosos que sean, ya no producen victorias aplastantes. Lo que queda es negociar y rezar por líderes del tamaño de las circunstancias. Bueno o malo, posible o no, es el único camino. García Márquez decía que la capacidad nuclear se ha convertido en una espada de Damocles para la humanidad.

O crecemos mentalmente o, en cualquier momento, perderemos todos.