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Julio A. López, editor jefe.— EOG Resources, uno de los mayores productores independientes de petróleo y gas de Estados Unidos, no contempla por ahora regresar al Golfo de México ni destinar capital a Venezuela, pese al potencial de ambos mercados. Su presidente y director ejecutivo, Ezra Yacob, afirmó que la empresa necesitaría condiciones mucho más convincentes y, en el caso venezolano, mayor certidumbre geopolítica antes de considerar una inversión.
Durante la Bernstein Strategic Decisions Conference, celebrada el 27 de mayo en Nueva York, Yacob calificó un eventual retorno al Golfo de México como una operación de gran complejidad. EOG abandonó esa región hace más de dos décadas y reconstruir capacidades operativas, equipos y conocimiento local supondría una “carga pesada”. La compañía considera que las oportunidades en aguas someras podrían aprovecharse con mayor eficiencia por parte de operadores que ya cuentan con presencia e infraestructura en la zona. La participación de Yacob en la conferencia está confirmada en la agenda oficial de EOG.
El contraste con Trinidad y Tobago es significativo. EOG opera allí desde hace más de 30 años y cuenta con experiencia en proyectos de gas en aguas someras. Yacob sostuvo que la estructura de costos y el modelo operativo de la compañía le proporcionan una ventaja competitiva en ese país caribeño, donde la compañía continúa destinando recursos a la exploración.
Venezuela, pese a contar con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo y enormes reservas de gas, tampoco ha superado el umbral de riesgo exigido por EOG. Yacob reconoció que la experiencia técnica de la empresa en aguas someras podría ser transferible al país, pero advirtió que todavía existe una brecha considerable antes de que la oportunidad resulte lo suficientemente atractiva como para comprometer capital.
La posición constituye una señal para Caracas: la recuperación no depende únicamente de las reservas. Para atraer capital serán determinantes la estabilidad política, la seguridad jurídica, la claridad contractual y un régimen fiscal competitivo.
La cautela frente a Venezuela contrasta con la expansión internacional de EOG. En 2025, la compañía acumuló más de 900.000 acres en Bahréin y en los Emiratos Árabes Unidos, donde permanece en fase exploratoria. También acordó la compra de Encino Acquisition Partners por US$5.600 millones, incluida la deuda, lo que fortalece su posición en la formación Utica. La operación amplió la exposición de EOG al gas natural y complementó sus activos petroleros en Texas, Nuevo México y las Montañas Rocosas. La adquisición por US$5.600 millones fue anunciada oficialmente por la compañía.
Los resultados recientes muestran la escala de esa estrategia. En el primer trimestre de 2026, EOG produjo aproximadamente 1,38 millones de barriles equivalentes de petróleo diarios, un 26,8 % más que un año antes, y superó las expectativas de beneficios de Wall Street. La compañía generó US$1.500 millones de flujo de caja libre y devolvió cerca de US$950 millones a los accionistas mediante dividendos y recompras de acciones.
Para 2026, EOG proyectó un crecimiento de 5 % en su producción de petróleo y de 13 % en su producción total, incluyendo el efecto de Encino. Su programa anual de capital se mantiene en torno a US$6.500 millones, aunque la empresa decidió reasignar parte de la inversión a activos líquidos tras el cambio en las condiciones del mercado.
Yacob rechazó, además, la percepción de que EOG se esté convirtiendo en una compañía esencialmente gasífera. La empresa invierte donde puede obtener retornos atractivos, incluso en escenarios conservadores de US$45 por barril de petróleo o de US$2,50 por millón de unidades térmicas británicas (MMBtu) de gas. Si un proyecto puede generar retornos cercanos al 30 %, compite por el capital independientemente del hidrocarburo.
Para Venezuela, el mensaje es incómodo pero estratégico. EOG no cuestiona la existencia del recurso ni descarta que su tecnología pueda funcionar en el país; cuestiona si el entorno ofrece hoy una relación riesgo-retorno capaz de competir con las oportunidades disponibles en Estados Unidos, Trinidad y Tobago, Bahréin o los Emiratos Árabes Unidos.
La diferencia es fundamental. El capital petrolero internacional no se moviliza por reservas, discursos o promesas, sino por proyectos bancables, reglas previsibles y retornos ajustados al riesgo. Mientras Venezuela no reduzca la incertidumbre geopolítica e institucional, incluso empresas con experiencia técnica directamente aplicable a sus campos offshore pueden preferir invertir en otros territorios. El desafío del país no es demostrar que posee petróleo y gas: el mundo ya lo sabe. Es demostrar que, nuevamente, puede ser un lugar confiable para invertir.
