Chevron reemplaza a Lukoil en el mayor yacimiento iraquí

Energía y Petróleo

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Julio A. López, editor jefe.- Irak avanza hacia la transferencia definitiva de uno de sus yacimientos petroleros más grandes, West Qurna 2, de la rusa Lukoil a la estadounidense Chevron, en una operación que combina sanciones, geopolítica y una estrategia de Washington para ganar terreno en el sector energético iraquí justo cuando Bagdad busca inversión y respaldo en materia de seguridad.

El origen: sanciones que sacaron a Lukoil del tablero

El yacimiento, uno de los mayores del mundo con reservas recuperables estimadas en unos 14.000 millones de barriles y una producción actual de entre 460.000 y 480.000 barriles diarios —cerca del 9% del crudo iraquí y un 0,5% de la oferta petrolera mundial—, era operado por la rusa Lukoil bajo un contrato de servicios. Tras las sanciones impuestas por Estados Unidos a las petroleras rusas por la guerra en Ucrania, Lukoil declaró la fuerza mayor en noviembre pasado. En enero, Irak tomó el control operativo a través de la estatal Basra Oil Company (BOC) para evitar interrupciones en la producción, y poco después alcanzó un “acuerdo amistoso” con la firma rusa para transferir formalmente las operaciones.

Cómo entra Chevron

El 23 de febrero de este año, Chevron firmó dos memorandos preliminares con Irak: uno para la transferencia de la gestión de West Qurna 2 y otro para el desarrollo del yacimiento de Nasiriya, de cuatro bloques de exploración en la provincia de Dhi Qar y del campo de Balad, en Salah al-Din. El acuerdo marco firmado entre BOC, Lukoil y Chevron permite transferir temporalmente el contrato a la petrolera estatal iraquí, que luego lo cederá a Chevron una vez cerrados los términos definitivos, y otorga a la firma estadounidense derechos de negociación exclusiva por un año.

El proceso avanzó en julio, cuando BOC firmó un acuerdo de confidencialidad con Chevron para el intercambio de datos técnicos y financieros, y esta semana el director general de la petrolera iraquí confirmó que ya no quedan obstáculos mayores para un acuerdo final. Según Basra Oil Company, ya se firmaron tres acuerdos sobre confidencialidad, aspectos técnicos y transferencia de datos, con un cuarto documento previsto para el próximo mes, mientras se procesa un pago anticipado de 200 millones de dólares.

El telón de fondo: la visita de Al Zaidi a Washington

El impulso decisivo llegó con la visita del primer ministro iraquí, Ali al-Zaidi, a la Casa Blanca, donde Bagdad presentó una propuesta de “tres frentes”: energía, seguridad y oleoductos. Junto a las negociaciones por los yacimientos, Irak plantea además el desarrollo de oleoductos de exportación respaldados por Estados Unidos, como las rutas Basra-Haditha-Ceyhan y Basra-Baniyas, en las que también participarían Chevron y otras firmas estadounidenses. Analistas destacan que la infraestructura de exportación iraquí es tan estratégica como sus propios yacimientos: quien controle los oleoductos, controla el flujo del crudo hacia los mercados internacionales.

Una apuesta de largo plazo para Irak

West Qurna 2 es clave para la meta de Irak de elevar su capacidad de producción a 6 millones de barriles diarios para 2029. Mientras se cerraba el acuerdo con Chevron, Basra Oil Company otorgó un contrato de seis meses, renovable, a la italiana Bonatti y a la firma local Hilal Al Basra para apoyar las operaciones del campo durante la transición.

Qué gana cada parte

El resultado, según describen fuentes del sector, deja a Irak con respaldo en inversión y seguridad por parte de Estados Unidos; a la administración estadounidense con acuerdos energéticos de alto perfil político; y a Chevron con la posibilidad de ampliar su presencia en parte de las mayores reservas de crecimiento petrolero aún sin explotar del mundo. Para Moscú, en cambio, la operación confirma la pérdida de uno de sus activos energéticos más valiosos en Medio Oriente, expulsado del tablero por el peso de las sanciones occidentales.