The Daily Journal – Cuando uno se para a ver el panorama del mundo, observamos de un lado al otro y nos sentimos saturados, incomodos o incluso confundidos. Nos llenamos de angustia ante la incertidumbre de no ver la luz al final del túnel y las preguntas recaen silenciosas en medio de todo ¿Qué está pasando y qué va a pasar?
Para el Dr. Juan Barreto «el invierno se acerca» (en palabras de George R. R. Martin). El analista político explicó el pasado miércoles en el centro CEDES (Centro de Estudio para la Democracia Socialista), en una conferencia que lleva por nombre «Lo que hay y lo que viene», que el capitalismo occidental está mutando hacia una nueva forma de producción.
El tecnofeudalismo y la mutación del capitalismo
El concepto de tecnofeudalismo ha surgido en las últimas décadas teniendo como uno de sus mayores exponentes al economista y exministro griego Yanis Varoufakis. Este plantea que el nacimiento de la tecnología en la nube ha modificado el sistema capitalista y el mercado tal y como lo conocíamos.
Bajo este sistema, millones de usuarios dejan una huella digital que alimenta sus algoritmos. Es decir, los individuos ya no son dueños de sus preferencias, sino que están creadas o condicionadas por los propios algoritmos, haciendo que el nuevo mercado ya no se centre en la producción sino en modificar el comportamiento de los consumidores.
Al ceder los datos personales a cambio de tener acceso a la nube y a sus plataformas digitales, hacemos prácticamente lo mismo que los siervos hacían en la Edad Media cuando pagaban cuotas a los señores feudales para usar sus propiedades.
Las grandes figuras tecnológicas de Silicon Valley actúan como señores feudales que controlan estos territorios digitales donde los usuarios producen datos y contenido.
La refinación de tierras raras
Sin embargo, a Estados Unidos se le presenta un pequeño obstáculo. Barreto señala que la producción de microchips es señalada como uno de los puntos críticos de la actual disputa geopolítica, centrada en el conflicto entre China y Estados Unidos a través de Taiwán.
El desarrollo de este tipo de tecnologías (y otras relacionadas al ámbito militar) depende de la refinación de tierras raras, algo en que el gigante asiático lleva mucha ventaja, poseyendo un monopolio del 92% de su procesamiento y refinación. Asimismo, han desarrollado procesos secretos para producir super-imanes (de torio y otros minerales) que son esenciales para la industria militar.
Debido a que Estados Unidos transfirió tecnologías en décadas pasadas y no desarrolló protocolos de refinamiento autóctonos, ahora sufre de una falta de soberanía tecnológica.
«La industria militar norteamericana tiene un cuello de botella y por eso son tan caros por ejemplo los misiles patrios mientras que los misiles chinos iraníes son más baratos» afirma Barreto.
Ante esta dependencia, la estrategia estadounidense consiste en cercar a China en el mapa asiático, dificultando su salida al mar y atacando a sus aliados energéticos (como Irán y Rusia) para debilitar su capacidad de maniobra tecnológica.
La nueva ruta ártica y la respuesta de EE.UU. sobre Groenlandia
China y Rusia firmaron recientemente un convenio para crear una alternativa a las rutas tradicionales controladas por Occidente, a través del Estrecho de Bering.
Su principal ventaja es la drástica reducción del tiempo de traslado de mercancías desde Asia hasta Europa. Mientras que el paso por el Mar Rojo o el Estrecho de Ormuz tarda aproximadamente 40 días, la ruta ártica ya ha logrado reducir ese tiempo a 18 días, con proyecciones de que podría bajar hasta los 8 o 10 días en el futuro.
Hasta el momento, ya se han transportado por esta vía 270 millones de toneladas de mercancía. Rusia aporta la infraestructura portuaria (como el puerto de San Petersburgo), la seguridad y su flota de 40 barcos rompehielos y China aporta su capacidad naviera, la cual es considerada la más grande del mundo.
Como respuesta a este avance, Donald Trump ha manifestado interés en tomar control sobre Groenlandia.
De patio trasero a cinturón de seguridad
En medio de todo esto se encuentra nuestro país, que ha dejado de ser considerado simplemente el «patio trasero» para convertirse en la última frontera estratégica y parte del «cinturón de seguridad» de los Estados Unidos.
Bajo el llamado «Corolario Trump» de la Doctrina Monroe, EE.UU. asume que las riquezas y recursos venezolanos son parte de sus propias reservas estratégicas. Barreto afirma que Estados Unidos asume que «sus riquezas (las de Venezuela) son parte de sus propias reservas estratégicas».
Esto coloca al país en una posición de vulnerabilidad extrema, siendo parte directa de las líneas de suministro norteamericanas en medio de sus conflictos con otras potencias.
La fractura de la soberanía nacional y popular
Barreto utiliza una analogía económica para explicar que la soberanía nacional y la popular son inseparables: «La soberanía nacional y la soberanía popular son como las dos caras de un billete… no hay uno sin el otro».
La tesis central sostiene que la actual crisis de legitimidad ha fracturado esta unidad. Al respecto, el autor advierte que: «Cuando Maduro confisca, se apropia de la soberanía popular, daña la cadena de soberanía… se debilita, para decir lo menos, la soberanía nacional».
Ante este vacío de poder legítimo, surge la figura del «gendarme» o «centinel» extranjero, quien «interviene imponiendo su propia soberanía», no negando la nacional, sino sustituyéndola por su control directo.
A nivel interno, el gobierno de Maduro es descrito por el analista político como una deriva burocrática y autoritaria, que ha mutado recientemente hacia una sub-rama más «desideologizada» a la cual denomina «Rodrigato», que se sostiene se sostiene sobre una «fusión cívico-militar-policial», donde se ha elevado a las fuerzas policiales a un estamento de poder real.
Según Barreto, esto ha resultado en la «policialización del Estado», creando un «régimen militar popular donde el sector civil va siendo por vía de hecho acorralado».
Mientras los actores políticos se enfrentan, en el trasfondo se libra una batalla económica entre transnacionales. «Hay una guerra por el reparto del botín… el enfrentamiento tradicional es entre Chevron y Exxon Mobil» afirma.
Exxon, que financia mayormente a los demócratas, espera los resultados electorales en EE.UU. para definir su entrada, mientras que Chevron mantiene su posición cercana a los republicanos.
Frente a este escenario de intereses corporativos y cúpulas políticas, la sociedad venezolana ha desarrollado un mecanismo de defensa: la antipolítica. El pueblo no es indiferente, sino escéptico: «responde con escepticismo a todo lo que le huele la política y su actitud es antipolítica, no apolítica… una manera de preservar su propio espacio individual» explicó Barreto.
Dentro de la fractura de la oposición venezolana, el caso de María Corina Machado es emblemático de una degradación acelerada del liderazgo. Tras las elecciones del 28 de julio de 2024, Machado alcanzó niveles de popularidad envidiables, situándose entre el 70% y 76% de respaldo. Sin embargo, esta fuerza se ha diluido frente a promesas incumplidas y el cambio de postura de sus aliados internacionales.
La relación con el «Sentinel extranjero», Donald Trump, ha sido el factor determinante en este declive. El 4 de enero marcó un hito negativo para su liderazgo, perdiendo 12 puntos porcentuales tras declaraciones de Trump donde afirmaba no conocerla bien o considerarla no preparada para el poder.
Para Barreto, la estrategia de la Casa Blanca ha sido clara: «Trump la reduce a un punto en donde sea controlable». En lugar de eliminarla del escenario político, se le mantiene como una «carta en el congelador» que puede ser utilizada solo si es necesario para los intereses estadounidenses.
Esta situación ha dejado a Machado en un estado de descomposición política y personal. Las fuentes la describen como una figura «disruptiva» pero nerviosa ante la degradación de su promedio de aceptación, que ha caído hasta un 28%, un número que, aunque competitivo, dista mucho de su apoyo masivo inicial.
Además, se cuestiona su enfoque sobre la soberanía; mientras ella reivindica la soberanía popular para legitimar su causa, Barreto advierte que deja en el aire la soberanía nacional frente a la intervención extranjera. Al final, Machado parece haber quedado atrapada en la misma lógica que otros líderes opositores del pasado: aislada y enfriada por los mismos centros de poder que antes la vestían como presidenciable.
