Dr. Juan Barreto. Director para Venezuela y LATAM.- Se abre una oportunidad para el cambio en Venezuela? ¿Acaso se trata de un globo de ensayo y una cortina para ralentizar ese proceso? ¿Es una maniobra, una estrategia del gobierno concertado con la administración de los Estados Unidos? Todas esas interrogantes se abren a partir de la aparición en escena de Dinorah Figuera, quien representa a la antigua AN 2015, la cual ya venció su período, aquella misma Asamblea Nacional del interinato de Juan Guaidó.
Hoy pareciera que los dos interinatos se ponen de acuerdo y han fijado este primero de agosto de 2026 como el inicio de un conjunto de conversaciones, una nueva mesa de diálogo. Según Figuera —porque Jorge Rodríguez no se ha pronunciado—, la agenda tendría un nuevo CNE, un nuevo Tribunal Supremo de Justicia y quizás un cronograma electoral, tal vez para mediados o finales del año que viene (y entre chismes de pasillo y malas lenguas se habla de unas elecciones para la AN a finales de 2027; de presidenciales, nada). El encuentro de las élites de la polarización tradicional, ahora filtradas sin Maduro y sin María Corina, con actores cuidadosamente escogidos por el tutor.
¿Qué se traen entre manos? Hasta el momento han ocurrido dos eventos relevantes: María Corina admite que no sabía nada y se deslinda de la futura conversación de agosto entre las dos AN, 2015 y 2025, diciendo que no fue informada y que no se corresponde con la agenda de la reunión de los viejos partidos de la Plataforma, que ella realizó en Panamá. Le desea suerte a estas conversaciones siempre y cuando conduzcan a algo concreto en el sentido del cambio y la democratización.
Por otro lado, salen a la calle factores del madurismo que quedaron descolocados y hoy temen perder privilegios en la nueva realidad “pragmática”. Ellos se reclaman del antimperialismo como bandera y exigen que se respete la soberanía nacional, pero sin hacer mención a la soberanía popular y a la confiscación de esta, luego de las elecciones del 28 de julio de 2024. No asumen lo que es obvio: la soberanía nacional nace de la soberanía popular y es inseparable la una de la otra.
Se mueve el tablero. ¿Significará la emergencia de nuevos actores? ¿Un nuevo escenario, un camino que conduzca a alguna parte? ¿O será otra maniobra de ralentización? En todo caso, lo único que queda claro es que EE. UU. tiene la sartén por el mango, maneja los tiempos, es su estrategia y ha marcado el tablero indicando que, por ahora, son quienes mandan.
