Refundación (también tecnológica) de la República

Especiales Opinión
Octavio Rossell

El año 2026 quedará marcado para siempre en la historia de Venezuela, no sólo como un suceso político muy importante, sino además como un punto de inflexión que cambiará de raíz varios aspectos de nuestra Nación, nuestra República y el Estado.

En medio de toda esta emoción por las promesas de renovar por completo todos los poderes públicos, nos encontramos en un punto clave que va mucho más allá de simplemente cambiar a los líderes de turno o rearmar los grupos políticos. Se trata, en la práctica, de volver a fundar la República desde sus bases. Este proceso de cambio profundo llevará al país a un nuevo gran acuerdo como sociedad y, muy probablemente, a redactar una nueva Constitución.

Sin embargo, en medio de las fuertes discusiones sobre quién tiene la razón, cómo será la transición de un gobierno a otro y cuáles serán las nuevas leyes, hay un riesgo gigante que pocos están viendo. Ese riesgo es perder una oportunidad histórica ─que quizás sea la mejor y la primera gran oportunidad en toda nuestra historia republicana─ para rediseñar el país desde sus cimientos.

Como tecnólogo investigador que piensa en el futuro de mi país a largo plazo, siento que es mi obligación ética alertar a mis conciudadanos sobre un error muy grave que amenaza con ocurrir si se intenta construir un nuevo gobierno brillante omitiendo el diseño de una plataforma tecnológica fuerte y moderna que sostenga todo ese esfuerzo político y garantice su éxito.

La nueva Venezuela que todos soñamos no sólo necesita leyes que sean justas, un parlamento equilibrado y jueces que sean honestos; necesita urgentemente una plataforma tecnológica moderna e integrada a todo el quehacer público para que haga cumplir las decisiones del Estado con total transparencia, rapidez y eficiencia y que permita a quienes toman las decisiones contar con información clara y al instante para solucionar los verdaderos problemas de la gente, sin tener que trabajar a ciegas.

Diagnóstico crítico de la tecnológica estatal

Si revisamos con mucho cuidado cómo están funcionando hoy las instituciones de Venezuela, la realidad muestra el gran atraso en el que vivimos. Actualmente, los ministerios, las oficinas y las agencias del Estado no tienen un sistema tecnológico unificado; es decir, las computadoras de un ministerio no hablan el mismo «idioma informático» que las de otro ministerio. El sector público no trabaja como un equipo unido, sino como cientos de islas separadas que no se comunican entre sí. La gran mayoría de sus programas operan completamente aislados, como si fueran empresas distintas que no se conocen.

La peor consecuencia de esta falta de comunicación es que, para pasar información importante de una oficina a otra, los trabajadores deben hacerlo casi de forma manual, llevando papeles o correos sueltos. Son procesos viejos, muy lentos y que facilitan enormemente la corrupción, las trampas políticas, que se pierdan los expedientes o, simplemente, los errores humanos. Esta falla de fondo impide que los trámites mejoren; hace que el Estado tarde muchísimo en darle respuestas a la gente y, curiosamente, también hace sufrir a los propios trabajadores públicos quienes tienen que trabajar a ciegas, sin pantallas ni herramientas que les muestren información clara, precisa y al momento para poder tomar buenas decisiones y ayudar a la gente.

Pero la verdadera tragedia es ver cómo este problema crece y afecta a todo. Esta falla que traba a cada pequeña oficina pública se repite también en lo más alto del gobierno. Las grandes instituciones nacionales no se hablan entre ellas: la oficina que da las cédulas de identidad no cruza datos con la que cobra los impuestos y el sistema de salud trabaja de espaldas a los programas de ayudas sociales.

En el nivel más alto, donde están los líderes que dirigen el país, toman las decisiones económicas y hacen las leyes, esta falta de información ordenada los deja paralizados y ciegos. Con este desorden tan grande, la Nación sufre, el intento de salir de la pobreza se vuelve casi imposible, y tratar de aplicar planes de ayuda se convierte en un constante improvisar y en un gran desperdicio del dinero que es de todos los venezolanos.

La arquitectura de la nueva República: El «Sistema Nacional Venezolano»

Frente a este desastre y atraso de nuestras oficinas gubernamentales, la propuesta es implementar cuanto antes un «Sistema Nacional Venezolano». No es algo tan simple como comprar más computadoras, poner internet más rápido o pagar licencias de programas extranjeros; se trata de diseñar desde cero un gran sistema tecnológico propio que una y organice toda la gestión del país.

Este gran sistema informático debe tener características clave que sirvan como las nuevas columnas de nuestras instituciones.

En primer lugar unir la información de todas las personas, empresas e instituciones bajo una misma «identidad digital» con mecanismos de seguridad para acabar de raíz con el robo de identidad, la duplicación de datos y las estafas mientras se preserve y respete la privacidad con discreción, garantizando que cada ciudadano tenga control total sobre sus datos personales.

En segundo lugar, se debe asegurar que absolutamente todas las oficinas del Estado puedan interoperar sus sistemas para pasarse información entre ellas de forma automática y rápida. Un ejemplo del inmenso beneficio de esto es que el Estado jamás volverá a pedirle a un ciudadano un papel, una copia o un dato que el propio Estado ya tiene guardado en otra de sus oficinas.

En tercer lugar, el sistema le dará tanto a los ciudadanos como a los funcionarios herramientas para rastrear cualquier proceso, sabiendo exactamente en qué estado está, cuánto avance y cuánto tiempo ha transcurrido desde que inicia y hasta que termina, lo que reducirá el papeleo inútil y las trampas de la corrupción a cero.

Sumado a lo anterior si se incluyen herramientas tecnológicas para el análisis de grandes cantidades de datos se podrán revisar constantemente y de forma automática todas las gestiones del gobierno para detectar los «nodos colapsados» donde los procesos se estancan y hacen cuellos de botella, los «nodos huérfanos» como grupos de personas, regiones o políticas públicas olvidada de ejecutarse por los servicios del Estado. Serviría como una brújula de buena administración para arreglar fallas y concentrar el presupuesto y la ayuda gubernamental en donde hay mayor necesidad y urgencia social.

Ni reinventar la rueda ni descubrir el agua tibia

Aunque todo esto suene como ciencia ficción para nosotros en este momento, es un modelo normal de trabajo que ya se usa exitosamente y desde hace tiempo en varios países.

Estonia, un país pequeño en Europa que se liberó de la terrible burocracia, decidiendo reconstruir su país no solo escribiendo nuevas leyes, sino también desarrollando su famoso sistema informático, llamado «X-Road»; la columna vertebral de lo que llaman la «Estonia Digital». Se trata de una red de internet súper segura que conecta perfectamente toda la información del gobierno y de las empresas privadas. Usando esa regla maravillosa de «solo una vez» (que prohíbe pedirle el mismo dato dos veces al ciudadano), el gobierno de Estonia eliminó todos los trámites repetidos, logró poner el 99% de sus servicios por internet, le devolvió a la gente millones de horas de vida que antes perdían haciendo largas y aburridas filas bajo el sol, y ahorraron una inmensa cantidad de dinero todos los años.


De la misma manera en Corea del Sur su modelo de Gobierno Digital siempre está en el primer lugar del mundo, según las evaluaciones de la ONU, destacando por ser el más eficiente y el que mejor atiende a su gente. Los surcoreanos han logrado usar el internet en todas partes y el análisis de datos masivos para adelantarse a los problemas, solucionando crisis antes de que lleguen a afectar a la población.

Otro ejemplo magnífico es el país de Singapur y su proyecto de «Nación Inteligente», que nos demuestra cómo usar los teléfonos, el internet, las cámaras y los datos abiertos de forma centralizada puede mejorar muchísimo el tráfico de los carros, aumentar la seguridad en las calles y cuidar mejor el medio ambiente.

Todos estos ejemplos reales nos confirman algo muy importante: si países con muchísima menos riqueza natural que el nuestro han logrado construir estos monumentos de buena organización y eficiencia, Venezuela, que siempre ha tenido personas muy inteligentes y talentosas, y que sufre la urgencia diaria de salir de esta crisis, tiene la gran obligación de copiar, mejorar y superar esos modelos tecnológicos exitosos.

La hoja de ruta de implementación: Un modelo de árbol multidimensional

Hacer realidad un proyecto de este inmenso tamaño nos exige dejar atrás la mala costumbre de planificar a corto plazo y, en consecuencia, siempre gerenciar las crisis, para pasar a trabajar con mucho orden, planificación y disciplina.

La ruta comienza por organizar el diseño de este gran sistema tecnológico paso a paso, por etapas y niveles de dificultad, empezando por un gran acuerdo entre todos los sectores que mire hacia el futuro a largo plazo. Esta gran visión nacional debe dividirse luego en metas reales, prácticas y que se puedan medir en el corto y mediano plazo.

El plan general debe ser muy fuerte en sus ideas base, para que sirva como la fundación de cemento para los desarrollos más específicos de cada oficina del gobierno. Para imaginarlo más fácilmente, este gran plan será como sembrar un árbol gigante. La «raíz» del árbol será el nuevo acuerdo que fijará las reglas de oro para lograr los objetivos. El «tronco» grueso estará formado por las grandes redes de internet nacional, las súper computadoras seguras del Estado y los sistemas básicos para confirmar de forma segura quién es cada ciudadano.

De ese tronco fuerte nacerán las «ramas principales», que representarán a los grandes poderes del país y a los ministerios más importantes, como los encargados de la economía, la justicia, la educación, el petróleo y la salud.

Esas ramas grandes se dividirán luego en cientos de «ramas más pequeñas», que serán todas las gobernaciones, las alcaldías y las pequeñas oficinas locales en los pueblos.

Finalmente, en las puntas de esas ramas estarán las «hojas» del sistema: estas hojas serán las aplicaciones fáciles de usar en los teléfonos celulares de los ciudadanos, las páginas web gratuitas y las pantallas de las computadoras en los hospitales, escuelas y oficinas de atención. Es a través de estas «hojas» por donde la persona común se conectará con el país de forma rápida todos los días.

Esta forma inteligente de hacerlo paso a paso, como si fuera un árbol que crece, garantiza que el sistema avance de forma natural y segura. Sin caer en la falsa ilusión de conectar a todo el país completo en un solo día, se trata de construir bases tan firmes que, a medida que cada nueva oficina del gobierno se vaya modernizando, pueda conectarse al gran sistema fácilmente, hablando el mismo idioma informático y sirviendo todos unidos al mismo gran propósito de mejorar la vida de los venezolanos.

La política ambidiestra y el renacimiento nacional

En esta etapa clave y emocionante de nuestra historia republicana, el profundo deseo en el corazón de cada ciudadano venezolano de reconstruir el país para que nuestras próximas generaciones gocen de mejores oportunidades y calidad de vida.

Adoptar este gran Sistema Nacional Venezolano con una «política ambidiestra». Esto significa ser totalmente prácticos y usar las dos manos: usar las herramientas modernas, el libre comercio, la innovación y el orden de los buenos ingenieros (como si fuera la mano derecha) para asegurar, sin fallar en el intento, la verdadera justicia social, la máxima protección a los más pobres, la igualdad de oportunidades para estudiar y trabajar, y la total transparencia para que no se roben el dinero público (como si fuera la mano izquierda).

Ha llegado la verdadera hora de sacar del cajón nuestras banderas guardadas por tanto tiempo, pero no para usarlas en feas peleas entre hermanos venezolanos, sino para levantarlas unidos mientras construimos un país moderno, un lugar amplio donde todas las formas de pensar sean verdaderamente bienvenidas.

Hoy en día, la esperanza ya no significa sentarse a esperar pasivamente y con tristeza a que un líder político venga a arreglar todos nuestros múltiples problemas sino actuar proactivamente en la reconstrucción de nuestra querida Venezuela de forma organizada y firme. El hermoso sueño de vivir bien y en paz deja de ser simple ilusión y se convierte en metas claras y posibles que con un buen plan de trabajo se puede lograr.

Si toda esa inmensa energía política de este momento histórico la usamos de forma útil para construir este gran sistema tecnológico, no solo estaremos reparando rápidamente los tristes desastres del pasado, sino que le estaremos dejando a nuestros hijos y nietos un Estado moderno, inteligente, imposible de corromper y que estará, por fin, siempre trabajando al servicio de sus habitantes.

¿Será que se aprovecha esta única e irrepetible oportunidad de convertir el caos en algo bueno, duradero, ordenado y eficiente?



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