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Julio A. López, editor jefe.- Con dos guerras activas —Irán y el cierre de Ormuz, más los ataques a refinerías rusas— el crudo debería estar muy por encima de los US$100. No lo está. La razón, según analistas y datos oficiales, tiene un solo nombre: China. El mayor comprador incremental de petróleo del mundo se retiró silenciosamente del mercado, y esa ausencia es lo único que mantiene contenido el precio global.
El diésel, el termómetro real de la crisis
Mientras el crudo se mueve en torno a US$80, el diésel —combustible que mueve camiones, barcos, trenes y maquinaria agrícola— refleja una escasez mucho más severa. El lunes 17 de agosto, el margen de refinación de diésel en EE. UU. (crack) cerró por encima de los US$100 por barril por primera vez en la historia, con un pico de US$102,20, según el analista Giacomo Prandelli en su newsletter The Merchant’s News.
El diésel minorista ya ronda los US$5 por galón, unos 40% más que hace un año. En Europa, el margen del gasoil de bajo azufre también marcó récords propios, de cerca de US$70. En criollo: hoy un refinador gana más por convertir un barril en diésel que por lo que le cuesta comprarlo.
Esa presión responde a dos frentes bélicos: los ataques ucranianos contra refinerías rusas eliminaron a uno de los principales proveedores de diésel para Europa, mientras que el conflicto en Ormuz traba el flujo de crudo y derivados. Ambos golpean con más fuerza al «medio del barril» —diésel, jet fuel, gasoil— que a la gasolina, lo que amplía el diferencial justo cuando los refinadores intentan reoptimizar su producción.
Por qué el crudo no acompaña esa escalada
Según datos de la Administración de Información Energética de EE. UU. (EIA), las importaciones chinas de crudo cayeron a apenas 8,1 millones de barriles diarios en el segundo trimestre de 2026, un 32% menos que en el trimestre previo, y en mayo y junio se ubicaron por debajo de los 8 millones diarios por primera vez desde 2016. Kpler llegó a registrar en junio un promedio de apenas 6,4 millones de barriles diarios, el nivel más bajo desde octubre de ese mismo año.
Desde que estalló la guerra con Irán a fines de febrero, China redujo sus compras en más de 4 millones de barriles diarios respecto de sus niveles habituales, según estimaciones de Kpler y Vortexa.
China puede darse ese lujo porque pasó años preparándose para este escenario. El país acumula, según estimaciones de la EIA, unos 1.397 millones de barriles en reservas estratégicas y comerciales —más que las reservas combinadas de Estados Unidos, Japón, la OCDE europea, Arabia Saudita, Corea del Sur, Irán, Emiratos Árabes Unidos e India—, equivalentes a unos cuatro meses de cobertura de las importaciones.
Con los precios altos y el riesgo geopolítico disparado, Beijing prefiere apoyarse en ese colchón antes que pagar más por cargamentos frescos: compra menos y consume sus propias reservas.
Una demanda que también se derrumba puertas adentro
No es solo una estrategia de compras: la demanda china también se debilita estructuralmente. Según datos de aduanas citados por The Merchant’s News, la demanda aparente de crudo de China cayó cerca de un 20% interanual en julio, a unos 12 millones de barriles diarios, mientras que el procesamiento en refinerías bajó alrededor de un 16% en el mismo período.
Parte de esa caída responde a la debilidad de la construcción y del sector inmobiliario, y a la creciente electrificación del transporte pesado, que le resta terreno al diésel de forma permanente. Kpler calcula que la demanda china de líquidos aún crecerá unos 360.000 barriles diarios este año, pero ese crecimiento proviene casi en su totalidad de la petroquímica, no del combustible para el transporte.
A nivel global, la AIE proyecta ahora una caída de la demanda mundial de petróleo de entre 1 y 1,5 millones de barriles diarios en 2026, la primera contracción anual desde 2020, con los importadores asiáticos absorbiendo buena parte del ajuste.
La otra cara: las exportaciones de combustible
China también frenó sus exportaciones de combustibles refinados para priorizar el abastecimiento interno desde que empezó la guerra; a comienzos de año esos envíos operaban a apenas una sexta parte de su volumen habitual. En julio hubo un repunte: las exportaciones totales de combustible sumaron 4,65 millones de toneladas, casi un 7% más que en junio, aunque un 13% por debajo de un año atrás. Dentro de ese total, las exportaciones de diésel aumentaron un 88% mensual y las de gasolina, más de 300%, a partir de niveles muy bajos. La cuota de agosto, de 2,7 millones de toneladas, sugiere que Beijing empieza a abrir la puerta a las exportaciones, aunque de a poco.
