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Víctor Julio Flores Rojas.- Hoy en día se afirma que el crecimiento económico de Venezuela será significativo y, personalmente, espero que así sea en beneficio de todos. El último informe de la CEPAL indica que el país liderará el crecimiento en Sudamérica, con un alza superior al 6% en el período 2026-2027, impulsado por la reactivación del sector petrolero, que alimenta el círculo virtuoso del PIB. Sin embargo, para muchos persiste la sombra de la incertidumbre, la principal enemiga de las inversiones.
Se requiere certeza para atraer flujos financieros, sumada a una adecuada gestión del riesgo sistémico y no sistémico en la toma de decisiones. Nadie sabe a ciencia cierta qué ocurrirá con la economía ni con la Bolsa de Valores de Caracas (BVC) en los próximos seis meses.
Como hombre formado en el mercado, he presenciado múltiples ciclos económicos: expansión, auge, recesión, depresión y recuperación. Si hoy me preguntaran si nuestro mercado bursátil es pequeño, respondería con un rotundo sí: el mercado tiene un tamaño actual equivalente al de nuestra economía.
Ahora bien, ante la pregunta sobre las oportunidades del mercado ante estas expectativas de crecimiento, la respuesta exige matices: depende estrictamente del trabajo profesional que realicemos quienes destinamos tiempo y recursos a mantener el mercado bursátil como alternativa de financiamiento e inversión. El trabajo, la investigación y el desarrollo son nuestras mejores herramientas. El verdadero reto es si continuamos preparándonos con rigor; el futuro no espera.
Frecuentemente surge la duda: ¿qué se ha hecho en el mercado de valores venezolano en los últimos años? Un ejemplo concreto se gestó a finales de 2022 en la BVC, mediante mesas de trabajo integradas por representantes de casas de bolsa, especialistas legales y tributarios, directivos de la BVC y de la Caja Venezolana de Valores, y expertos de la Superintendencia Nacional de Valores (Sunaval). Este esfuerzo multidisciplinario impulsó la figura del «Mercado de Otros Bienes» —amparada en el artículo 26 de la Ley de Mercado de Valores—, que agrupa operaciones derivadas de pactos privados no sujetos a oferta pública.
Durante la creación de este segmento surgieron fallas operativas, tanto por inexperiencia como por exceso de celo técnico, pero se logró consolidar un producto adaptado a las necesidades del momento. Posteriormente, en marzo de 2024, la Sunaval emitió los lineamientos para regular los Préstamos Indexados a Valores (PIV). Este instrumento puede alcanzar el mismo éxito si se busca, de manera conjunta, su integración efectiva en la dinámica diaria de la Bolsa de Valores de Caracas.
Existe el prejuicio de considerar la Bolsa como un juego de azar; sin embargo, podría decir que la Bolsa de Valores de Caracas es cualquier cosa menos un juego. Entender el mercado no exige monitorear pantallas todo el día; exige conocimiento y seguimiento de la información corporativa, de los estados financieros, de las cuentas operativas y de los presupuestos de inversión. Una empresa que no genere resultados operativamente viables debe ser analizada y reestructurada por sus administradores.
El mercado no tiene límites; su potencial abarca los ámbitos nacional e internacional. No obstante, el crecimiento real e integral llegará cuando el venezolano común trascienda el ahorro para el consumo diario y pueda destinarlo a la inversión. Si logramos generar confianza mediante el trabajo técnico en el mercado de valores, sumado al respaldo del Ejecutivo Nacional, el mercado se expandirá y, con él, las expectativas de bienestar para toda la sociedad.
El futuro ya no es lo que era antes, pero jamás podrá construirse si nos olvidamos de mirar hacia atrás.
Víctor Julio Flores Rojas, expresidente de la Bolsa de Valores de Caracas, corredor público de valores y asesor de inversiones.
