Información sobre las 916 áreas petroleras de Venezuela (III)

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La hoja de ruta — jerarquización, inversión y sísmica

Julio A. López, editor jefe. — Convertir el potencial geológico de Venezuela en producción requiere una hoja de ruta clara y la información suministrada en los editoriales del sábado 22, domingo 23 y hoy, martes 25 de agosto, traza precisamente ese camino.

En su núcleo está un esquema de jerarquización de proyectos, construido sobre 10 categorías, 35 renglones y 80 variables, interrelacionados mediante un sistema de ponderaciones que combina el análisis multicriterio con la metodología de Saaty para procesos de jerarquía analítica.

El objetivo declarado es alinear cada proyecto con las metas corporativas y las necesidades energéticas de la nación, evitando la dispersión de esfuerzos y recursos.


Ese ordenamiento se traduce en cifras concretas de inversión. Para los prospectos ya jerarquizados, se contemplan inversiones cercanas a 315 millones de dólares, con un cronograma anual de perforación de pozos ya definido.

Para el frente de recursos por descubrir, la inversión estimada asciende a 602 millones de dólares, con un programa que contempla decenas de pozos exploratorios y más de 4.300 kilómetros de nueva infraestructura sísmica.

Un componente estratégico adicional es el nuevo esquema de sísmica multicliente, que contempla 15 levantamientos con buques streamers y seis con cable de fondo en aguas someras, así como la adquisición y el procesamiento de más de 54.000 kilómetros de sísmica 2D y el reprocesamiento de 30.000 kilómetros adicionales de sísmica 2D, junto con más de 4.200 km² de sísmica 3D.

Este esquema, concebido con flexibilidad para adaptarse a las necesidades de la nación, proyecta un ahorro de 90 millones de dólares frente a los modelos tradicionales de adquisición sísmica, liberando recursos que pueden reorientarse hacia la perforación y el desarrollo de campos.

Además, hay un punto que es el eje editorial de las tres entregas: la información compartida demuestra que el reto venezolano no consiste en demostrar que existen hidrocarburos, sino en crear las condiciones económicas, contractuales, técnicas y operacionales para transformar una gigantesca base de recursos en producción comercial.


Nuestro único propósito al compartir la información confidencial que llegó a nuestras manos ha sido poner a disposición de todos los interesados datos de valor que, por su naturaleza, deberían ser de acceso público, oportunos y no discriminatorios.

En una industria donde las decisiones comprometen activos estratégicos, inversiones multimillonarias y obligaciones contractuales de largo plazo, la transparencia, la debida diligencia, la trazabilidad documental y la igualdad de acceso a la información no pueden ser opcionales.

La opacidad, la divulgación selectiva o cualquier asimetría informativa que pudiera otorgar una ventaja indebida a determinados interesados podría, en el futuro, constituir fundamento para impugnar procesos de adjudicación, cuestionar la validez o la exigibilidad de contratos y alegar incumplimientos de los principios de transparencia, libre concurrencia, trato equitativo y debido proceso.

Lo que hoy se haga debe resistir mañana el escrutinio técnico, jurídico y contractual, porque en la industria petrolera, un contrato sólido comienza necesariamente con un proceso transparente, competitivo y verificable.

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