La Primavera Petrolera: $200.000 millones rumbo a Venezuela

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Julio A. López, editor jefe. — La magnitud de los negocios que hoy movilizan a la industria venezolana de hidrocarburos supera incluso las previsiones más optimistas. Grandes petroleras, compañías de servicios, inversionistas y operadores internacionales llegan al país para firmar acuerdos, evaluar activos o simplemente posicionarse ante las oportunidades que abre esta nueva etapa.

Y cuando decimos que están aterrizando en Venezuela, no lo decimos en sentido figurado. El creciente tráfico de aviones privados en los aeropuertos venezolanos se ha convertido en una señal visible de algo mucho más profundo: ejecutivos, técnicos, banqueros e inversionistas regresan a un mercado que durante años permaneció prácticamente fuera del radar del capital internacional.

En The Daily Journal monitoreamos las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, la información relacionada con los hidrocarburos y, en particular, los negocios e inversiones que comienzan a materializarse en Venezuela. El volumen generado en los últimos días es sencillamente extraordinario.

De cada inversión anunciada tomamos nota: el monto comprometido, los plazos de ejecución, los empleos que podría generar y, sobre todo, su eventual impacto en la producción de petróleo y gas. Las cifras, vistas individualmente, ya impresionan. Pero al sumarlas, surge una dimensión mayor: Venezuela está ante uno de los ciclos de inversión más importantes de su historia.

El mercado laboral empieza a reaccionar, aunque todavía está en una fase incipiente. En The Daily Journal iremos publicando esas oportunidades laborales a medida que las recibamos directamente de las empresas contratantes.

Una ola de 200.000 millones de dólares

El dinero no llegará mañana. Tampoco debemos confundir los anuncios de inversión con el capital efectivamente desembolsado. Entre una declaración corporativa, la aprobación de un proyecto, su financiamiento, la contratación y la ejecución media un largo trecho. Esa distinción es esencial para analizar con seriedad lo que está ocurriendo. Pero la dirección del movimiento se vuelve cada vez más nítida.

A sugerencia de una de nuestras lectoras, The Daily Journal publicará una tabla consolidada con las inversiones anunciadas para Venezuela, hasta ahora conocidas. La inversión asociada a esta nueva etapa podría alcanzar los 200.000 millones de dólares en los próximos cinco años. Es una cifra colosal.

Si ese capital llega a materializarse, su impacto trascenderá ampliamente los campos petroleros. Cada dólar invertido en aumentar la producción de un barril adicional requiere, detrás, toda una cadena económica capaz de producirlo, transportarlo y venderlo.

Durante años hemos escuchado a políticos y profesores, con teorías anticuadas o caducas, afirmar que las grandes compañías internacionales no volverían mientras persistieran las incertidumbres políticas en Venezuela. La realidad empresarial demuestra que la ecuación es mucho más compleja. Conviene recordar una máxima elemental: el capital no vota, no milita ni entiende de ideologías; entiende de riesgo y de rendimiento. Cuando esa relación resulta lo suficientemente atractiva y existen condiciones financieras que permitan gestionar el riesgo, el dinero encuentra el camino.

La nueva fiebre del oro negro

El mundo vuelve a mirar hacia Venezuela y no es difícil comprender por qué. Estamos ante un planeta que necesita energía abundante, competitiva, confiable y segura, y en ese tablero Venezuela posee un recurso imposible de ignorar: la mayor concentración de hidrocarburos del planeta. Comienza así una nueva fiebre del oro. Solo que esta vez el oro es negro.

Pero quizás la consecuencia más importante de esta transformación no pueda medirse únicamente en barriles ni en dólares. Millones de venezolanos que durante los últimos años construyeron sus vidas fuera del país observan lo que ocurre y comienzan a hacerse una pregunta que hasta hace poco parecía impensable: ¿será posible regresar a casa? Quienes vuelvan encontrarán un país distinto al que dejaron. Y Venezuela, a su vez, necesitará recuperar buena parte del talento, la experiencia, el conocimiento y el capital humano que perdió durante estos años de crisis.

La Primavera Petrolera apenas comienza. Los contratos llegan antes que los taladros; los anuncios, antes que los barriles; y las inversiones comprometidas, antes que el dinero efectivamente desembolsado.

20.000 millones de dólares no constituyen todavía una realidad: representan una posibilidad. Convertir esa posibilidad en inversión efectiva, producción, empleo, salarios, infraestructura y bienestar para todos será el verdadero desafío.

Si Venezuela lo consigue, no estaremos simplemente ante la recuperación de su industria petrolera. Estamos ante el inicio de una transformación económica que cambiará el país.

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