Editorial | 3 millones y «medio palo»

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Julio A. López, editor jefe.— Recibimos numerosas felicitaciones por distintas vías tras alcanzar las tres millones de visualizaciones en LinkedIn. Todas nos llenaron de orgullo, pero la verdadera prueba de fuego llegó en un mensaje de nuestro viejo amigo Miguel Rodríguez, exministro de Cordiplan, expresidente del BCV y padre del viraje económico implementado en Venezuela en los años 90.

Miguel goza de amplio reconocimiento como el mejor economista del país, pero también posee otra cualidad difícil de ignorar: defiende sus ideas con una efusividad extraordinaria y, como decimos en mi pueblo, no tiene pelos en la lengua. Ni uno solo.

Por eso, cuando su mensaje apareció en mi WhatsApp, apenas unos minutos después de anunciar que habíamos alcanzado la meta, confieso que dudé en abrirlo. Miguel suele escribirnos cuando publicamos algo interesante, pero también ejerce gratuitamente como nuestro más ferviente crítico. Es tan inteligente como mordaz y tiene la admirable capacidad de convertir una felicitación en una auditoría, una observación en una sentencia y una frase de cinco palabras en material suficiente para una semana de reflexión.

Finalmente, mi curiosidad pudo más que mi cobardía. Abrí el mensaje con la misma precaución con la que cualquiera abriría un sobre bomba: lentamente, sin movimientos bruscos y preparado para lo peor.

Pero ocurrió lo inesperado.


Le había gustado nuestro editorial.

En el lenguaje coloquial venezolano, la expresión «medio palo» puede utilizarse como exclamación de reconocimiento ante un logro importante. Más que destacar una cantidad específica, transmite éxito, magnitud y admiración por algo que merece celebrarse.

Decir «¡medio palo!» equivale, dependiendo del contexto, a expresiones como «¡tremendo logro!», «¡qué éxito!», «¡Eso es grande!» o «¡Nada mal!» Tiene, además, ese tono informal, espontáneo y particularmente venezolano que permite felicitar sin recurrir a fórmulas solemnes.

Por eso, cuando alguien responde «¡medio palo!» ante una buena noticia, no necesariamente está haciendo una cuenta: está reconociendo, a su manera, que lo conseguido tiene peso, importancia y merece celebración.

Nuestra alegría fue enorme. Si habíamos logrado superar el filtro de Miguel Rodríguez, podíamos asumir que el texto también sería bien recibido por el público en general. Después de todo, tres millones de visualizaciones son importantes, pero obtener su aprobación constituye una certificación de calidad que ni LinkedIn ni Google ni ninguna firma auditora se atreverían a emitir.

Claro, Miguel no podía limitarse a felicitarnos sin dejar constancia de su naturaleza. Su mensaje fue lo que podríamos llamar una felicitación original: medio abrazo y medio palo. Primero reconoció el logro y después, para evitar que el éxito se nos subiera a la cabeza, agregó la dosis correspondiente para mantener nuestras aspiraciones de soberbia a nivel del piso.

Y se lo agradecemos.

Los elogios complacen, pero las críticas inteligentes obligan a pensar. Además, cuando provienen de un amigo de muchos años, uno aprende a identificar el afecto escondido detrás del regaño, aunque a veces haga falta una lupa, un economista y varios días para encontrarlo.

Así nació este editorial: de tres millones de visualizaciones y del medio palo que Miguel Rodríguez nos obsequió para celebrarlas. Una combinación perfecta entre reconocimiento y aterrizaje forzoso.

Gracias a todos nuestros lectores por los tres millones. Y gracias a Miguel por el medio palo.

Ahora vamos por los cuatro millones, aunque esta vez abriremos su mensaje con menos temor, pero con casco y chaleco antibalas.

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