El protagonista ausente

Destacado Opinión

Dr. Juan Barreto | Director de The Daily Journal para Venezuela y América Latina.

Los trabajadores de Venezuela se organizan, retoman la bandera de la recuperación del espacio sindical. Los trabajadores quieren sindicatos libres con elecciones; por ejemplo, desde la Confederación de Trabajadores Petroleros de Venezuela nos llegan comunicados y noticias.

Han tomado la Confederación y exigen elecciones luego de 13 años de suspensión y una sentencia firme del Tribunal Supremo de Justicia que ordena a la comisión electoral de este espacio sindical hacer elecciones. El caso de los trabajadores petroleros no es el único; pasa con todos los sindicatos de Venezuela: fueron confiscados por el partido-Estado-gobierno que hoy lleva a cabo la conducción del aparato de gobierno.

¿Podrían lograr los trabajadores una apertura? Hoy se habla de diálogo, de transición, pero se habla de temas macropolíticos y poco se habla de los problemas de la vida cotidiana, los problemas que tienen que ver con el sustento de la despensa y la nevera, de la clase media y de la gente común; los problemas que tienen que ver con la ausencia de servicios públicos: a cada rato apagones, cortes de luz, cortes de agua, aguas contaminadas por las tuberías de aguas blancas y muchas cosas más.

¿Es posible una agenda que ponga en el centro los problemas de la gente? De eso se trata la conversación que están impulsando distintos movimientos de trabajadores, campesinos, estudiantes y mujeres a lo largo y ancho del país.

Lo han llamado «el diálogo de la gente». Y ese diálogo de la gente significa, en primer lugar, escuchar a los pobladores, a los barrios, a los que hacen posible la producción y levantan el país. No habrá estabilidad económica si no hay un reconocimiento del actor principal de la soberanía, que no es otro que el pueblo.

Nuestra Constitución en su artículo 5 lo dice de manera muy firme y contundente: la soberanía reside en el pueblo. Es desde la soberanía popular desde donde se construye la soberanía nacional. Y el protagonista de cualquier diálogo debe ser la clase obrera, la clase media, los representantes legítimos y naturales de los distintos sectores de la población.

Un gran debate nacional se hace urgente. No es que negamos los debates y los encuentros entre las élites, incluso sus acuerdos; lo que estamos sugiriendo, proponiendo, poniendo sobre la mesa es que el protagonista principal sea el pueblo, y que sus problemas, sus necesidades y sus anhelos sean la base de la refundación del país, de la reconstrucción institucional y del camino a una nueva democracia.

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