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José Ramón Acosta Gómez. – En la tradición liberal, la claridad conceptual es indispensable para distinguir entre errores de juicio y mecanismos de defensa. Dos nociones que suelen confundirse —la ignorancia genuina y la renegación freudiana— ilustran cómo los individuos y las sociedades enfrentan la verdad.
La ignorancia genuina es la ausencia de información. Quien desconoce un hecho no lo niega: simplemente no lo sabe. Es un estado epistémico que puede corregirse mediante la educación, la evidencia y la apertura al aprendizaje. En economía, la ignorancia se traduce en asimetrías de información que distorsionan los mercados, pero cuya solución es accesible: transparencia, datos confiables y competencia.
La renegación freudiana (Verleugnung) en cambio, es un mecanismo de defensa. El sujeto conoce el contenido, lo tiene presente, pero lo rechaza verbalmente o racionaliza su inexistencia. Niega lo intolerable mientras lo reproduce en síntomas, lapsus o conductas. En la esfera económica, la renegación se observa cuando los gobiernos insisten en negar la inflación mientras los precios suben, o cuando las empresas minimizan riesgos financieros que sus propios indicadores evidencian. No es falta de información, sino el rechazo consciente de una realidad incómoda.
La diferencia es crucial: La ignorancia admite corrección pedagógica; la renegación exige trabajo clínico o político para desmontar defensas. En términos liberales, la primera se combate mediante instituciones que difundan el conocimiento; la segunda requiere valentía para aceptar la verdad y reformar estructuras que se benefician de la negación.
Ejemplos cotidianos lo ilustran: quien nunca estudió historia y desconoce el nombre de un presidente vive en ignorancia; quien afirma que “no hay crisis” mientras los datos muestran recesión incurre en renegación. La primera es inocente; la segunda es peligrosa porque bloquea la acción racional.
La lección para la economía liberal es clara: las sociedades prosperan cuando reconocen la realidad, aunque duela. La ignorancia se cura con educación; la renegación, con responsabilidad. Solo así se construyen mercados libres y ciudadanos capaces de enfrentar los hechos sin defensas ilusorias.
José Ramón Acosta Gómez, investigador en riesgo e incertidumbre; profesor en la Escuela de Economía de la Universidad Central de Venezuela; profesor visitante en la Universidad de Buenos Aires. ORCID: 0009-0005-5084-8303. Contacto: jose.acosta@ucv.ve.
