Trump no es el office boy de la oposición

Opinión

Audio: https://clyp.it/d3olrot0

Alejandro J. Sucre.- Un malestar crece en ciertos sectores de la oposición venezolana: la sensación de que Donald Trump les debe algo. Que su cercanía con Washington es una factura política concreta: el pleno reconocimiento de los resultados de 2024 y, con ello, la salida ordenada del chavismo del poder. Como esa factura, emitida sin el consentimiento de Washington, no se va a cobrar en los términos esperados, y como el presidente Trump prefiere negociar con el oficialismo en Caracas antes que entrar en la confrontación tribal entre actores venezolanos, la conclusión de algunos en la oposición es que el presidente estadounidense los traicionó.

Es una lectura cómoda, de oficina, de victimización y, además, profundamente equivocada, porque parte de una premisa que ninguna oposición seria de un país con el potencial de Venezuela debería sostener: que Estados Unidos y el presidente Trump existen para ejecutar la agenda de la oposición de otro país, aunque sea legítima y respaldada por el electorado venezolano.

Que Trump haya liderado la salida de Maduro mediante presión y operaciones que la propia oposición no logró articular en veinticinco años de sanciones ya es un aporte enorme a su causa, al igual que haber negociado la libertad de muchos presos políticos. Que el presidente Trump ahora tenga como objetivo atraer inversiones a Venezuela para impulsar su economía es un aporte inestimable a la reconstrucción de nuestra nación. Que combata la corrupción que la misma oposición no ha podido evitar mediante la OFAC y la auditoría de los fondos provenientes de la actividad petrolera es otro aporte infinito del presidente Trump. Que su administración busque reestructurar la deuda de Venezuela para insertarla en los mercados de capitales es algo con lo que todos deberíamos colaborar y agradecer. Que la oposición sabotee esos esfuerzos, que, en lugar de sumarse con propuestas, no les dé la prioridad debida, que acuse a la administración Trump de trabajar con gobiernos ilegítimos y desaproveche el impulso del presidente Trump para rescatar la economía del país, solo porque no sigue sus peticiones de reordenar la arquitectura política interna del país, es desperdiciar el verdadero aporte que EE. UU. puede hacer. Es un verdadero crimen contra la economía de Venezuela y la de EE. UU., que necesita petróleo.

El papel de la oposición no es el de ser fiscal de la legitimidad, y menos aún mendigarla como carta de negociación. Una oposición debe, por sí misma, ser garantía de legitimidad, no rogarla. Para construir su propia legitimidad, la oposición debe sumarse a la reconstrucción de la economía y, para ello, debe ser un socio constructivo que atraiga capital estadounidense al país. En ninguna sociedad moderna la oposición puede pedir a los inversionistas que esperen por una legitimidad que no depende de sí misma, hacerla valer y, menos aún, desaprovecharla cuando un presidente Trump —con la mayor fuerza financiera del planeta— está enfocado en atraer capital a su nación. 

La oposición debe presentar sus propias propuestas de reestructuración de la deuda y sus propios mecanismos de inclusión y transparencia, para que la inversión que llega hoy beneficie tanto a empresarios venezolanos como a estadounidenses. La oposición debe posicionarse hoy como la impulsora, junto a Trump, de inversiones y, además, cuando llegue a ser gobierno, hará crecer aún más el atractivo del país.

Conviene, además, a la oposición venezolana no perder de vista los límites de lo que Trump puede lograr en el país. Aprendamos del caso de Irán. Trump va a evitar comprometer a soldados estadounidenses e involucrarse en la pugnacidad tribal de la política venezolana.  Su prioridad es traer inversionistas que aumenten la producción petrolera y minera del país, no arbitrar la política doméstica en Caracas.

Venezuela no necesita líderes de oposición que le reclamen filiación a Trump, sino una oposición que hable desde la fortaleza de un país con recursos, que se sume a las razones para invertir hoy en lugar de actuar desde la lógica de la víctima que exige rescate. El capital privado será el motor real de la reconstrucción, y ese capital espera no solo un gobierno que lo respete, sino también una oposición autosostenible.

La pregunta correcta no es qué hará Washington ante nuestra oposición, sino qué hará nuestra oposición para aprovechar esta apertura y el impulso del presidente Trump para nuestra economía. Ya el gobierno y los oficialistas —que siempre fueron antiimperialistas—, en lugar de ver a Trump como Office Boy o enemigo, o de hacerle reclamos y peticiones como la oposición venezolana, están sumándose y colaborando con el esfuerzo del presidente Trump para impulsar la economía venezolana. ¿Se quedará atrás la oposición, de nuevo?

X @alejandrojsucre

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *