Por Julio A. López, editor en jefe.
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Caracas, 4 de septiembre de 2026 — En toda batalla siempre hay un vencedor y un vencido. BARE acaba de dejar ambos en el campo.
GeoPark, ahora bajo el control del Grupo Gilinski, entra en uno de los grandes activos de la Faja Petrolífera del Orinoco: aproximadamente 1.100 pozos, 15.700 millones de barriles de petróleo original en sitio y una producción actual cercana a 11.000 barriles diarios. GeoPark considera que puede llevarla a 85.000-95.000 b/d.
En el otro extremo del campo de batalla quedan Carlos Enrique Abreu Bello y su aspiración de convertir a Cavallino Oil Company, C.A. en una gran petrolera venezolana.
Y quedan las bajas colaterales.
Según información obtenida por The Daily Journal, hasta hoy unos 800 trabajadores continúan en BARE, mientras 15 taladros permanecen en el campo con sus motores todavía calientes y unos 125 balancines siguen subiendo y bajando, extrayendo petróleo. Cavallino cifra en aproximadamente US$100 millones el capital invertido en la operación.
Es una imagen poderosa: mientras el petróleo sigue afluyendo del subsuelo, el control empresarial cambia de manos.
Atrás quedan las ofertas de adquisición que recibió Cavallino, las propuestas de asociación y una negociación en la que Lionheart Holdings planteó un financiamiento por unos US$200 millones. Ahora los abogados de Cavallino preparan otro frente de batalla: Washington.
Pero BARE deja una lección mucho más importante para los petroleros venezolanos.
La protección que durante años algunos empresarios encontraron en Petróleos de Venezuela, en sus conexiones con la cúpula militar, en padrinos políticos o incluso en socios vinculados a medios de comunicación, ya no les garantiza su supervivencia ante la aparición de un adversario con acceso a los grandes mercados de capital.
En esta nueva era Trump, el dinero manda.
Y Carlos Abreu difícilmente podía librar una guerra financiera en condiciones de igualdad contra un coloso como Jaime Gilinski.
Gilinski no llegó con relaciones. Llegó con capital. GeoPark informa que dispone de aproximadamente US$700 millones en liquidez y en fuentes de financiamiento comprometidas o negociadas. Grupo Gilinski entregará el 95% de la sociedad que controla el CPP de BARE a cambio de 42,1 millones de acciones de GeoPark. La operación convertirá al grupo en accionista controlador de la petrolera.
No muy lejos de allí, en otro campo de batalla de la Faja Petrolífera del Orinoco, todavía permanece fresco el cuerpo inerte de Delta Petroleum N.V., la petrolera del fallecido magnate Oswaldo Cisneros, cuya participación del 40% en Petrodelta le fue arrebatada. Sus sucesores mantienen una reclamación por US$2.000 millones.
La agresividad que el negocio petrolero venezolano comienza a mostrar algún día servirá como caso de estudio en las grandes escuelas de negocios. Son batallas por activos por miles de millones de dólares, en las que confluyen el petróleo, el poder, el financiamiento, las takeovers, los litigios y la geopolítica.
Aquí nadie parece dispuesto a tomar prisioneros. Se pelea hasta que alguien queda tendido en el campo de batalla.
La pregunta inevitable es: ¿quién será la próxima baja?
Tal vez el próximo campo de batalla sea Cariña. Vulcan Energy Technology Venezolana, C.A. figura públicamente como operador de ese campo bajo un CPP. Según nuestras fuentes, actualmente produce alrededor de 21.000 barriles diarios, una cifra que no pasa desapercibida para los tiburones que hoy buscan oportunidades de negocios en Venezuela.
Después del impacto inicial llegará un reacomodo natural de fuerzas. La negociación probablemente terminará imponiéndose a los takeovers agresivos. Los operadores pequeños tendrán que comprender que, por sí solos, difícilmente podrán enfrentarse a gigantes financieros.
Porque BARE acaba de dejar una lección brutalmente sencilla: en la nueva batalla de la Primavera petrolera venezolana no basta con controlar las reservas; hay que tener el balance para financiarlas. Los operadores sin escala tendrán tres alternativas: asociarse, recapitalizarse o vender. En la consolidación que comienza, los barriles determinarán el valor de los activos, pero el acceso al capital determinará quién se queda con ellos.
