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Julio A. López, editor jefe.- Ecopetrol activó un dispositivo de emergencia de gran envergadura tras un nuevo atentado contra el oleoducto Caño Limón-Coveñas, la arteria que conecta los campos petroleros del oriente colombiano con el terminal marítimo de Coveñas, en el Caribe. La respuesta, liderada por su filial de transporte Cenit, movilizó a 120 personas, cuatro puntos de control y 108 barreras de contención para frenar el derrame de crudo y contener el daño ambiental en la zona afectada.
El oleoducto, de 770 kilómetros de extensión y considerado uno de los corredores energéticos más sensibles del país, atraviesa regiones donde persiste la actividad de grupos armados ilegales, principalmente estructuras del ELN, que en los últimos años han convertido esta infraestructura en uno de sus objetivos recurrentes. Las autoridades colombianas contabilizaron 17 ataques contra la red petrolera nacional solo durante el año pasado, una cifra que refleja la persistencia de esta amenaza pese a los sucesivos llamados de la petrolera estatal a que cesen los atentados.
Un corredor estratégico bajo presión constante
La relevancia del oleoducto va más allá de lo simbólico: por sus tuberías fluye una parte importante del crudo extraído en los Llanos Orientales antes de llegar a los mercados de exportación. Cada interrupción no solo representa pérdidas económicas para Ecopetrol, sino que también implica el riesgo de derrames que contaminan fuentes hídricas y afectan la vida de las comunidades rurales cercanas a los puntos de ataque.
El episodio se suma a una seguidilla de afectaciones recientes a la infraestructura y la producción petrolera del país, en un contexto ya marcado por un aumento del riesgo operativo y logístico para el sector energético colombiano. Analistas del mercado señalan que la reiteración de estos ataques erosiona la confianza de los inversionistas en la estabilidad de la cadena de transporte de hidrocarburos y genera sobrecostos debido a las constantes labores de reparación y de limpieza ambiental.
Respuesta institucional y llamado a la comunidad
Cenit confirmó la activación de su Plan de Emergencia y Contingencia (PEC) apenas se detectó la pérdida de contención en el ducto, un protocolo que se pone en marcha de inmediato para evaluar los daños y coordinar las labores técnicas de reparación. La compañía, en línea con su respuesta habitual ante este tipo de hechos, pidió a las comunidades cercanas evitar acercarse a la zona afectada mientras culminan los trabajos de atención y restablecimiento del servicio, y solicitó el respaldo de la fuerza pública para asegurar el perímetro.
Ecopetrol y Cenit reiteraron públicamente su rechazo a estos hechos, calificándolos de acciones ilícitas que ponen en riesgo tanto la integridad de las personas como el equilibrio ambiental en las zonas donde se producen. En comunicados previos ante ataques similares, ambas compañías han insistido en que este tipo de acciones «generan graves consecuencias para el ambiente y afectan el desarrollo económico del país», un mensaje que se repite cada vez que la infraestructura petrolera nacional vuelve a ser blanco de la violencia.
Por ahora no se han reportado personas heridas ni fallecidas a raíz de este último atentado, aunque la magnitud del derrame y el tiempo que tomará restablecer la operación normal del oleoducto aún están siendo evaluados por los equipos técnicos desplegados en la zona.
