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Julio A. López, editor jefe.- Mientras Washington celebra que la inflación general se enfría, un indicador clave del mercado energético marca un récord histórico que revela una historia muy distinta: el margen de refinación 3-2-1, que mide la ganancia de convertir crudo en gasolina y diésel, tocó los 59 dólares por barril, el nivel más alto jamás registrado, casi el doble del pico de 30 dólares alcanzado durante el boom refinador de 2004-2008 y seis veces el promedio de las últimas cuatro décadas.
No es demanda, es ausencia de oferta
El diagnóstico de los analistas del sector es claro: el salto no responde a un repunte del consumo, sino a la desaparición física de la capacidad de refinación. Según cifras citadas por la petrolera Marathon, unos 6 millones de barriles diarios de capacidad refinadora mundial —cerca del 6% del total global— permanecen fuera de servicio, y el procesamiento mundial ha caído en unos 7 millones de barriles diarios respecto a los máximos de 2026.
Tres frentes explican esa caída. Primero, Rusia: los ataques con drones ucranianos contra refinerías rusas han hundido el procesamiento a 3,8 millones de barriles diarios en junio, un mínimo de 21 años, con incursiones que ya alcanzan instalaciones a 1.400 kilómetros de la línea del frente, como la reciente contra la refinería de Salavat. Moscú respondió prohibiendo directamente las exportaciones de diésel, un golpe significativo dado que Rusia aportaba cerca de uno de cada nueve barriles de diésel del mundo, lo que explica los márgenes récord de diésel en Europa.
Segundo, China: las importaciones de crudo cayeron 41% interanual hasta 7,12 millones de barriles diarios en junio, el nivel más bajo desde octubre de 2016, mientras el procesamiento bajó a entre 12,5 y 13 millones de barriles diarios frente a una base de 15 millones el año pasado. Pekín no está reduciendo su consumo: está optando por vaciar sus reservas almacenadas en lugar de competir por barriles de reemplazo, encarecidos por el clima bélico, mientras permite a sus refinerías independientes (“teapot”) recortar la producción y endurece las cuotas de exportación de productos refinados.
Tercero, Medio Oriente: las refinerías del golfo Pérsico, clave para el abastecimiento europeo y asiático, han operado por debajo de su capacidad durante los tres meses de incertidumbre en el estrecho de Ormuz. India es el único polo refinador que está cubriendo parte del vacío, con exportaciones de producto que, según Kpler, avanzan hacia 1,4 millones de barriles diarios en julio —un alza del 50% frente a mayo—, aunque sin cubrir ni la mitad de la capacidad perdida.
La Fed que Trump por fin consiguió
En paralelo, la política monetaria estadounidense dio un giro. En mayo, Trump reemplazó a Jerome Powell por Kevin Warsh al frente de la Reserva Federal. En su primera reunión como presidente, el 17 de junio, Warsh mantuvo las tasas sin cambios en el rango de 3,50%-3,75%, eliminó el lenguaje sobre futuros recortes del comunicado y —a diferencia de sus predecesores— se abstuvo de presentar sus propias proyecciones en el “dot plot”. El resultado: nueve de los 18 votantes proyectan una subida de tasas antes de fin de año, y la mediana oficial de inflación esperada (PCE) subió a 3,6% desde el 2,7% de marzo. El mercado da hoy un 70% de probabilidad a que la Fed vuelva a mantener tasas sin cambios en su próxima reunión, el 29 de julio.
El IPC de junio, una foto engañosa
El dato de inflación de junio, publicado el 14 de julio, mostró una caída del índice de energía de 5,7% mensual —la mayor en un solo mes desde 2020— y una inflación general de 3,5% interanual, por debajo del 4,2% de mayo. La gasolina promedio nacional en EE.UU. bajó a 3,86 dólares por galón, 71 centavos menos que el pico de mayo. El margen de refinación se mantuvo en 59 dólares y la gasolina de junio seguía un 26,7% más cara que un año atrás: son los refinadores, no los automovilistas, quienes están capturando la diferencia entre el crudo más barato y el producto refinado, todavía escaso.
Sin señales de que la Casa Blanca
Trump ha planteado la próxima fase de su campaña contra Irán en términos explícitos: “vamos a acabar con todas sus centrales eléctricas, vamos a acabar con todos sus puentes”, advirtió esta semana, ampliando por primera vez sus objetivos declarados a la infraestructura civil. Sobre el estrecho de Ormuz, fijó su postura de manera directa: “Está abierto para quien quiera cruzarlo”. No lo estamos abriendo para Irán. Ese es el único país al que se lo cerramos.” Mientras Irán mantiene su cierre parcial y persisten las restricciones a los flujos de productos iraquíes e iraníes, el mercado sigue leyendo la misma ecuación: escasez de refinación sostenida, márgenes que no ceden y una Reserva Federal que no tiene margen para maniobrar frente a un problema que no es monetario, sino físico.
